Un SOS de los tripulantes del ‘Karar’ para regresar a su país
Tribunales
Los tripulantes del ‘Karar’, desesperados, suman siete meses en libertad pero sin permiso de residencia ni trabajo
Siete meses después de haber quedado en libertad provisional, los 14 tripulantes del “Karar”, el barco apresado con un alijo de 3,8 toneladas de cocaína, siguen sin permiso de residencia ni trabajo, acudiendo a una vista eterna y sin ingresos con los que poder salir adelante. Mientras algún otro acusado con el que comparten banquillo aparca su Porsche a las puertas de la Cidade da Xustiza, estos ciudadanos extranjeros, cinco de Bangladesh y nueve de Nepal, se mueven a pie, pues apenas tienen para un billete de autobús.
Pasaron cuatro años en prisión provisional, pero quedaron libres al haber cumplido el máximo permitido y no haber finalizado el juicio. “Nosotros no tenemos la culpa de que el proceso haya tardado tanto, si que hay que pagar una pena, se paga, pero no nos pueden dejar así, tirados”, explicaba ayer uno de los tripulantes en un receso de la vista que lleva numerosos aplazamientos y parones, el último de más de un mes y medio.
Aunque solicitaron un permiso extraordinario de residencia y trabajo atendiendo a su situación, la decisión todavía no ha llegado. “Si estamos muertos ya no tiene sentido este permiso, porque para poder trabajar primero hay que comer”, lamentaba uno de los ciudadanos de Bangladesh.
Desde que quedaron en libertad, sus abogados han sido su principal apoyo, buscando las primeras opciones para no acabar en la calle. “Tratamos de pedir ayuda, pero te mandan de un sitio a otro y todavía no controlamos bien el idioma, ¿cómo quieren nos enteremos de todo?”, comentaban.
Su mayor deseo en estos momentos es regresar a su país. Fue una petición realizada en sala, la expulsión. Todos ellos reconocieron los hechos, que llevaban droga en el barco, una confesión que la Fiscalía siempre tiene en cuenta a la hora de rebajar las penas solicitadas (13 años y medio), pero que en este caso no ha servido para modificar la situación de estos 14 tripulantes, ahora mismo en extrema vulnerabilidad y que conforman el escalón más bajo en la pirámide del narcotráfico.
Se trata de la primera vez en que una orden de libertad se haya convertido en un castigo mayor que la cárcel, porque la mayoría coincide en que estaban mejor allí, “en la calle, sin poder conseguir un trabajo, no hay forma de sobrevivir”.
Al permiso que siguen esperando se suman las largas jornadas del juicio, cuya finalización, quizá antes de 2025, no garantiza el término del proceso. Faltará la sentencia y los más que probables recursos sea cual sea el fallo, de las partes implicadas, lo que podría añadir otro año más en el mejor de los casos. Mientras los tripulantes desean que todo se agilice, para el resto de acusados, la prolongación del procedimiento no es un problema, sino, más bien, todo lo contrario.
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