La UVigo redujo su huella de carbono a niveles del covid

Universidad

Los avances de la institución académica en sostenibilidad permitieron que, en un año normal de asistencia a los campus, se generasen casi tantas emisiones como en 2020

Gráfico de la huella de carbono registrada en la UVigo, total y per capita.
Gráfico de la huella de carbono registrada en la UVigo, total y per capita.

La sostenibilidad es uno de los pilares de crecimiento de la Universidad de Vigo, que se puso de relieve durante la crisis energética derivada de la guerra en Ucrania, ya que desde entonces la institución ha redoblado sus esfuerzos en mejorar la eficiencia energética de sus tres campus. Unos esfuerzos que ya están dejando sus resultados en los informes de sostenibilidad publicados por la UVigo. El último de ellos, del año 2025, desvela que la huella de carbono de la institución se redujo ese año a niveles de la pandemia del covid. Todo un hito, ya que desde marzo, en 2020 se paralizó toda la actividad en el campus y apenas hubo clases presenciales una vez empezado el nuevo curso.

La huella de carbono es un modelo matemático que se utiliza para cuantificar la gantidad de gases de efecto invernadero emitidos directa o indirectamente. Se toma como referencia el dióxido de carbono (CO2), y se calcula la equivalencia del resto de gases emitidos con respecto a este según el calor que atrapan en la atmósfera. En 2025, según el último informe de la Oficina de Medio Ambiente de la UVigo, la institución tuvo una huella de carbono de 12.687 toneladas de CO2 equivalentes; 0,59 por persona. Es el dato más bajo desde que hay registros junto al de 2020: 11.903 t CO2 eq; 0,58 por persona.

Casi dos tercios de las emisiones de la UVigo (59,4%) provienen de un solo campo: el de la movilidad. No es para menos, ya que según los datos con los que cuenta la Universidad, en Vigo –el campus que alberga la mitad de los integrantes de la institución– más de la mitad de las personas viaja en coche diésel o de gasolina al campus (52,98%), frente al 23,84% que utiliza el autobús urbano. Además, un 12,58% utilizan coches híbridos o eléctricos. En los otros dos campus, la distribución es muy diferente al ser urbanos –y uno de ellos, en una ciudad muy peatonalizada como Pontevedra–.

El ‘secreto’ para haber logrado esta huella de carbono similar a 2020 está en la reducción de consumos. No sólo eléctrico (más de 3 millones de kWh menos que en 2019), sino también de gasóleo C (redujo el consumo a la mitad que en 2019), o de agua (casi un tercio de metros cúbicos menos que antes del covid). También se redujo considerablemente el consumo de papel, pasando de las 200 toneladas de 2014 (máximo histórico) a las 17,6 de 2025.

Otro factor importante son las energías renovables. Sólo en los últimos 4 años se ha conseguido aumentar en más de un 60% la producción de energía fotovoltaica.

Un plan para monitorizar las emisiones de la institución

El reciente informe sobre la huella ecológica de la UVigo llama a centrarse “prioritariamente” en la mejora de los patrones de movilidad y en el fomento de alternativas de transporte más sostenibles. También indica la importancia de seguir implantando medidas orientadas a la mejora de la eficiencia energética como la incorporación de fuentes de energía renovables. A la vez, señala que es necesario conservar y potenciar las áreas verdes en el entorno de los tres campus debido a su contribución a la absorción de CO2, que permite compensar parcialmente las emisiones generadas por la actividad universitaria.

Uno de los pasos que ya ha dado la institución para seguir mejorando la eficiencia es la redacción de un plan de monitorización energética, una “pieza clave para establecer medidas de ahorro”, según el documento publicado por la UVigo que establece una hoja de ruta de seis años (2026-2031) para actualizar y expandir los sistemas de monitorización del consumo energético ya puestos en marcha.

Actualmente la UVigo utiliza tres plataformas para seguir el consumo y la generación energética: SIME, SANTRA y OTEA. Está previsto prescindir de la primera y migrar los datos de la segunda a la tercera con el objetivo de evitar duplicidades. Así, se podrán monitorizar la generación de energía de las instalaciones fotovoltaicas, de gas, gasóleo y geotermia, la climatización y el consumo de agua.

Actualmente, los consumos mensuales de gas, gasóleo y biomasa que no están dentro de la plataforma OTEA se obtienen a mano de las facturas y la lectura de la energía generada por las placas solares, de forma telemática por personal de la Oficina de Medioambiente. El plan de monitorización contempla pasar de los 6 edificios monitorizados en 2025 a 30 (el 100%), permitiendo mejorar la capacidad de análisis y la toma de decisiones.

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