CELTA

Balaídos, preparado contra los malos humos

El estadio vigués dispone de un plan de autoprotección actualizado hace un año en el que se prevé que el tiempo de evacuación no superaría los nueve minutos

El estadio de Balaídos cuenta con un plan de autoprotección en el que se prescribe cómo actuar ante las emergencias.
El estadio de Balaídos cuenta con un plan de autoprotección en el que se prescribe cómo actuar ante las emergencias.
Balaídos, preparado contra los malos humos

Lo sucedido el pasado sábado en El Madrigal, con el lanzamiento de un bote de gas al campo mientras se disputaba el Villarreal-Celta que obligó a evacuar el estadio, ha puesto el foco sobre la seguridad de estos recintos que cada quince días acogen a miles de personas. Balaídos, que tiene la suerte de no haber vivido ningún suceso de este calibre, se ajusta a la ley y a su propio protocolo interno de seguridad para sentirse seguro y preparado para casos tan extraordinarios como el vivido el sábado.


Las cifras sirven para ilustrar las medidas de seguridad habituales: un mínimo de 200 personas se encargan de que todo esté en orden; 120 cámaras enfocan tanto el exterior como el interior del estadio; y se ha comprobado que la evacuación de un Balaídos completamente lleno no se demoraría más allá de nueve minutos.


Los números son la plasmación de un complejo plan de autoprotección de obligatoria existencia por la ley del Deporte de 2007 para todo el deporte profesional, desarrollada después en el Real Decreto 2013/2010 del 26 de febrero. En él deben plasmarse aspectos como la evaluación de riesgos, los medios necesarios para garantizar la seguridad y la forma de actuar en caso de emergencia. La ley obliga a renovar dicho plan cada tres años y la última revisión del de Balaídos data de enero de 2013, cuando se adecuó a las últimas reformas realizadas en el recinto, como la supresión del foso.
El primer defecto en la seguridad de El Madrigal el pasado sábado fue dejar introducir en el estadio el bote de gas. Las normas en este sentido son rígidas y, aunque el cacheo de todo el público sería inviable, se especifican elementos que no pueden ser metidos en el estadio como bebidas alcohólicas, drogas, envases rígidos o de cristal de más de 500 mililitros de capacidad, tapones de ciertos envases, bengalas, palos de banderas... Y, por supuesto, cualquier tipo de arma, categoría en la que podría entrar el bote del pasado sábado.
En Balaídos existen controles en cada una de las puertas a cargo de parte de esas 200 personas –el número varía según el partido  y el número de espectadores previstos– que colaboran en la seguridad, entre el personal del club, las fuerzas de seguridad –policías nacional y local– y Protección Civil. En algunos casos, ciertos objetos que no se pueden introducir –botes de excesiva capacidad, por ejemplo– quedan en consigna hasta final del choque.


En cada partido, la policía dispone de un coordinador de seguridad que sería el encargado, llegado el caso, de dar la orden de evacuación del estadio, disponiendo de un mecanismo para monopolizar la megafonía del recinto. Éste recibe toda la información que ofrecen las 120 cámaras instaladas en Balaídos –en el exterior y en distintos lugares del interior, como gradas, vomitorios, zonas comunes y puertas– en la Unidad de Control Operativa (UCO), que los clubes están obligados por ley a instalar en los estadios.


Llegado el caso de una evacuación, los responsables de seguridad que trabajan en Balaídos tienen calculado que el estadio tarda en vaciarse no más de nueve minutos, teniendo en cuenta que son datos calculados en días sin urgencia alguna por evacuar y con las gradas llenas. Por lo tanto, dicho tiempo se reduciría en situación de emergencia –en años de competición europea, se fijó el máximo en poco más de seis minutos–, contando además, desde la eliminación del foso, con la posibilidad de salida hacia el propio césped y, desde allí, hacia el exterior por el portalón de la zona del puesto de bomberos.


Sea como sea, los responsables de seguridad ponen el acento en la prevención a través de la educación de los aficionados. Y no sólo por el bien de los clubes, que evitarían las sanciones federativas y de la delegación del gobierno, sino por ellos mismos, ya que ciertas actitudes también son castigadas con multas o con la prohibición de entrada en el estadio. En la presente temporada, tal circunstancia todavía no se ha producido en Balaídos, pero sí en cursos anteriores.