La mayor estación terrestre cuántica de España ya opera en la UVigo

Se trata de un telescopio de 80 metros de diámetro para comunicarse vía satélite con comunicaciones seguras

La UVigo inaugura la mayor estación terrestre cuántica de España

La Universidad de Vigo presentó este jueves en sociedad la estación terrestre Antonia Ferrín, una de las últimas adquisiciones del Vigo Quantum Communication Center. Se trata de un telescopio con una lente de 80 centímetros de diámetro programado para recibir señales fotónicas cifradas que se decodifican con un receptor cuántico, un prototipo desarrollado por los investigadores del VQCC. Es, a día de hoy, la mayor estación terrestre de España dedicada a las comunicaciones cuánticas y en el futuro formará parte de redes a nivel nacional e internacional como un nodo de comunicación vía satélite.

En el acto de presentación intervinieron el rector, Manuel Reigosa; el conselleiro de Educación, Román Rodríguez, y el director del VQCC, Marcos Curty. Este último estuvo acompañado de una veintena de investigadores de comunicaciones cuánticas, que hicieron una demostración con un telescopio a pequeña escala del funcionamiento de esta infraestructura.

La estación terrestre está situada en la parte más alta del campus, junto al aparcamiento trasero de Filología. Es una ubicación estratégica, ya que el telescopio necesita poder apuntar en todo momento a las órbitas de los satélites con los que entabla comunicación y en este lugar tienen todo el cielo despejado. Con alguna parte todavía por montar, Curty señaló que esperan poder empezar a utilizarlo a finales de este año, cuando el satélite EAGLE-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA) se encuentre en órbita, aunque no descartan también probarlo con satélites de comunicaciones convencionales (a través de fotónica no cuántica).

El funcionamiento, como detallaron los investigadores allí presentes, es teóricamente sencillo: los satélites equipados con emisores especiales son capaces de emitir señales fotónicas muy débiles –casi a través de fotones individuales–; señales que el telescopio capta y decodifica gracias a un receptor cuántico que está ubicado en un galpón cercano (decorado por el artista Gonzalo Gómez, que se acercó este jueves a la presentación) que sirve de base para los operarios de VQCC. La idea es que la señal fotónica es tan débil que intervenirla tan solo para interceptarla la modificaría, y los cifrados que contienen emisor y receptor son cuánticos y por lo tanto indescifrables bajo la tecnología conocida.

En un futuro, se espera poder conectar el galpón con la sede del VQCC por fibra óptica para trabajar con las señales más complejas en maquinaria más sensible. Esto, automáticamente, conectaría la estación terrestre con la línea de comunicaciones cuánticas que une a Vigo y Santiago –la mayor de la península a día de hoy–.

Reigosa aprovechó su intervención para “celebrar el talento, que es lo que marca las diferencias y lo que puede hacer que un país como el nuestro, que durante siglos no estuvo precisamente en la vanguardia del conocimiento, pueda situarse como verdadera punta de lanza”. Por su parte, el conselleiro de Educación remarcó que “las comunicaciones cuánticas van a ser el soporte que vertebre el futuro y este tipo de infraestructuras nos dan la oportunidad de no perder ese tren”.

En honor a la primera mujer astrónoma de España

El VQCC decidió ‘bautizar’ esta estación óptica terrestre con el nombre de Antonia Ferrín Moreiras (1914-2009), la investigadora ourensana que fue la primera mujer astrónoma de España. Nacida en una familia humilde e hija de un profesor de matemáticas, el empeño de este en que sus cuatro hijas estudiaran en la universidad la llevó a vivir en Santiago de Compostela desde muy pequeña. Allí se licenció en Química logrando el título de maestra nacional, lo que le abrió las puertas a una carrera académica, docente e investigadora. Tras la guerra conoció a su mentor, Ramón María Aller, fundador y director del Observatorio Astronómico de la USC, que le cambió la vida. Se licenció en Farmacia y Matemáticas y se acabó doctorando en Astronomía en 1963. No sólo fue la primera mujer astrónoma de España, sino también la primera mujer docente de la Facultad de Matemáticas de la USC.

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