Treinta centímetros que no acaban en el suelo

Peluquerías de Vigo convierten cortes de pelo en pelucas para pacientes oncológicos

La peluquera, Judith Arcobaleno, lleva años colaborando con la asociación de Mechones Solidarios.
La peluquera, Judith Arcobaleno, lleva años colaborando con la asociación de Mechones Solidarios. | Vicente Alonso

Treinta centímetros puede parecer poco hasta que hay que cortarlos de golpe. En algunas peluquerías solidarias de Vigo, esas coletas no terminan en la basura. Se guardan, se envían y comienza un recorrido que puede acabar en la cabeza de un paciente que lo necesita. Eco Salón Judith Arcobaleno, en la avenida de Fragoso, es uno de los establecimientos vigueses que colabora con Mechones Solidarios, procedentes de Málaga.

Hay clientes que llegan a la peluquería de Judith Arcobaleno buscando algo más que un cambio de imagen. Han dejado crecer su pelo durante meses o incluso años para poder dornarlo. “Tengo clientes que ya han donado cuatro veces la melena”.

El salón forma parte de la red de Mechones Solidarios, una asociación sin ánimo de lucro nacida en 2013 que recoge cabello para confeccionar pelucas naturales destinadas principalmente a mujeres y niñas que han perdido el suyo durante tratamientos de quimioterapia. La organización cuenta con alrededor de 1,800 peluquerías solidarias en España.

En su peluquería recibe actualmente una o dos donaciones al mes, aunque hay temporadas especialmente activas. Una de ellas llega después del verano. “Cuando empieza el colegio, todo el mundo se deshace del pelo y empieza una nueva etapa”, comenta. Un cambio de etapa que, para algunos, comienza literalmente con un corte.

Donar, sin embargo, requiere paciencia. Mechones Solidarios exige actualmente un mínimo de 30 centímetros. Hace años eran 20, recuerda Judith, pero aquella longitud permitía elaborar principalmente pelucas cortas. “Ahora hay menos gente que done esa cantidad de centímetros, porque es bastante”. La asociación acepta cabello teñido, con mechas, canoso, liso, ondulado o rizado, aunque no admite el tratado con henna. Debe estar limpio, seco y bien atado. En la peluquería, los mechones se preparan y almacenan hasta reunir suficientes para realizar el envío.

Ahí comienza la parte que el donante ya no ve. Para fabricar una peluca hacen falta entre cinco y veinte donaciones y alrededor de 40 horas de trabajo. El cabello natural es precisamente uno de los factores que encarece este tipo de prótesis. Una confeccionada a medida puede costar entre 1.200 y 2.500. Mechones Solidarios asegura que trabajar con cabello donado permite reducir el coste de fabricación hasta un 60-80 %.

Las pelucas se entregan gratuitamente a mujeres y niñas que han perdido el cabello como consecuencia de la quimioterapia y carecen de recursos. Cuando se supera el umbral económico establecido por la organización, pueden proporcionarse por un importe reducido, equivalente al 20-40 % de su valor de mercado, dependiendo de la situación de la persona.

Explican que parte de las pelucas son confeccionadas de manera remunerada por mujeres que necesitan empleo, a las que se forma para realizar este trabajo.

Detrás de cada donación también hay una historia diferente. Algunas personas llegan porque un familiar atraviesa un cáncer. Otras simplemente quieren cortarse una melena larga y prefieren que el cabello tenga una segunda vida. “Es una forma de solidarizarse”, explica Judith. Entre todas las experiencias, recuerda especialmente la de una niña que después del corte no terminaba de asumir que su larga melena había desaparecido.

“Hay que mentalizar a los niños de que después no lo van a tener, que no se lo pueden pegar”, cuenta. Judith terminó poniéndole extensiones de colores y la pequeña se marchó contenta. También hay quienes se sorprenden al verse después del corte. Llegan pensando en la donación y descubren que el nuevo aspecto les gusta.

En Fragoso, todo ese proceso comienza con unas tijeras y la intención de realizar un gesto solidario. Judith insiste en que donar no significa simplemente cortar una coleta y marcharse con el resultado que quede. “Mucha gente piensa que llega aquí, le corto la coleta y así se vas”. Pero no, una vez respetados los centímetros necesarios para la donación, ella realiza el corte y el estilo que quiera el cliente.

Ese es el papel de las peluquerías solidarias españolas, hacer sencillo un gesto que fuera del salón perdura para quienes más lo necesitan. Una persona sale de la peluquería con treinta centímetros menos, en cambio, su pelo a penas está comenzando un recorrido.

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