Vigo enamora a los erasmus
Universidad
242 universitarios extranjeros estudian este cuatrimestre en el campus, encantados con la ciudad y la UVigo
La ciudad de Vigo cautiva año tras año a centenares de estudiantes extranjeros. La mayoría de ellos llega gracias a las famosas becas Erasmus –sobre todo los de países europeos–, aunque también hay un número importante de alumnos que lo hacen a través de convenios bilaterales entre sus universidades y la UVigo. Este cuatrimestre, en concreto, hay 242 estudiantes extranjeros en el campus disfrutando de esta enriquecedora experiencia que les hace conocer gente y entornos diferentes a los que están acostumbrados. Y Vigo triunfa en este plano, con alumnos que, con apenas un mes de estancia, están extremadamente contentos con su elección.
Es el caso, por ejemplo, de Szymon Nastanski. Este joven polaco, originario de Varsovia, tenía absolutamente claro que quería estudiar en Vigo: “Como estudio español en mi universidad, sólo podía elegir una ciudad española para venir de Erasmus y mi primera elección fue Vigo”. ¿La razón? Szymon se interesó mucho por Galicia y su cultura desde que empezó sus estudios de español en Varsovia, por lo que no tuvo que pensárselo cuando vio que uno de sus posibles destinos era este. “Y estoy muy contento con mi elección”, señala, “cuando me puse a investigar, en internet muchos decían que era la ciudad más fea de Galicia, pero nada más llegar me impresionó, es muy diferente a lo que hay en Polonia, una ciudad muy bonita y colorida”. “Cuando llegué aquí experimenté el mayor choque cultural de mi vida”, comenta Szymon, ya que “la cultura y la gente son completamente diferentes”. Cita también, en concreto, a los profesores, “mucho más cercanos en clase que en Polonia”.
La estudiante mexicana Rebeca Vázquez sintió también un importante “choque cultural” al llegar a Vigo, en este caso a la hora de tratar con la gente: “Allí te hablan como muy dulce y aquí de pronto se siente como si me estuvieran regañando, pero siendo amables”, señala. Estudia Ingeniería Mecatrónica en Ciudad de México, el equivalente a Electrónica Industrial y Automática en la UVigo. “Me gusta muchísimo de la ciudad que, aunque es grande, en comparación con Ciudad de México es muy pequeña, por lo que puedo ir de un lado a otro andando”, apunta. Además, comenta que le llama mucho la atención cómo Vigo está construida aprovechando la ladera: “Ciudad de México está como hundida y la parte de los cerros apenas la utilizamos, me gusta mucho cómo está hecho aquí”. En cuanto a su experiencia en la UVigo, indica que “tiene espacios muy grandes, cómodos y bonitos”, aunque le extraña la manera de calificar de aquí: “En México la nota para aprobar es un 6, se hace muy raro pensar en el 5”, indica.
Quien también se quedó muy impresionada con la configuración del campus vigués es Regina Streminskaia, estudiante rusa originaria de Moscú que cursa un máster de Química en San Petersburgo: “Me encanta que la universidad esté en una montaña, no es algo muy usual. Aquí puedes respirar aire puro y hay mucho silencio”. Para Regina, la manera de actuar de los vigueses es muy diferente a lo que ella vive cada día en Rusia: “La gente aquí es muy tranquila, tiene tiempo para pensar, sobre todo rodeada de la naturaleza en el campus. En mi universidad siempre tenemos prisa, muchas cosas que hacer. Además hay diez veces más gente que aquí, comparada con mi facultad, en Vigo apenas se ven personas por los pasillos”.
La estudiante checa de Lengua Inglesa Aneta Mrózek no se lo pensó a la hora de elegir Vigo: “Quería aprender español y además era muy importante que la ciudad tuviera mar. Siempre soñé con poder levantarme un sábado por la mañana e ir a la playa a leer un libro y relajarme”. Además, “es una ciudad en la que puedes ir a todos sitios a pie”. En ese sentido, le recuerda mucho a su Chequia natal. Lo que no se esperaba eran diferencias culturales como la vida nocturna de los vigueses: “Aquí muchos están despiertos hasta las 2 o 3 de la mañana y las cafeterías y tiendas abren hasta muy tarde”. Unas costumbres a las que tardó en habituarse. Sobre su experiencia en la universidad, Aneta destaca que “los profesores son maravillosos y son conscientes de que no hablo el idioma y sólo estaré unos meses, por lo que se aseguran de que pueda entender todo lo que dicen en clase”.
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