Un viaje con muchas paradas
Celta
El portero Néstor Díaz disfruta de la experiencia en Primera con el Celta, su quinto club en las seis últimas temporadas
Néstor Díaz (Sabadell, 1992) conoce la cara más amarga del fútbol. "He tenido más malas etapas que buenas", admite. Dejó su casa siendo un adolescente para pelear por un sueño que le ha llevado a defender las porterías de Almería, Ponferradina, Sevilla, Espanyol y, desde el pasado mes de enero, Celta. Ha sentido el dolor de las lesiones y la frialdad del banquillo, pero hoy disfruta de una experiencia única. "Ha merecido la pena pasar todo lo que he pasado para llegar aquí", asegura convencido. Debutó en Primera División contra el Levante, en el partido inaugural del presente campeonato, y desde entonces ha ejercido de suplente de Sergio por la lesión de Rubén Blanco. Sabe que su sitio está en el Celta B, que volverá al filial cuando el de meta de Mos se recupere, pero mientras tanto disfruta del presente con una sonrisa y afronta el futuro con ilusión.
"Intento exprimir cada momento para aprender todo lo que pueda de Sergio, de Carlos (Kisluk) –el entrenador de porteros–, del míster y de todos los compañeros. Y sobre todo quiero disfrutar de la experiencia. Al final, poder viajar con ellos y entrenar con ellos es una experiencia muy bonita. Todo es muy diferente, cómo se viven los partidos, las concentraciones. Además, se están dando los resultados, seguimos invictos, y eso ayuda a disfrutarlo más todavía", asegura Néstor, que dio sus primeros pasos en el mundo del fútbol en el Mercantil de su Sabadell natal cuando tenía sólo 6 años. Empezó como jugador de campo, ejerciendo de mediocentro o de delantero, y después quiso probar como portero. Desechó el "antojo" de la portería, volvió tiempo después a jugar entre palos y quiso dejarlo una vez más. "No, no; ya te quedas de portero", le dijeron sus padres. Y así fue. "Me quedé y le cogí el gusto", explica.
Néstor jugó en el Mercantil hasta que tenía 13 años. Entonces se trasladó junto a su familia a Rubí y pasó a jugar en el equipo de dicha localidad. Dos años después, el tren del fútbol pasó por su puerta y se subió a él sin dudarlo. "El Almería me llamó para hacer una prueba y me quedé. Fue una decisión complicada. Era muy joven, me iba muy lejos de mi familia y a una residencia. Pero estaba esperando la oportunidad de pertenecer a la cantera de un club de Primera División y no me lo pensé. Lo tenía claro", afirma ahora.
La vida de Néstor había comenzado a girar en torno al fútbol. "Entré en la dinámica de un club de Primera División y se notó bastante el cambio. Trabajaban de forma muy profesional y me gustó bastante", dice. Acabó su etapa como juvenil en el Almería en la campaña 2010/2011. Fue el punto de partida del tren que le ha llevado a militar en cinco clubes diferentes en las últimas seis temporadas. Cambió el Almería por la Ponferradina en su primer año como sénior –"estuve en el filial, acabé en el primer equipo y ascendimos a Segunda División, fue un buen año"–, después militó dos campañas en el Sevilla C y media temporada en el Espanyol B antes de recalar en Vigo en el pasado mercado de invierno. "Al principio es complicado cambiar tanto, porque una vez que estás adaptado a un sitio y tienes amigos allí, te tienes que ir a otro en el que no conoces a nadie. Pero ahora lo llevo bastante bien. Me gustar estar moviéndome, aunque también quiero una estabilidad, y ayuda a madurar y a crecer como persona y como futbolista", dice.
En el Celta se topó con mucha competencia –Sergio y Rubén en el primer equipo, Óscar Santiago e Iván Villar en el filial–, pero ha obtenido los frutos de su trabajo. "Llegué al Celta B con el objetivo de dar lo máximo de mí y poder acabar jugando. Al final se dio y salió todo bien. Sabía que iba a ser complicado, pero con el trabajo todo llega y así fue. Después tuve la suerte de hacer la pretemporada con el primer equipo, acompañar a Rubén a la primera convocatoria por la sanción de Sergio y al final también tuve que jugar. Estoy contento de vivir esta bonita experiencia con el primer equipo", relata el portero catalán, que debutó en Primera ante la mirada de varios familiares: "Fue muy bonito. En el momento no te paras a pensar en ello. Estás metido en el partido e intentas mentalizarte de que lo vas a hacer bien, de que no pasa nada. Pero luego, cuando acaba el partido, te das cuenta de lo que has hecho. Te llegan los mensajes, las felicitaciones, y te da el subidón. Además, tuve la suerte de que mi padre, mis tíos y mis primos estuvieron viéndome allí en el partido y salió todo bien". El sueño de Néstor se ha hecho realidad, pero tiene un largo camino por delante, muchas paradas que realizar, empezando por el Celta B. "Estoy preparado para bajar y dar lo máximo", asegura.n
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