Un viaje a la música de los cafés

La Orquesta Clásica de Vigo cerró ayer en la Casa da Caridade su ciclo de conciertos solidarios para colaborar con la entidad que gestiona el Comedor de la Esperanza con una velada de música ligera

La orquestina de la Clásica amenizó la tarde veraniega con música ligera del siglo XX.
La orquestina de la Clásica amenizó la tarde veraniega con música ligera del siglo XX. | Jorge Santomé

Cuando la megafonía todavía no era común en los lugares de encuentro públicos, principalmente porque no existía, las orquestinas se encargaban de amenizar el ambiente en cafés, salones de baile e incluso en las verbenas populares. Se trataba de pequeñas agrupaciones que combinaban instrumentos de cuerda, viento y percusión –de ahí la comparación con las propias orquestas– pensadas para espacios reducidos sin comprometer el sonido ‘completo’ que se espera de un grupo musical. La Orquesta Clásica de Vigo recreó ayer en la Casa da Caridade, lugar del único claustro barroco de la ciudad, situada en lo más alto del Berbés, el sonido de estas antiguas agrupaciones como parte de sus “Verbenas da Caridade”, ciclo de conciertos que puso ayer punto y final con esta orquestina.

Todo un viaje en el tiempo a través de los cafés de la ciudad a principios del siglo XX conducido única y exclusivamente por la música, ya que este ciclo de conciertos benéfico, comisariado por la Clásica para colaborar con la Fundación Casa da Caridade (que se encarga de gestionar el Comedor de la Esperanza, también en el Berbés), nació también para reivindicar el papel de la música en directo para bailar. En concreto, de la música ligera utilizada para amenizar las veladas sociales del siglo pasado recuperando esos archivos, muchas veces locales, de las bandas que se dedicaban a ello.

El concierto de la orquestina fue el plato fuerte de una tarde benéfica que comenzó con un mercadillo benéfico de muebles de segunda mano, ropa y otros artículos organizado por la Fundación Casa da Caridade. Además, para disfrutar de la tarde veraniega en el único claustro barroco de la mejor forma posible, se puso a disposición de los visitantes un servicio de bar y comida. También se habilitó un espacio para donar alimentos no perecederos al Comedor de la Esperanza, entidad a la que ya iba destinado el dinero de la entrada (15 euros).

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