Vigueses Distinguidos
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“Todo se debe a una confusión al leer textos antiguos, donde ponía Vico Pacorum se entendió Vicus Spacorum y el error se mantiene desde entonces y lo que hay que hacer es corregirlo y cambiar la Historia”. Así de contundente se muestra el historiador César González Crespán, ingeniero de profesión y autor de un estudio pormenorizado sobre la “Geographia”, un libro de viajes de Claudio Ptolomeo, quien a inicios del siglo II midió distancias entre puntos conocidos. En su opinión, debería zanjar el debate. El texto acaba de ser publicado por la revista especializada “el Nuevo Miliario” en colaboración con un peso pesado de la Historia, Ignacio Menéndez-Pidal de Navascués, y no es sino una parte de un trabajo más profundo que le ha llevado diez años de dedicación. Mantiene Crespán, con datos precisos, que Vigo nunca fue Vicus, sino que es la suma de tres nombres: Vico, que se correspondía con el Castro y los otros poblados vecinos, llamados “los caporos”; Turonio, que sería el puerto de Areal, donde las salinas, y finalmente, Burbida, que dio origen al Berbés. Nada de Vicus.
Esta es la misma opinión de otros investigadores independientes: Vigo nunca fue Vicus. Incluso hay un estudio que enlaza Vigo con Vik o Wig, un topónimo normando probablemente pre indo-europeo que describe bahías muy especiales, como la propia Ría. La capital de Islandia, Reikiavik lleva ese nombre incluido y significa “bahía humeante”, por las aguas calientes. La misma opinión que Crespán la sostiene Manuel Santos, arqueólogo e investigador del CSIC, quien considera que el nombre original del poblamiento romano era Burbida, que se refería a la urbe, en tanto que el puerto también contaba una denominación propia, Turonio. Lo sostiene desde hace años -incluso con un libro sobre el origen de Vigo- y cada vez con más pruebas que apoyan su tesis. Una, la principal, el recorrido de la Vía XIX (Bracara Augusta - Asturica Augusta) del Itinerario de Antonino, muy preciso en la medición de distancias entre ciudades. “Aparecen claramente y correctas entre Braga y Tui y de Tui a Burbida, que coincide con donde hoy está Vigo”, señala. Para Santos, Vigo es un nombre altomedieval, que habría aparecido a partir del siglo VII, cuando se cambiaron los topónimos. Brigantium pasó a ser conocido como Coruña en el siglo XII y Turoqua se convirtió en Pontem Veteram, Pontevedra. Y Burbida, en Vigo. “No creo que nunca fuera llamado Vicus, no hay ningún documento que así lo diga”, asegura.
En el estudio publicado por César González Crespán también se refiere a las descripciones de Ptolomeo sobre las islas de las Rías Baixas, que identifica. “Las islas de los dioses, dice, son dos, y aunque las coloca casi frente al Miño, señala que los griegos las llamaron islas de Zeus”. Niega que Cíes sean las cuasi míticas Cassitérides, que según el geógrafo romano eran diez y que González Crespán cree que serían Arousa, Cortegada, Ons, Onza, Sálvora, A Toxa y O Grove, que entonces era una ínsula, además de otras menores. “Estas islas no son míticas, sino reales, y están algunas de ellas densamente habitadas por seres humanos y más aún en el pasado”. Explica que Cíes tenían poca población, aunque siempre hubo grupos humanos de forma permanente, incluso en la actualidad, y que los griegos se fijaron en las altas y rocosas cumbres como moradas de Zeus y de otras deidades "que les concedían tranquilidad de sus aguas protegidas tras el largo viaje. Como si en sus largas playas hubieras llegado a la isla de Rhodas, de donde partieron. Rodas es el nombre de la gran playa de las Cíes”, concluye el historiador.
Turonio (Idacio de Lemica), Burbida (itinerario nº XIX) y Vico Spacorum (itinerario nº XX), tres lugares distintos, mencionados en textos de la época romana. El tercer nombre, explica González Crespán, alude a Vigo, "también en la época romana”. "Sus habitantes eran los "caporos", nombre que se deduce de "Vicos Caporum", cuya traducción a la lengua actual sería "Vicos de los caporos", siempre en relación con el cabo de Vicos, en las islas Cíes, como se demuestra en la vía de navegación "por lugares marítimos", nombre tomado por los agrimensores de las oficinas técnicas imperiales, que dejaron grabado el nombre de aquel castro situado a quince kilómetros de distancia, cuya importancia nos descubren las excavaciones arqueológicas realizadas en los últimos años. No hay más que acercarse al museo de Castrelos, para ver las estelas funerarias, con los nombres de algunos de los habitantes del Vigo romano, restos que también tenemos en O Vao, el Salinae o el Museo del Mar y de los objetos expuestos en ellos, como las cáligas, sandalias con tachuelas.
La “Geografía” de Claudio Ptolomeo también apunta el nombre de Vigo como Vica, o Voeca, aunque muy deslocalizado en su ubicación, como se corresponde a unos mapas del siglo segundo después de Cristo, que determinaban la posición de los lugares por aproximaciones, fundamentadas en los relatos de los viajeros y navegantes de la antigüedad clásica, precisa César González Crespán.
El ingeniero e historiador destaca que la importancia de estos lugares cambia mucho la interpretación de los textos antiguos. "Para entender estos hechos es necesaria la justificación de los itinerarios, llamados vías romanas, que tienen una interpretación geométrico-matemática, para lo cual tienen que utilizarse las distancias. Sin ellas se incurre en un error metodológico y confusión acerca de cómo se realizó la romanización de Galicia, y de Vigo, que fue violenta, en contra de lo que tiende a creerse. El error parte de antiguo, con equivocadas interpretaciones, en particular de Manuel Murguía, en su Historia de Galicia, de la realidad histórica de Vigo, interpretándose como un "Vicus", o aldea sin historia. Esto no es cierto".
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