Vigo-Lima con Aerolíneas Federales
La formación más emblemática del grupo vigués entusiasmó al público peruano con dos conciertos memorables
Tres peruanos de treinta y tantos años con pocos medios pero sobrado entusiasmo Leonardo Bacteria, Juanchi y Ernesto, asociados en la productora Latigazo consiguieron reunir casi un cuarto de siglo después a la formación más emblemática de Aerolíneas Federales para dar dos conciertos en Lima que ya forman parte de la historia subterránea y roquera de la capital de Perú.
Rosa (voz), Coral (voz), Miguel Costas (guitarra y voz), Silvino (bajo y voz) y Luis Santamarina (batería), con el que escribe esto como empotrado (allí acabé siendo conocido como el sexto aerolíneo), salimos del aeropuerto de Peinador el pasado día 15 y, después de doce interminables horas sobre el Atlántico, llegamos a Lima hacia las nueve de la tarde (cosas de los husos horarios y de las siete horas de diferencia entre los dos países).
Pasamos la primera noche en un hotel del barrio de Barranco, una especie de zona de Churruca multiplicada por mil, donde estaba previsto el primero de los conciertos. Pero el olor a desinfectante resultaba excesivo y al día siguiente, por unanimidad, decidimos buscar otro. Acabamos en el Continental, un establecimiento más céntrico (entre las plazas de Armas y San Martín), muy cerca del bar Zela, donde se celebraría la segunda actuación.
Como hasta el martes no había bolo, dedicamos los primeros días a pasear por la ciudad, visitar bares y conocer a nuestros anfitriones. Desde el principio nos advirtieron de los peligros de Lima: la mayoría de los taxistas carecen de licencia y algunos se dedican a secuestrar y a robar a los extranjeros, así que nos recomendaron no tomar ninguno por nuestra cuenta. Y solamente algunas calles del centro y del barrio de Miraflores (el más europeo de la ciudad) eran recomendables para caminar sin compañía.
Sólo podíamos quedarnos en Lima una semana (casi todos los músicos tienen otro trabajo) y resultaba imposible viajar hasta Cuzco o al Machu Picchu, pero preguntamos a Leo si había algún vestigio precolombino que pudiéramos ver por allí cerca. Respuesta: Para qué quieren ver eso, son sólo ruinas. Si me dan a elegir entre ruinas y bar, elijo bar; ruinas o chica, chica; ruinas o discoteca, discoteca. No volvimos a preguntar.
Latigazo se encargó de proporcionar todos los instrumentos y los equipos para las actuaciones. La guitarra y el bajo pertenecían a Fernando, un tiburón de las finanzas con alma punk que nos recibió el lunes en su casa, en una de las zonas más exclusivas de la ciudad. Apasionado por la música, además de instalar un jacuzzi en la terraza con impresionantes vistas sobre Lima, Fernando ha convertido una de las habitaciones en un estudio insonorizado con todo tipo de instrumentos y el grupo realizó allí un último ensayo que emocionó a su dueño, quien nos contó que, cuando era un chaval, su padre viajó a España y le pidió como regalo que le trajera el disco de Siniestro Total Me pica un güevo, sólo por el placer de imaginar a mi padre diciendo esa frase.
Porque así es como llegó la música española de la década de 1980 a Perú. Si alguien venía a España, se llevaba un montón de discos que luego se distribuían bajo mano en forma de casetes piratas y más tarde, como cedés.
El primer concierto tuvo lugar en La Noche de Barranco, un local de tres plantas, construido en madera de arriba a abajo (nos recordó al viejo Lucky Luke vigués pero a lo grande, como todo allí). Las entradas eran bastante caras para el nivel de vida local: 90 soles (22 euros), que comparados con los 6 soles (1,5 euros) que cuesta un menú de dos platos en un restaurante da una idea del esfuerzo que tuvieron que hacer los fans que abarrotaron el local.
El público, mayoritariamente juvenil, se lanzó literalmente sobre el grupo en cuanto sonaron los primeros acordes de Mi vídeo no tiene mando a distancia. Se sabían todas las canciones de principio a fin y llegaron al éxtasis con Soy una punk y No me beses en los labios. En total, Aerolíneas tocaron 21 temas esa noche con un estilo más áspero que en las grabaciones de los años ochenta pero con una ejecución perfecta en música y voces (Otra vez Leo, con ese acento cantarín: Es increiiiible, suenan como en los diiiiiscos.
Antes, que ellos, salieron al escenario otros dos grupos: Pestaña, dúo electrónico liderado por Bacteria, y Kromosomas X, una banda de punkis jovencitas con las que Miguel Costas cantó el 'Bailaré sobre tu tumba' de Siniestro, primer gran momento de la velada.
Después del concierto, y de miles de fotos con los fans, esa noche salimos con Leo, Juanchi y Tomás, nuestro ángel de la guarda que nos acompañaba incluso hasta el servicio para que no nos pasase nada malo. Acabamos en uno de los antros más inmundos de Lima (no recuerdo el nombre) cantando canciones de los Nikis y de Almodóvar & McNamara.
Por las tardes, después de interminables paseos por la ciudad y vertiginosos viajes en taxi (van como locos), solíamos acabar en el bar Queirolo, en el centro, una especie de Eligio con su mezcla de artistas y bebedores. Allí conocimos el Pisco y sus distintas mezclas. Yo me quedé con el chicano, que se sirve con licor de guinda, azúcar quemado disuelto en agua, hielo y ginger ale. Luis Santamarina prefería el 'psico sour', según su definición. El único que no bebía era Miguel Costas, que hace años que dejó el alcohol para sorpresa mayúscula de sus fans. Sus únicos vicios ahora son el tabaco (no hay prohibición que le impida echar unas caladas en aeropuertos y aviones), las groupies, los helados y la Pepsi-light.
Debido al jet-lag, la banda apenas durmió durante los siete días y hubo tiempo para todo.
También para probar unos cuantos de los cientos de platos que integran la gastronomía peruana, tan rica y variada como la española. Comimos en restaurantes baratos y en otros más chic, como La Rosa Náutica, sobre el océano Pacífico, y conocimos a personajes como Paco Sanseviero, autor de la mayoría de las fotos que ilustran este reportaje y que regenta junto a su madre la librería El Virrey, en Miraflores, un espacio mágico de los que ya no quedan por aquí.
El segundo concierto se celebró el viernes en el bar Zela, en la plaza San Martín, un espacio mucho más pequeño y que en principio iba a ser una fiesta privada en la que el grupo sólo tocaría seis canciones y el público tendría un acceso más directo a los artistas. Pero se habían divertido tanto en el anterior, que los Aerolíneas decidieron interpretar de nuevo todo el repertorio con algunos retoques. Aunque el sonido era algo peor, el efecto fue el mismo: delirio total.
Tras la actuación, nos llevaron a una discoteca, Yacana, situada en el segundo piso de un edificio que, a primera vista, parecía abandonado. De hecho, no había nada más en el resto del inmueble.
Hablamos de política, pero no demasiado. En Perú, el voto es obligatorio y muchos jóvenes optan por anular la papeleta. Nos dio la impresión de que se encuentran en un callejón sin salida al tener que elegir entre Ollanta Humala, del que temen que se convierta en un nuevo Hugo Chavez, y Keiko Fujimori, que saben que se presenta para sacar a su padre, condenado por múltiples asesinatos, de la cárcel.
Allí nos enteramos también de las manifestaciones del movimiento del 15-M (Coral leyó un alegato en favor de los 'indignados' en el primer concierto) y del descenso del Deportivo, que no entristeció a casi nadie.
Aerolíneas Federales aterrizó de nuevo en Vigo el lunes día 23, después de una semana en la que demostraron que pueden seguir creando magia sobre un escenario. De hecho, hoy tienen más tablas que hace 25 años, muy buen rollo entre ellos (no paran de gastarse bromas) y están abiertos a ofrecer algún concierto más en España.
Además, el grupo posee un puñado de canciones que no se editaron en su momento, y que podrían salir a la luz próximamente. Permanezcan a la escucha.
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