Hacer de Vigo su ciudad: “Yo ya no me muevo de aquí”
Migrantes
La ONG Entreculturas organizó un acto para reflexionar sobre la realidad migrante, con tres voces de Venezuela, Mali e Irán
Encontrar en Vigo un lugar para vivir, pese a no nacer en la ciudad. Adaptar su cultura, costumbres y poder contar con un plan de futuro centralizado en Vigo. Ayer, la ONG Entreculturas realizó una jornada para dar voz a migrantes que llegaron de países inestables. Tres historias de superación y de lucha que tienen una meta final en la ciudad. Desde Venezuela, Mali o Irán, han encontrado acomodo y se aferran a una vida digna y sin complicaciones lejos de la falta de libertades, las persecuciones, la guerra o el hambre.
Richard Antonio es originario de Venezuela. Con 37 años, cansado de la grave situación económica del país que lo ahogaba, aun con trabajo, decidió poner rumbo a España en noviembre del 2023. Solicitó ayuda a Accem, que se la proporcionó para adaptarse a Vigo, aunque pasó mil problemas, sobre todo para entrar en el mercado laboral pese a que él cuenta con la licenciatura de enfermería en su país. “Mis primeros pasos fueron muy difíciles porque vine solo. No tenía a nadie aquí”, aseguró. Comenzó a formarme con cursos complementarios al no contar con permiso de residencia ni con la homologación de su título. Encontrar de lo que sea para vivir. Todo, menos regresar a Venezuela, donde el trabajo era poco valorado. “Tenía una carga laboral enorme y el sueldo no te alcanzaba para nada”, asintió. Una premisa que sucedió con tantos otros venezolanos que, de la noche a la mañana, decidieron abandonar su país para encontrar una vida mejor.
Ahora, trabaja en una residencia de mayores, a la espera de contar con todos sus documentos en regla. Tiene contrato indefinido. Echa la vista atrás y da gracias a Dios por todo lo que consiguió en los casi tres años que lleva en Vigo. Un camino largo, donde nunca se rindió y que entiende esta ciudad como “motor de su vida. Yo ya no me muevo de aquí. Estoy encantado con el trabajo, con la gente… Con todo”. Más aún con la situación de su país, sumido en una incertidumbre de la cual pronostica que no saldrá en un periodo corto de tiempo. “Veo la situación con calma, porque será un proceso muy largo. Pero me alegra ver que las cosas pueden llegar a encaminarse”, señaló, con cierto optimismo.
Mamedi es un joven de Malí de tan solo 20 años. Cuenta con una maleta de sueños a su espalda, imposible de cumplir en su país natal, del cual huyó hace 8 meses. Recaló en Vigo y cuenta con la ayuda de Accem. Le cuesta hablar en español y no pierde la timidez. “Allí tenía un trabajo, pero no tenía futuro. Me fui para encontrar las necesidades que allí no podía tener”, indicó. Vigo lo acogió de maravilla, está muy contento, pero Mamedi pretende cumplir sus sueños y volver a su país, con su familia. Está seguro de que lo va a conseguir.
La jornada se cerró ayer con la conferencia de del director del Servicio Jesuita a Refugiados Europa, Alberto Ares. Fue el encargado de ayudar en todo lo posible a los migrantes ucranianos cuando estalló la guerra, de buscarles acomodo en otros países. Su charla versó sobre los diferentes movimientos migratorios que se están produciendo en el continente europeo, muchos llegados desde África debido a las enormes dificultades existentes en países que viven una guerra civil. Antes, diferentes asociaciones analizaron las debilidades y fortalezas de su labor en Vigo. Asimismo, puso en valor el trabajo social de los jesuitas en ese ámbito. Para finalizar, se realizó un círculo del silencio en la Farola de Urzaiz por las personas migrantes, donde estuvieron presentes los tres ponentes del acto y Alberto Ares.
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