Vigo se frena: caen exportaciones, venta de coches y tráfico del puerto
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Los empresarios se proponen atraer inversiones y los sindicatos, preocupados porque no se han hecho las reformas
Los grandes indicadores de Vigo muestran síntomas de agotamiento, unos se están frenando y otros caen, como las exportaciones. Aunque se pueda pensar que Reino Unido, Alemania, USA o China estén lejos de Vigo y de las carteras de los vigueses, lo cierto es que la incertidumbre en esos puntos genera ondas que llegan hasta aquí.
Vigo y la provincia de Pontevedra han presumido de sus exportaciones durante décadas y especialmente durante los años de la crisis, cuando fueron un colchón para las empresas que podían vender fuera sus productos ante un mercado interno paralizado. Así, después de tres años de crecimiento constante la exportación de Vigo y la provincia pincha este año y acumula una caída del 9,6% hasta junio, que es el último dato disponible en el Ministerio de Industria y Comercio. Esto provoca que Galicia también reduzca sus ventas al exterior en un 10%. Pero hay otro dato peor y es que las importaciones crecen y esto provoca que el saldo comercial de la provincia esté en negativo por primera vez en mucho tiempo, cuando lo habitual era el superávit.
El automóvil es el principal responsable porque supone el 35% de las exportaciones de la provincia y cae en los seis primeros meses del año un 24%.
Otro indicador de la desaceleración es el Puerto, como principal termómetro económico de la ciudad, cuyo crecimiento también se frena en el primer semestre del año en el que perdió 42.187 toneladas, lo que supone un 1,99% menos que en el mismo periodo del año anterior. En junio los datos de los principales tráficos hizo caer al puerto un 5%, consecuencia de la caída de pesca congelada y vehículos, la primera un 18,32% ese mes, y los segundos un 16,22%, algo que sin embargo el presidente del Puerto, Enrique López Veiga, considera que es “circunstancial, hasta que Citroën aumente su producción con los nuevos modelos”.
A la situación de incertidumbre económica, que en Vigo afecta especialmente en el caso del Brexit en el sector pesquero o la inestabildiad de los principales mercados europeos, se suma la inestabilidad política interna.
Otro de los termómetros que mejor reflejan la confianza de los ciudadanos es la venta de coches, la principal decisión de compra que toman las familias después de su casa, y muestra un serio constipado, con una caída de las ventas en Vigo y la provincia entre enero y agosto del 14,6%.
El secretario general de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia (Asime), Enrique Mallón, asegura que en la industrial del metal "los próximos dos años no se prevé que sean años de crecimiento notable". Considera Mallón que "desde el Puerto de Vigo, coordinados su dirección con las organizaciones y empresas que trabajamos diariamente en él, debemos ser imaginativos, creativos y esforzarnos intensamente por ser competitivos en servicios y también en atraer nuevas inversiones". Precisamente considera que ese es "uno de los principales retos que tenemos en Galicia para los próximos meses, intensificar muy activamente la atracción de inversiones. Necesitamos ser un polo atractivo y estamos coordinando diversas actuaciones para mostrarnos así al mundo".
La innovación y abrirse a nuevos mercados son los otros dos retos para combatir la desaceleración para Enrique Mallón: "Hay que examinar mercados como Rusia, Argelia o Corea. En el sector metal ya estamos trazando un plan estratégico para los próximos dos años".
Alberto Vaquero, profesor de Economía Aplicada de la Universidad de Vigo y miembro del grupo de investigación GEN Governance and Economics Research Network, constata que la economía viguesa "está mostrando los primeros síntomas de desaceleración". Considera que "la vertiente exportadora de la ciudad ha dado muchas alegrías a la economía gallega, especialmente en el sector de la automoción y toda la industria derivada, pero el viento de cola que suponía la creciente demanda externa para nuestros indicadores económicos comienza a soplar con menos intensidad".
Considera que "la economía de Vigo, al igual que el resto de la economía gallega y española, debería estar prevenida y preparada para el nuevo rumbo que está tomando la situación económica internacional" y subraya que la receta pasa por "mejorar nuestra competitividad y buscar nuevos mercados".
Los representantes sindicales por su parte se muestran preocupados por cómo puede afectar esta desaceleración a los trabajadores, cuando muchos no han salido aún de la crisis anterior. Alberte Gonçalves, secretario comarcal de la CIG, señala que "estos años veíamos que decían que salíamos de la crisis, pero no lo vimos en los trabajadores" y opina que "no vamos a enfrentar este nuevo periodo de forma sólida, porque no fuimos capaces de hacer los deberes y va a ser como un boxeador que intenta levantarse del suelo y vuelve a caer. El golpe puede ser más grave".
La secretaria comarcal de CC OO, Amelia Pérez, considera que "no estamos preparados para una nueva crisis porque no se abordaron las reformas y la desigualdad campa a sus anchas porque la pobreza se sigue incrementando". Para el secretario comarcal de UGT, Ernesto Fontanes, "cuando se genera una situación de inseguridad todo empieza a resquebrajarse". En el caso más cercano ve "una amenaza objetiva, que es el Brexit", pero también "la inestabilidad en Italia y la nuestra. Toda política en lo económico y en lo social nos afecta a los ciudadanos", concluye. n
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