Horóscopo

 Compadezco a todos aquellos (y por supuesto, a aquellas) que empiezan cada día sin conocer su horóscopo. Los compadezco de verdad, pues debe ser algo estresante no saber lo que te pueda deparar el día.  En casi todos los periódicos, -ya no digamos revistas que se precien- suele aparecer una página dedicada a diversos pasatiempos y en donde el horóscopo es figura destacada.
A mitad de mi paseo diario, y como quiera que mi Talón de Aquiles – soy de letras- me molestase un poco más de lo normal, pues llevo ya cinco meses esperando que se me rompa del todo, decidí suspenderlo y acordé que en cuanto llegase a un bar o cafetería leería con atención lo que me tiene programado mi signo zodiacal. Craso error no haberlo hecho antes y llevar ya demasiado tiempo sin dedicarle la atención debida, pensé para mis adentros, todo convencido y un poco angustiado. Con las cosas serias ya digo que no soy muy dado a bromear. Así pues, sentado confortablemente en una mesa del bar, haciendo acopio de varios periódicos, entre oliva que va y traguito de vermut que la endulza, vine a quedar perplejo de lo que estaba leyendo. Siempre creí que los horóscopos eran como el parte meteorológico, es decir, era siempre el mismo para todos y todas. Pero no. Hete aquí que en los cuatro periódicos mi signo era totalmente distinto, pero muy distinto. Y supongo, que no es mucho suponer, que todos los demás signos también serían idénticos al mío. Hagan ustedes mismos la prueba. A eso reto mi incredulidad.
Pese a todas las paparruchadas escritas, solo me quedé, -y algo preocupado aún sigo- con el anuncio de un periódico que considero muy fiable desde siempre- de que en próximos días una considerable cantidad de dinero me estaba persiguiendo. E intranquilo sigo, pero eso sí, sin leer más los horóscopos.