Vigo en Inglés cumple 18 años: “Fue abrirse al mundo por primera vez”

Alumnos de la edición inicial recuerdan la beca como una forma de aprender el idioma, pero también como una experiencia vital que supuso su primer contacto con la madurez

Artur Reboiras, Juan Gallego, María Fernández y Yeray Cabaleiro, con el alcalde Abel Caballero.
Artur Reboiras, Juan Gallego, María Fernández y Yeray Cabaleiro, con el alcalde Abel Caballero. | Juancho Everman

El programa Vigo en Inglés de becas de inmersión lingüística del Concello en Reino Unido e Irlanda alcanza este año su mayoría de edad al cumplir 18 ediciones. Lo que en 2008, cuando se celebró la primera, era una iniciativa novedosa, es hoy una experiencia habitual para muchos estudiantes de la ciudad, que esperan cada año la oportunidad de aprender inglés en el extranjero.

Dieciocho años después participaron ya más de 12.000 vigueses. Algunos de aquellos primeros alumnos recuerdan la beca como una forma de aprender el idioma de manera menos académica y más práctica, poniendo en uso lo aprendido en el instituto, pero también como una experiencia vital que supuso su primer contacto con la madurez y con una vida más independiente.

Juan Gallego viajó en 2008 a Gorey, en Irlanda. Recuerda que fue su primera salida de casa con cierta independencia, aunque acompañado por compañeros del instituto y una familia de acogida. Asegura que lo que más le marcó fue convivir con otra realidad educativa y social, además de comprobar que podía relacionarse en otro idioma. “La experiencia fue la primera saliendo de casa, entre comillas, en un entorno nuevo pero un poco independiente”, explica. Si bien se alojan con una familia, explica que “la gracia era desarrollarnos por nosotros mismos”. Destaca que “fue como la primera toma de contacto de la madurez, lo recuerdo como un poco de independencia y abrirme al mundo por primera vez, ver que ese idioma que aprendí me valía para relacionarme”.

También participó en aquella primera edición Artur Reboiras, que estuvo en Norwich, en Reino Unido. Recuerda que el viaje supuso su primera experiencia lejos de casa y desenvolviéndose en otro idioma. “Fueron tres semanas fuera, un poco por primera vez solo, además en otro idioma”, señala. Además, le sorprendió descubrir un sistema educativo diferente, con asignaturas y hábitos distintos a los que conocía en Vigo. En conjunto, resume aquella estancia como “una experiencia muy enriquecedora”.

Un año después, en la edición de 2009, Yeray Cabaleiro viajó a Sheffield. Explica que la beca le dio una sensación de independencia y madurez que trasladó incluso a su vida cotidiana al regresar a casa. “Me aportó autosuficiencia, independencia y desarrollo del idioma”, resume. Señala que algunas de sus mejores amistades surgieron durante ese viaje. “Siento que esta beca es una oportunidad única, un privilegio que me alegra haber podido disfrutar”, concluye.

María Fernández, también en Sheffield, coincide en que fue su primera experiencia viajando sin su familia. Conserva el recuerdo de los nervios previos a la salida y valora especialmente el equilibrio entre la convivencia con estudiantes británicos por las mañanas y las actividades culturales de las tardes.

“Allí te dabas cuenta de que sabías más de lo que creías”

Más allá de las clases, los antiguos alumnos coinciden en que el mayor aprendizaje llegó cuando el inglés dejó de ser una asignatura para convertirse en una herramienta para desarrollarse en el día a día. La convivencia con las familias de acogida, la asistencia a institutos británicos e irlandeses y las situaciones cotidianas les obligaron a perder el miedo a comunicarse.

Juan Gallego recuerda que el viaje le permitió comprobar que los conocimientos adquiridos en el instituto eran mucho más útiles de lo que pensaba. “Allí te dabas cuenta de que sabías más de lo que creías en clase, en tu día a día te podías comunicar”, afirma. Además, destaca que la estancia le permitió conocer desde dentro la vida estudiantil irlandesa y descubrir una realidad muy distinta a la que vivía en Vigo.

Para Artur Reboiras, el principal reto no fue el idioma, sino enfrentarse a un entorno completamente nuevo, la convivencia con una familia inglesa y la inmersión en otro sistema educativo. Recuerda especialmente algunas diferencias en el instituto, desde las asignaturas hasta los hábitos de los estudiantes, que hacían evidente que estaba ante una cultura distinta.

María Fernández asegura que aquella experiencia transformó su forma de entender el inglés. “Dejó de ser una asignatura más para ser un idioma con toda una cultura detrás”, explica. Reconoce que la expresión oral fue el mayor desafío, ya que su aprendizaje en Vigo estaba entonces mucho más orientado a la gramática y la escritura, aunque afirma que el apoyo de sus compañeros facilitó que poco a poco ganase confianza para comunicarse.

En el caso de Yeray Cabaleiro, la beca fue además el punto de partida para participar después en otros programas de inmersión lingüística, entre ellos una estancia en Los Ángeles.

Contenido patrocinado

stats