Vigueses Distinguidos
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Vigo aprobará probablemente en mayo el Plan General de Ordenación Municipal 2025 tras casi diez años de trámites y tendrá un documento puesto al día. Será el séptimo intento de fijar un camino a seguir y dar seguridad jurídica a las promociones por desarrollar. El PGOM 2025 contempla una vigencia de 20 años y su entrada en vigor permitirá jubilar por segunda vez al Plan de 1993. La historia es larga y se remonta a casi un siglo atrás.
Plan 1933. En 1933, en plena II República, el ayuntamiento daba vía libre al llamado Plan Palacios, el más imaginativo y rupturista, cuando Vigo todavía no contaba con Lavadores y se circunscribía su planeamiento al núcleo urbano vigués, con el añadido de Bouzas y las playas. Antonio Palacios planteaba desarrollar en Vigo la “Barcelona del Atlántico”, como él mismo dijo, y eso pasaba por comenzar desde cero con el derribo de prácticamente todos los edificios, incluido el casco antiguo y las dos fortalezas, para trazar grandes avenidas paralelas al mar y perpendiculares, como la Avenida de los Celtas, que incluía dos palacios administrativos: el consistorio y el Palacio Regional, que no sería sino el futuro Parlamento de Galicia. Llegó la Guerra Civil y los tribunales, a instancias de varios grupos de arquitectos que estaban en contra de la demolición total, lograron la anulación. Algunas de sus ideas quedaron, como la unión con Samil y la Estación Marítima. Y una gran maqueta que un día cayó al suelo y se destruyó. Recientemente, la Xunta hizo una reproducción, que ahora se exhibe en la Delegación de Vigo.
Plan 1973. El alcalde Rafael Portanet intentó aprobar un Plan General a finales de los años sesenta, pero se encontró con que sus ideas eran excesivas incluso en una ciudad en plena expansión y a finales del franquismo. El alcalde más autoritario contemplaba una expansión brutal con la idea de que a medio plazo Vigo, que ya había superado los 200.000 habitantes, pudiera llegar a medio millón. Planteaba ya entonces la prolongación de Torrecedeira (ahora en marcha en Barrio do Cura) y de Marqués de Valladares, hoy Rosalía de Castro. Una urbanización total del margen izquierdo de la Gran Vía le costó la cabeza. Su sucesor, Antonio Ramilo, se encontró con el desarrollo del polígono de Coia, que llevaría todavía muchos años, y aprobó el Plan en 1973, con grandes cambios y mucha menor ambición. Estuvo en vigor durante 15 años y valió para desarrollar algunas calles, aunque en su mayoría sin servicios ni zonas verdes, como la Travesía de Vigo.
Plan 1986. El alcalde Manuel Soto, que llevaba en el cargo desde las primeras elecciones municipales, en 1979, se puso como primera misión aprobar un plan de la democracia, que publicitó por toda la ciudad con su proyecto que contemplaba como idea-fuerza “merendar á beira do Lagares”, lo que muchos años después se consiguió, no sin esfuerzos y la construcción de dos depuradoras de aguas residuales. Fue fruto de un acuerdo entre el PSOE y el PP, con Carlos Mantilla a la cabeza, avalado por a Xunta que presidía Fernández Albor, del PP. Logró el rápido aval del conselleiro Suárez Vence. Pero su vigencia fue efímera, al coincidir con la moción de censura de 1987 que desalojaría a Albor para dar paso a un tripartito encabezado por el PSOE.
Plan 1989. Con Fernando Gónzalez Laxe de presidente de la Xunta, Soto decidió hacer otro Plan, más ambicioso que el anterior, aprovechando su posición política en la Corporación y que el Gobierno gallego estaba presidido por un socialista. En 1988 se pone en marcha el nuevo Plan y en tiempo récord logra el visto bueno de la Corporación y de la Xunta, pero su vigencia fue prácticamente nula. Su idea era una ciudad en expansión.
Plan 1993. Con Manuel Fraga al frente de la Xunta, en 1990, su todopoderoso conselleiro José Cuiña decidió suspender el Plan de 1993 al considerar que no se adaptaba a las normas aprobadas por el Gobierno gallego. En 1991, el alcalde Carlos Príncipe se puso de acuerdo con Cuiña y en dos años logró aprobar una adaptación del Plan de 1989 que en realidad era otro Plan General, con propuestas radicales para agilizar bolsas de vivienda que en general tuvieron buen resultado. El Plan 1993 se aprobó por unanimidad de la Corporación integrada por PSOE, BNG, PP y Esquerda Galega. Hubo un impulso a la vivenda social por parte del Concello. Su vigencia era de 15 años, hasta 2008, pero su duración ha sido el doble: un auténtico superviviente. Fue muy atacado en el Tribunal Supremo por docenas de recursos, pero logró resistir. Fue derogado en 2008 y de nuevo volvió a la vida en 2015 tras la anulación del Plan 2008 en el Supremo. Como superó de lejos su máxima “vida” sufrió numerosas modificaciones puntuales. El Plan de 1993 tenía notables virtudes: ya contemplaba el polígono residencial de Navia y el Parque Tecnológico, que se pudieron desarrollar en los años noventa. Tambén incluía al desarrollo del margen izquierdo de Gran Vía con un plan parcial específico, así como el Parque Ofimático e “islas” como A Seara. En su “debe”, un exceso de discrecionalidad anotado por los tribunales.
Plan 2008. Con Lois Castrillo alcalde, entre 1999 y 2003, se planteó otro Plan General porque el Plan de 1993 había sido atacado de forma reiterada en los tribunales y además ya estaba cerca de su fecha de caducidad. La aprobación del Plan, ya con Pérez Mariño alcalde, provocó el descalabro de la coalición con el PSOE y la llegada del PP al poder municipal. Corina Porro pactó con el BNG continuar adelante con el Plan, que se aprobó por la Corporación, pero fue rechazado por el PSOE, que lo vetó desde la Xunta. Ese PGOM non nato era expansivo: contemplaba 400.000 habitantes para Vigo y 100.000 nuevas viviendas como horizonte y meta. Tras la salida de Porro, el PSOE, ya con el actual alcalde, pactó con el BNG mantener el Plan, aunque con cambios de cierta relevancia. Su aprobación en 2008, esta vez con el “no” del PP, coincidió con la crisis financiera y del “ladrillo”, lo que en la práctica invalidó su desarrollo. En 2015 fue tumbado por el Tribunal Supremo por un complejo error en la tramitación ambiental. Estuvo ocho años de trámites y siete en vigor.
Plan 2025. En 2015 se puso en marcha un nuevo Plan General ante la imposibilidad de validar el de 2008. El nuevo PGOM ya logró el visto bueno de todas las administraciones y fue dos veces validado por la Corporación, con el “no” del BNG y la abstención del PP. Entre sus propuestas contempla un máximo de 51.467 viviendas y que Vigo pueda alcanzar 330.000 habitantes en el mejor de los casos. Tiene escaso suelo empresarial y cuenta a favor con que pondrá de nuevo seguridad jurídica. Desde 2008, Vigo mantiene la construcción de viviendas gracias a las normas provisionales aprobadas por la Xunta y pudo realizar obras públicas con la “ley Vigo”, del Gobierno gallego, para proyectos de especial interés, como fue la nueva estación de Urzaiz.
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