Vacaciones con deberes: verano no es sinónimo de descanso

Algunos estudiantes cambian parte de su verano por clases de refuerzo para recuperar asignaturas o remontar el curso

Varios alumnos asisten a una de las clases de verano en una academia de enseñanza de Vigo esta semana.
Varios alumnos asisten a una de las clases de verano en una academia de enseñanza de Vigo esta semana. | Jorge Santomé

Mientras para muchos el verano es sinónimo de descanso y tiempo libre, para otros las vacaciones transcurren entre libros y clases de refuerzo. Los pupitres, lejos de quedar vacíos tras el fin del curso, siguen recibiendo a estudiantes que ven el verano como una segunda oportunidad.

Xosé Manuel Carrera y Graciela Luis Sánchez, directores de la Academia Universitaria, recuerdan que las vacaciones estivales ya no tienen el volumen de trabajo que registraban hace unos años. “Desde que no hay exámenes de septiembre, la actividad en verano bajó muchísimo”. Sin embargo, aseguran que la demanda ha vuelto a estabilizarse y cada vez son más las familias que consideran esta época idónea para consolidar el aprendizaje.

El perfil de los estudiantes es muy variado: aproximadamente la mitad acude porque arrastró dificultades durante el curso y necesita reforzar contenidos, mientras que la otra mitad busca comenzar el siguiente año académico con una base más sólida. Es el caso de Candela Castro, de 19 años, que acude cada día a la Academia Universitaria con el objetivo de superar la asignatura que le quedó antes de pasar a 2º de Bachillerato.

En los cursos superiores, especialmente en 4º de ESO y Bachillerato, son los propios estudiantes quienes suelen tomar la iniciativa de acudir a la academia, conscientes de la importancia de mejorar su rendimiento. Candela reconoce que la decisión fue compartida con su familia. “Llegamos a la misma conclusión”, afirma. Su principal objetivo no es solo aprobar, sino aprender a enfrentarse mejor a las asignaturas que más le cuestan.

Ese aprendizaje también implica renuncias. Durante varias semanas ha cambiado parte de sus vacaciones por horas de estudio. “He tenido que sacrificar hacer planes por las mañanas o estar más rato con mis amigas”, reconoce. Los directores admiten que para muchos alumnos asistir a la academia en verano puede percibirse inicialmente como un castigo, especialmente entre los más jóvenes. Pero intentan cambiar esa percepción desde el primer día. “Les motivamos y decimos que se lo tomen como una oportunidad para empezar el curso con buen pie”, explican.

El trabajo durante estos meses también cambia ligeramente, aunque el reto sigue siendo el de siempre: condensar en apenas dos meses el trabajo que no se realizó durante nueve.

Candela ya ha cambiado algunos hábitos de estudio. Desde que comenzó se ha vuelto “más constante” y dedica todos los días tiempo para hacer ejercicios. Para muchos estudiantes, el verano ya no representa únicamente un periodo de descanso, sino una oportunidad para afrontar el próximo curso con una nueva perspectiva.

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