Un testigo: "El cura de Salesianos tocó a un niño hasta 11 veces una noche"
El juicio contra el sacerdote del colegio vigués acusado de abusar de doce menores continuó ayer con declaraciones de víctimas y testigos de los supuestos tocamientos
La sección cuarta de la Audiencia Provincial de Pontevedra acogió ayer la segunda sesión del juicio contra Segundo C.V., el sacerdote del colegio Salesianos de Vigo, acusado de doce delitos de abusos sexuales a seis menores. Durante esta jornada comparecieron tres de las víctimas que quedaban por declarar ante el tribunal provincial, así como otros jóvenes que fueron testigos de lo ocurrido en el verano de 2019 durante un campamento de verano que dirigía el acusado y que estaba organizada por la asociación juvenil Abertal.
En ese campamento, según relataron las víctimas, el acusado les tocó los genitales e introdujo la mano dentro de sus pijamas o de sus sacos de dormir. Según una de las testigos, una noche “hasta once veces” el sacerdote tocó los genitales a uno de los alumnos. La declaración de las víctimas fue a puerta cerrada.
De acuerdo con el abogado de la acusación particular Francisco Javier Lago Calvo, “los menores estuvieron contundentes en su declaración y sin contradicciones con lo que ya habían manifestado anteriormente durante la instrucción”. Por ello, cree que la acusación “ha quedado acreditada”. Además, añadió que en el relato de los chicos no hay “ausencia de incredibilidad subjetiva ni enemistad ni ánimo vindicativo propio”. “Este señor tenía una gran ascendencia sobre los menores, y para ellos resultaba increíble lo que les estaba pasando”, comentó este letrado.
Uno de los testimonios más llamativos de la segunda jornada del juicio fue el de la chica que animó a las víctimas a denunciar los abusos sexuales que estaban sufriendo por parte del cura. Ella explicó en la sala que sus amigos “no denunciaron antes porque tenían miedo a que no les creyeran”. Así, ella y otra compañera les avisaron: “Como no lo digáis vosotros, lo decimos nosotras”.
Los jóvenes relataron entonces los abusos a un monitor del campamento que “se quedó en blanco” y no hizo nada, por lo que acudieron a otro monitor que les recomendó que dejaran la puerta abierta y gritaran. Así, los chicos para “defenderse” juntaron todas las literas y se acostaron “con las almohadas entre las piernas”. Mientras la testigo declaraba, el acusado se mostró visiblemente nervioso, gesticulando airadamente detrás del biombo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último