Virginia Mielgo: “Entras en Gaza y parece que estás viendo a través de la pantalla de un videojuego distópico”
Cooperante viguesa de Médicos Sin Fronteras
La viguesa Virginia Mielgo es cooperante y especialista en saneamiento, agua e higiene de Médicos Sin Fronteras desde 2018. Ha trabajado en varios países de África, como la República Democrática del Congo, Nigeria, Camerún, Etiopía o Chad. Acaba de regresar de Gaza tras realizar labores humanitarias en la Franja durante el alto al fuego.
¿Cómo acaba una viguesa trabajando para Médicos Sin Fronteras en África?
Yo soy ambientóloga, estudié ciencias del medio ambiente. No me interesó nunca el mundo empresarial y a través de una amiga conocí que existía un aspecto más técnico que es el de aguas, saneamiento e higiene. Y así entré en Médicos Sin Fronteras. Acabé pasando por multitud de países donde existen diversas dificultades relacionadas con las epidemias, las infecciones contagiosas, los desastres naturales o las posguerras. Eso incide en una necesidad de movilizar recursos para que haya agua disponible, sobre todo en hospitales. Ese es mi labor.
¿Cuál fue el lugar que más le impactó y por qué?
África es muy diversa. Te impactan mucho los lugares que de base están empobrecidos, que no cuenta con un sistema de salud efectivo. Por ejemplo, la zona norte de Nigeria me llamó mucho la atención. Está controlada por los Boko Haram y hay una diferencia tremenda con la capital. En esa zona, las trincheras que existen obliga a desplazar a la población y los hacina. Además, está el calor insoportable.
¿Se acostumbra a ello?
Nunca. Se dice que tenemos un perfil como los médicos, que tenemos que convivir con las injusticias. Así dicho, eso parece insoportable. Pero también encuentras historias humanas de superación. Eso hace que sea más llevadero.
¿Somos conscientes en Europa de las condiciones existentes en África?
Por desgracia hay conflictos en África que si no salen en los medios parece que no existen. Sudán es un ejemplo de ello. Médicos Sin Fronteras está haciendo una labor muy importante para dar voz a esos conflictos. Tal vez exista algo de racismo y nos estamos acostumbrando a ello. Por ejemplo, cuando fueron las acogidas en Italia, se veía cómo se realizaba en función de donde venían. Lo comentábamos mucho, que no puede ser cómo uno sí y otro no solo porque uno era de África y otro de Ucrania. No entiendo la diferencia que puede haber.
Ha regresado hace poco de la Franja de Gaza. ¿Qué sensación le deja aquello?
Lo que se vive allí no tiene precedentes. Ya viene precedido de décadas de inseguridad. Llegué antes del último alto al fuego, pero es que todo estaba destruido. El saneamiento también. Además, en Gaza pasa algo que en Galicia es difícil de entender y es que no hay agua superficial y se tiene que desalar todo, que llega del subsuelo. Cuesta ser consciente de la realidad que existe en esa parte del mundo, no había visto nada tan sobrecogedor. Aterroriza el nivel de destrucción que hay. Entras en Gaza y parece que estás viendo a través de una pantalla de una videojuego distópico. Es tremenda la crueldad con la que se está actuando, fueron directamente a destrozar cultivos y la intensidad en la que está todo arrasado indica que eso estaba estudiado desde hace tiempo. Los que están allí tienen que pensar en su futuro, pero en su cabeza viven historias para no dormir. Y los niños tienen la infancia destrozada. Además, ¿cómo afrontas el futuro si no hay colegios ni infraestructuras?. Nosotros colaboramos con las autoridades palestinas, pero con cautela. Si se rompe el alto al fuego, como acabó sucediendo, todo lo construido se rompe en cinco minutos.
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