Vuelve el recuerdo de aquella broma mía con Chano Piñeiro
Episodios vigueses
Parece mentira que hayan pasado ya tantos años desde que Chano Piñeiro nos dejara los 41 años, pero su obra sigue teniendo plena vigencia
En estos días que anda uno removiendo los archivos para ver de componer un libro de memorias, cuyo original debo entregar en septiembre, le salen al paso a uno viejos recuerdo que, aparte de encender la nostalgia evocan gracias momentos vividos con personajes que ya no nos acompañan. Vuelven a posarse mis ojos sobre la dedicatoria de un libro de Chano Piñeiro donde el genial cineasta escribe.: “A Fernando Ramos, actor de carácter, pendiente de su oportunidad”. Y sin duda me la hubiera dado de no haberse ido tan pronto. Porque mucho bromeábamos sobre esto. Yo le contara mi experiencia como actor juvenil, y que llegué a actuar en 1966 en los Festivales de España en Castrelos.
Parece mentira que hayan pasado ya tantos años desde que Chano Piñeiro, propiamente Luciano Manuel Piñeiro Martínez, nos dejara los 41 años, el 21 de marzo de 1995, pero su obra sigue teniendo plena vigencia y estos días, en que tanto se habla de cine, uno se pregunta cuánto hubiera aportado el séptimo arte dada su trayectoria. En Vigo se lo recuerda especialmente, pero de vez en cuando debería volverse sobre su obra. Tuve la suerte de tener muchas conversaciones con él, sobre todo, sobre las posibilidades cinematográficas de la historia de Galicia. En ese sentido, bromeábamos sobre la posibilidad de incorporar, como se hicieran en Cataluña, en otros casos, a miembros de la vida cultural, social y política como personajes de esa gran epopeya, y de ahí su broma conmigo. En ese sentido apuntaba que José Manuel Beiras o el mismo Manolo Soto serían dos excelentes candidatos a aparecer en pantalla, ya fuera brevemente.
Lo mismo que ocurre en las series de “Torrente”, pero con más seriedad, Chano pensaba que, en alguna de sus películas, sobre todo, de sesgo histórico, podría set interés incorporar en algún “cameo”. Es decir, una aparición breve en un filme de una persona conocida o famosa en su ámbito, sin papel relevante, en una secuencia cualquiera. Chano tenía lo que se llama un muy serio sentido del humor, y pese a su demacrado aspecto nunca perdiera la sonrisa, el humor, la retranca y la perspectiva de nuevos proyectos. No sé si esos apuntes los conserva su familia ni si habrá nadie capaz de llevarlos a la práctica. Desde aquella “Sempre Xonxa”, primer largometraje totalmente en gallego y rodado íntegramente en Galicia, excepto algunas escenas hechas en Las Médulas (León), sigue siendo una película renovadora, fresca, actual, impresionante.
Es interesante y mantiene viva su obra en su cortometraje “Mamasunción”, por ser una conmovedora historia de una anciana que espera pacientemente la carta de su hijo emigrado, considerada un símbolo del cine costumbrista en Galicia, como lo prueban los diversos reconocimientos que recibió a todos los niveles y su plena vigencia. Pero aparte del modo en que manejaba la cámara, no era menor su destreza con la pluma. Breve colaborador de prensa, esos escritos conservan su vigor inicial y responden a su evocador título, recogidos más tarde en un libro titulado ``Conversas co vento''. Soportó con paciencia y humor una grave enfermedad digestiva, que se agravó en los últimos años de su vida.
Era Chano, como lo describiera Angel Vence, en todos los sentidos, como un personaje de Cunqueiro. Es, en ese plano, de los personajes que conservan íntegramente su vigencia como persona que se sobrepone a su propia obra. Para mí, sigue siendo una ocasión frustrada, pero no lamentada, que aquella broma suya conmigo, expresada en la dedicatoria de su libro nunca pudiera haberse llevado a cabo. O sea, que perdí aquella oportunidad. ¿Quén sabe lo que hubiera dado de sí?
Cuando Chano se fue discretamente, aquel hombre de cine, hasta había previsto que la última escena de su vida fuera intima, familiar, como un pasaje sin primeros planos y sin más. Pero a los que quedamos aquí nos queda el recuerdo permanente no sólo de seguir disfrutando de su cine, de sus escritos, sino de esos recuerdos, de esas conversaciones cotidianas ante un café o una tapa. Yo le sigo agradeciendo, dada la autoridad de su dictamen, que me considerada un “actor de carácter, pendiente de su oportunidad”.
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