“Vivir en Toralla es un lujo con vistas a Vigo y la Ría"
EL VIGO MÁS DESCONOCIDO
Los residentes en la isla frente a O Vao han mantenido enormes disputas por conservar su "status quo", a veces con éxito
Vivir en Toralla es otra cosa: por un lado es menos que una isla, por el cordón umbilical permanente con la costa y O Vao, y por otro, mucho más que Cíes, al tratarse de una zona de acceso restringido a los vecinos. De hecho, la mayoría de los vigueses han estado alguna vez en las Cíes, pero muy pocos han podido entrar en Toralla más allá de las playas, que como todas las de España, son públicas y de libre acceso, argumento que valió para "liberar" el puente en tiempos del concejal "Leri".
No obstante, la "conquista" se quedó ahí. No se ha construido el prometido paseo peatonal por el perímetro, y buena parte de las visitas se reducen al centro universitario allí construido. En Toralla hay ahora mismo, en datos de 1 de diciembre pasado, un total de 141 personas censadas, la mayoría de ellas con dirección en la torre, que es el segundo edificio más alto de Vigo, tras el Xeral, con el que prácticamente está empatado en altura. Hay ilustres vecinos, pero todos ellos -sobre todo los que viven en los chalés- son muy celosos de su intimidad hasta el punto de que no permiten dar su nombre. James Skinner, cónsul del Reino Unido en Galicia hace dos décadas, fue uno de los residentes en la isla, e incluso llegó a convertirse en vicepresidente de la asociación de vecinos de Toralla, así que conoce muy bien lo que se cuece. Recuerda que cuando "Leri" comenzó su campaña para recuperar el acceso a las playas fue una lucha brutal aunque asegura que no quedaron resquemores. “Leri era un personaje muy querido por los vigueses porque era muy vigués y se metía con A Coruña y todo eso. El lado oscuro es que era un guarro con sus campos de futbol", asegura. Cuenta Skinner que durante años su 'vestuario' para asearse los que jugaban en los campeonatos de playa desembocaba directamente a la Ría. "Ahora bien, cuando falleció y por fin acabaron con la mayoría de campos incluido el vestuario había conseguido algo muy importante para Coruxo. Nunca se permitió la construcción de edificios y hoy la playa del Vao es la mejor de Vigo. Eso es el mejor legado que nos ha dejado Leri", señala.
Se abrió el puente y se podía acceder - a pie- a las playas. Se cambio la garita del portero a la entrada de la isla. ¿Que paso? "Al principio, llegaban coche tras coche de personas ajenas a la isla. Resultado: atascos. Al no poder entrar, tenían que maniobrar delante de la entrada, pero el mantenimiento del puente seguía a costas de la comunidad, no el Ayuntamiento", cuenta Skinner, quien recuerda que lo más grave para los intereses de la comunidad de propietarios fue más tarde, cuando llego una cambio en el plan de urbanismo 'alterando' las zonas verdes y las urbanizables. "Y uno de los cambios fue declarar parte del 'ala' sur como zona verde. ¿Que significaba esto? Que no se podía hacer cambios na mantenimiento a los pisos de esta ala", cuenta James Skinner, quien contraatacó. "Le dije a la junta directiva que esto iba en contra de los derechos humanos de la Unión Europea y que personalmente pondría una queja directamente y personal. El cambio del plan no se llevo a cabo y a mí me hicieron vice-presidente de la junta directiva".
"Vivir en la isla es desde luego un lujo. No lo niego. Por las tardes, en nuestra terraza al aire libre era un gozada. Vigo al fondo, y ver el atardecer y los miles de pájaros pequeños que llegaban para dormir. También teníamos llave para ir hasta arriba de la torre y las vista de la Ría eran realmente impresionantes", recuerda el también excónsul británico en Galicia.
La hasta ahora última batalla de los isleños de Toralla fue con los perros, cuando la entonces concejala Chus Lago decidió destinar la playa a los canes. "Un buen día llego Chus y abrió la playa a los perros en pleno verano. Fue como darle un palo a un nido de avispas. La junta directiva contactó con de Costas del Estado, aunque yo les dije que estaban equivocados porque 'el uso' de las playas de España estaban en manos de la Alcaldía. No me hicieron caso", cuenta James Skinner. Con todo, el final de este episodio fue más sencillo: poco a poco los dueños de los animales se dieron cuenta de que la playa no servia porque había que cruzar andando "y era una lata". "Había sugerido hablar con el alcalde con una alternativa de playa mucho mejor al final de Samil", añade Skinner, quien finalmente dejó el piso, que vendieron hace unos pocos años no sin pena, "porque al ser mayores pensamos que hacer el traslado era pesado. Ahora vamos a la playa de Samil y punto".
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