Víctor Suazo: “Me impresionaron en Vigo el orden y la seguridad de las calles y la belleza de la ría”
Nuevos vigueses
Llegó de Nicaragua y se queda en Vigo
Nacido en Nicaragua y residente en Vigo, el protagonista de esta historia, Víctor Suazo Gutiérrez, se define como una persona trabajadora y resilente, marcada por la migración y la búsqueda de nuevas oportunidades sin renunciar a sus raíces. “Traigo conmigo la calidez y la tradición de mi país, y las combino con la experiencia de vivir en Galicia, donde he encontrado un nuevo hogar”, afirma.
¿Cómo se describiría a sí mismo a alguien que aún no conoce su historia?
Soy una persona nacida en Nicaragua que actualmente vive en España. Mi historia está marcada por el viaje, la búsqueda de nuevas oportunidades y el deseo de crecer sin olvidar de dónde vengo. Me considero trabajador, resistente y abierto a aprender de cada cultura que me rodea. Traigo conmigo la riqueza de mis raíces nicaragüenses —su calidez, su tradición y su manera de ver la vida— y las combino con la experiencia de vivir en Vigo, ciudad donde he encontrado un nuevo hogar. En resumen, soy alguien que construye puentes entre dos mundos, llevando siempre conmigo la memoria de mi tierra y la esperanza de aportar algo valioso allí donde esté.
¿A qué se dedicaba en Nicaragua antes de emigrar y cómo era su vida allí?
Desde muy joven, a los 13 años, tuve que empezar a trabajar para ayudar en casa y cubrir lo que faltaba a fin de mes. Esa etapa me enseñó el valor del esfuerzo y la disciplina, ya que combinaba el trabajo con los estudios. Logré terminar el bachillerato e inicié la carrera de Ingeniería en Sistemas, que cursé durante un año y tres meses. Sin embargo, las dificultades económicas me obligaron a abandonar los estudios y a buscar nuevas oportunidades fuera del país. Esa decisión me llevó a emigrar a Costa Rica, donde viví y trabajé durante siete años. Mi vida en Nicaragua fue dura, marcada por sacrificios, pero también por la determinación de salir adelante y construir un futuro mejor.
¿Qué circunstancias personales, sociales o económicas influyeron en su decisión de dejar su país?
Las razones fueron principalmente de carácter sociopolítico. El 18 de abril de 2018 Nicaragua atravesó un momento crítico con las protestas universitarias, motivadas por el descontento ante la quema de la reserva Indio Maíz y las reformas al sistema de seguridad social. Esto generó un clima de inseguridad y falta de perspectivas. A nivel personal, también influyó la necesidad de buscar mejores oportunidades de vida y desarrollo, ya que las condiciones económicas no me permitían continuar mis estudios ni crecer profesionalmente. Además, mi madre lleva más de veinte años residiendo en España, y esa conexión familiar fue un punto de apoyo y esperanza para iniciar una nueva etapa en este país.
¿Cómo recuerda el momento en que tomó la decisión de emigrar?
Lo recuerdo como un momento profundamente positivo. Aunque sabía que implicaba dejar atrás mi tierra y muchas cosas queridas, lo viví con esperanza. Tenía la certeza de que en España me esperaba mi madre, y esa idea me dio fuerza y tranquilidad. Fue un instante en el que el miedo se transformó en ilusión, porque entendí que estaba abriendo una nueva etapa de mi vida.
¿Por qué eligió Vigo, Galicia, como destino para empezar de nuevo?
Elegí Vigo porque es la ciudad donde vive mi madre, aunque actualmente trabaja en Madrid. Además, siento un cariño especial por Galicia y, en particular, por Vigo, ya que aquí encontré un entorno que me acogió con calidez. En la Colegiata conocí sacerdotes y hermanos en la fe que me brindaron apoyo y me ayudaron a fortalecerme interiormente; con el tiempo se convirtieron en una familia para mí. Por eso, Vigo no fue solo un destino, sino un lugar donde pude empezar de nuevo con esperanza y afecto.
¿Qué fue lo primero que le llamó la atención de la ciudad cuando llegó por primera vez?
La cercanía de las personas. Mi primer contacto con la ciudad fue a través de la iglesia, donde encontré apoyo y acogida. También me impresionaron el orden y la seguridad de las calles, así como la belleza de la ría y del puerto de Vigo, que transmiten vida y movimiento. La cercanía de servicios básicos reforzó mi sensación de estar en un lugar práctico y bien organizado, donde podía adaptarme y crecer.
Como migrante, ¿cuáles han sido los principales retos en su proceso de adaptación?
Uno de los principales retos fue adaptarme al frío del invierno, muy distinto al clima de mi país. Con el tiempo aprendí a sobrellevarlo. Otro desafío importante fue el laboral, ya que al inicio no fue fácil conseguir empleo. Sin embargo, después de siete meses encontré trabajo cuidando a una persona mayor en la calle Velázquez Moreno. Estos retos me enseñaron paciencia, resiliencia y la importancia de perseverar.
¿Hubo momentos de duda o cansancio en los que pensó en abandonar el camino emprendido?
Sí, al inicio tuve dudas y momentos de cansancio, especialmente por la incertidumbre que implica empezar de nuevo. Sin embargo, confié mis planes y mi proyecto a Dios, y esa fe me sostuvo. Esa confianza interior me dio la fuerza para continuar, incluso en los momentos más difíciles.
¿Cómo fue el proceso de reinventarse laboralmente en un país distinto al suyo?
Fue un proceso de aprendizaje y adaptación. Al inicio enfrenté la incertidumbre de no saber cómo sería mi integración en el mercado laboral español. Pasé por momentos de espera, búsqueda y reflexión sobre lo que podía aportar con mi experiencia. Con paciencia y esfuerzo encontré oportunidades que me permitieron crecer, desde trabajos de cuidado hasta el comercio, hasta llegar al café de especialidad. Reinventarme significó abrirme a nuevas posibilidades y confiar en que cada paso tenía sentido.
¿Qué mensaje le daría a otros migrantes?
Que no pierdan la fe ni la esperanza. Migrar no es fácil: hay dudas, cansancio y soledad, pero cada esfuerzo vale la pena. Les diría que busquen apoyo en la comunidad y que recuerden que nadie avanza solo. Migrar es un acto de valentía que abre puertas para crecer.
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