Vitrasa cuesta 20.000 euros al mes a la UVigo
El convenio para fletar lanzaderas al campus tiene treinta años
Uno de los problemas históricos del campus de Vigo es la movilidad. Al estar ubicado en la ladera de uno de los montes que rodean la ciudad, prácticamente en el límite con Mos, llegar a las facultades y escuelas universitarias desde el centro siempre fue un reto. Por esa misma razón, poco después de que Vitrasa se hiciese con la última concesión del transporte público de la ciudad, la UVigo, bajo el mando del rector José Antonio Rodríguez Vázquez suscribió un convenio en 1996 con la empresa para garantizar el servicio de autobús urbano hacia el campus. Sin embargo, 30 años después y con una nueva concesión en el horizonte, ese convenio apenas ha mutado pese a que la ciudad sí que ha sufrido una importante transformación. Un convenio que, anualmente, le cuesta a la universidad más de 210.000 euros (según las cuentas de 2025), esto es, más de 20.000 euros al mes ya que los meses de julio y agosto no está vigente.
Hacia el campus se fletan cada día dos lanzaderas ‘ad hoc’ que tienen como puntos de salida y llegada Plaza América (U1) y Plaza de España (U2) y una frecuencia de media hora en las horas de mayor afluencia. Este servicio se complementa con dos de las líneas más largas y con las frecuencias más extensas de la ciudad: el 15C (une el campus con Navia hasta Samil y pasa cada 68 minutos) y el A (une el campus con el aeropuerto pasando por el centro de la ciudad y su frecuencia es de más de 70 minutos).
La antigua línea 8, antes de reconvertirse en la A, daba un servicio mayor al campus con Arenal como punto de partida, una zona a la que ahora no llega ninguna de las líneas que suben a Lagoas-Marcosende. También era la única forma de subir al campus en autobús para alumnos de parroquias como Beade o Castrelos, por donde también pasa la línea A, pero como desde la última reconversión de líneas, tras la pandemia, no opera en formato ‘oruga’, en ocasiones llega repleto de estudiantes a estos dos barrios y el autocar no puede recoger a nadie en las paradas. Además, la antigua línea 8 tenía una frecuencia más normal, de 60 minutos.
Es importante recalcar que, en los fines de semana, la línea A –único nexo del campus con zonas como As Travesas– tiene frecuencias de hasta más de dos horas, lo cual hace imposible moverse a los estudiantes de la residencia.
Los programas de los tres candidatos a rector de la UVigo –las elecciones serán este miércoles– recogen mejoras en la movilidad para acercar todavía más el campus a la ciudad, mencionando incluso la renegociación del convenio con Vitrasa. También hacen un especial énfasis en la movilidad sostenible, aludiendo a hablar con la próxima concesionaria para permitir que los estudiantes puedan llevar patinetes o bicicletas plegados dentro de los autocares y así se puedan mover con más facilidad dentro del campus, donde la orografía hace difícil la movilidad interna.
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