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La feria vegana en Vigo, Vegana.gal, se toma un año sábatico. Falta de financiación institucional y una carga de trabajo excesiva para las organizadoras Rebeca Bande, Ana Gontad y Tamara Alonso obligan a que una feria referencia para las personas veganas de toda España tenga que realizar una pausa en su actividad después de cinco años (cuatro en el Ifevi y uno en Madrid). “Tenía la feria que ser rentable. Ser sostenible. Pero los precios de los stands y de contar con el recinto ferial se han elevado y cada vez todo es más caro. Necesitábamos un apoyo estable por parte de las instituciones que no tenemos a día de hoy”, indicó Alonso. Por tanto, y antes de que el proyecto se enterrase, decidieron tomar un año de respiro y ya comenzar a preparar la edición de 2027 con los primeros contactos a entidades públicas y empresas privadas para garantizar una financiación acorde y que el proyecto siga vivo. “Teníamos que darle una vuelta al concepto para que sea sostenible. No han subido las ayudas de forma proporcionada al coste de su organización y no queríamos repercutir esa diferencia en el precio de las entradas”, señaló una de las organizadoras.
Para la anterior edición, la quinta celebrada, la organización quiso incluir una cuarta persona que les ayudase en todas las tareas organizativas. Pero no pudo ser. “No fuimos capaces de generar salarios. Queríamos alguien que nos ayudase porque estábamos sacrificando otros proyectos personales y le dedicábamos una media de 70 horas semanales en las últimas semanas antes del evento”, apuntó. Por tanto, “acabamos muy quemadas este último año. Era un trabajo muy intenso. No queremos que muera un proyecto que tuvo tan buen impacto y que tiene todo el futuro del mundo”.
Para la organización de Vegana.gal, elevar los precios sería reducir la presencia de visitantes, principales valedores de la feria, y crear así una especie de pequeño nicho excluyente a los demás usuarios que no sean veganos. En sus cinco ediciones, apostaron por acercar el veganismo a la sociedad con una feria “vegana para aquellos que no lo son” y, para ellos, debían mantener los precios populares. “Queríamos que fuese una feria para todo el mundo. Sabemos que gente vegana pagaría más dinero por acudir a una fería de estas características, pero no queríamos repercutir esa subida en el usuario”, apuntó Alonso.
“La decisión no es fácil, pero sí necesaria. Nos ha costado mucho decidir esto, pero necesitamos que el trabajo sea sostenible también para quienes impulsamos la feria”, indicó la organizadora. Por tanto, el futuro de la feria se encuentra abierto, "no por falta de sentido, impacto o público, sino porque un proyecto así necesita continuidad anual y un compromiso firme por parte de las instituciones que reconocen su valor. Aunque ahora hacemos una pausa, ya estamos pensando en la edición de 2027”.
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