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Hace más de quince años que Javier Macías pasa la mayor parte del tiempo subido a los árboles. Su empresa es una de las pocas especializadas en trabajos de arboricultura en alturas en Galicia, siendo responsables del cuidado de ejemplares con más de treinta metros de altitud, como el cedro del Himalaya existente en el colegio de A Doblada. Además, durante los años del picudo rojo, conoció de cerca esta plaga que afectó a más del 80% de las palmeras de las Rías Baixas y que ahora, según explica, ataca ya a ejemplares del norte de Galicia.
La formación es esencial en este trabajo, donde nada queda en manos del azar. Cada árbol es diferente y cada situación requiere un abordaje distinto. Esto ha hecho que Javier y su equipo sean llamados en situaciones como la que registrada en una vivienda de Canido, donde los sucesivos temporales afectaron a varios ejemplares que amenazaban una vivienda.
Otra de sus “especialidades” es el rescate de gatos incapaces de bajar de los árboles. Algo que comenzó hace algunos años cuando le pidieron si podría ayudar a rescatar a un gato que había subido a una copa y no sabía bajar por sí solo. Javier explica que “la ley de Bienestar Animal indica que deben ser los bomberos o servicios de los Ayuntamientos quienes realicen estas labores de rescate, pero si me piden ayuda, sería incapaz de dejar a un animal en una situación de peligro sin intentar ayudar”. Los casos en los que ha intervenido son numerosos y en todos ellos, como recalca, “lo hago por solidaridad, porque no sería capaz de dejar a un animal sin la posibilidad de ser rescatado”.
Uno de los primeros rescates fue para Proyecto Gato, que solicitó su intervención para coger a un gato que llevaba más de una semana en un árbol. “Yo les dije que era capaz de llegar hasta el gato. Lo que no tenía tan claro era si podría cogerlo”. Al final todo fue más fácil que lo que esperaba. “El animal estaba ya agotado de estar allí y quería bajar, así que se dejó coger fácilmente”. El último caso fue hace unos días en una aldea de Moaña, donde un gato llevaba casi cuatro días en un árbol de nueve metros sin atreverse a bajar. Javier se desplazó al lugar, ya que estaba trabajando en Chapela, y en muy poco tiempo logró salvar al animal.
Javier además, se dedica a la formación en arboricultura, una actividad que le llevó durante seis años al Perú. Allí, el gobierno de este país andino le solicitó una formación muy especial. Se trataba de enseñar sistemas seguros para trepar a la copa de palmeras gigantescas en el corazón de la selva amazónica peruana. Los frutos de estas palmeras, el aguaje, son el medio de vida de tribus amazónicas y son muy apreciados en la industria cosmética y farmacéutica. Los medios de los que disponían eran “precarios y originaban accidentes, por lo que muchas veces cortaban las palmeras para poder llegar hasta los frutos”. Durante varios meses, Javier se adentró en la selva y enseñó sus métodos de escalada a los indígenas. Algo que también ha enseñado a fotógrafos que trabajan en altura o en la naturaleza “y que necesitaban que alguien les dijera cómo subir sin peligro”.
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