El verano reaviva el pulso de las parroquias de Vigo

Asociaciones vecinales y centros culturales impulsan un programa que mantiene vivos los barrios y parroquias durante julio y agosto

El verano es sinónimo de campamentos de verano para los más pequeños
El verano es sinónimo de campamentos de verano para los más pequeños | Facebook

La segunda quincena de julio marca el inicio de uno de los periodos de mayor actividad en las parroquias de Vigo. Más allá de las verbenas que llenan las plazas, el verano comienza con una intensa programación cultural, deportiva y de ocio impulsada por asociaciones vecinales y entidades locales. Buena parte de esa oferta nace en los centros culturales y sociedades recreativas, que durante todo el año mantienen viva la identidad de cada parroquia y que con la llegada del verano intensifican su actividad con talleres, conciertos, campamentos, representaciones teatrales y encuentros de música tradicional.

Las asociaciones son el principal punto de encuentro de muchas parroquias. A través de escuelas de música, grupos de gaitas, corales, agrupaciones folclóricas y compañías de teatro aficionado, mantienen vivas tradiciones que han pasado de generación en generación y que durante el verano salen de sus sedes para ocupar plazas, parques y otros espacios públicos.

La vida cultural mantiene un fuerte arraigo en las parroquias. En Valadares, el Centro Veciñal e Cultural continúa siendo uno de los principales dinamizadores de la zona con campus infantiles, audiciones de su escuela de música y actividades que reúnen a diferentes agrupaciones folclóricas. En Matamá, la Sociedad Cultural Deportiva Atlántida combina deporte y encuentros vecinales que mantienen viva una de las parroquias con mayor tradición cultural de Vigo. Bembrive mantiene la programación del Teatro Benevivere y organiza mercadillos estivales en la Plaza de Santa Bárbara, mientras que en Alcabre la Asociación de Vecinos continúa ofreciendo cursos de pandereta, pilates y manualidades que prolongan durante todo el verano la actividad del centro social.

Eduardo Comesaña, presidente del Centro Cultural e Recreativo de Cabral explica que uno de los proyectos que más ha crecido en los últimos años es el campamento infantil, que reúne cada mañana a unos setenta niños y se ha convertido en una herramienta para facilitar la conciliación familiar durante las vacaciones escolares. "Después de la pandemia empezamos a organizarlo y hoy tiene muchísimo éxito. Los padres trabajan y necesitan un lugar donde dejar a los niños por las mañanas. Es un servicio con el que están muy contentos", afirma. Organizar esta actividad requiere entre dos y tres meses de preparación. Hay que coordinar monitores, planificar excursiones y organizar las salidas a la piscina de la Comunidad de Montes de Cabral, además de preparar el resto de la programación estival. "Hay mucho movimiento y todo tiene que estar perfectamente coordinado", resume.

La parroquia prepara una nueva edición de la Romería do Pan de Millo, una celebración que, al igual que las fiestas patronales, reúne cada verano a vecinos de diferentes generaciones. Para Comesaña, mantener este tipo de tradiciones resulta fundamental para conservar la identidad de las parroquias. "La gente está muy interesada en participar. Si aquí no se organizara nada durante el verano, muchos acabarían marchándose a otros sitios o simplemente no tendrían nada que hacer".

El presidente del Centro Cultural considera que estas iniciativas no solo ofrecen alternativas de ocio, sino que fortalecen los vínculos entre vecinos, haciendo que se mantenga vivo el tejido asociativo que caracteriza a cada una de las parroquias viguesas.

Así, buena parte del verano de Vigo se vive lejos del centro urbano, en espacios donde la tradición convive con nuevas propuestas de ocio y donde el tejido vecinal continúa siendo el principal impulsor de una programación que cada año reúne a miles de personas.

“La satisfacción es ver que el pueblo está unido”

A simple vista, el verano parece concentrar la mayor parte de la actividad de las parroquias, pero detrás de cada campamento, actuación o festival existe un trabajo que comienza muchos meses antes. Antonio Villar, presidente de la Asociación de Vecinos de Beade explica que organizar la programación no es cuestión de unas semanas, sino de mantener durante todo el año un centro cultural abierto y con actividad constante.

En Beade, el verano reúne campamentos infantiles para niños de entre cuatro y trece años, clases de pilates, yoga, memoria, baile, coral y pintura, además de la participación de la banda de cornetas en las fiestas de Santa Ana, del Cristo o en la Festa do Monte. Insiste en que esa oferta solo es posible gracias al trabajo diario de decenas de personas. "La mayoría de los profesores trabajan once meses al año y el centro permanece abierto desde primera hora de la mañana hasta la noche".

Asegura que muchas veces la labor de estas entidades va mucho más allá de organizar actividades culturales. También ayudan a personas mayores con trámites administrativos, ofrecen cursos de iniciación al móvil, informática o inglés y sirven como punto de encuentro para vecinos de todas las edades. "La gente cree que somos el Ayuntamiento, pero nosotros solo intentamos echar una mano donde podemos", explica.

Pese al elevado coste que supone mantener estas instalaciones y programar actividades durante todo el año, Villar considera que el apoyo institucional sigue siendo insuficiente. Aun así, afirma que la recompensa llega cuando el pueblo responde. "La satisfacción es ver que la gente participa, que el pueblo sigue unido y que las actividades continúan teniendo vida".

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