SOS por el narcopiso de la calle Numancia: “Es un desastre”

Vecinos de la zona alertan de un incremento de las incidencias, con más de cien personas que acuden diariamente a consumir droga en la vivienda, algunos de ellos violentos

Gente en la calle Numancia el pasado miércoles tras casi fallecer un drogodependiente
Gente en la calle Numancia el pasado miércoles tras casi fallecer un drogodependiente

Grito de ayuda desde la calle Numancia. Los vecinos del narcopiso situado en el número 39 y su entorno no pueden más, después de ver intensificada la actividad delictiva, con más trajín de gente. “Esto es un desastre. Vienen más de cien personas al día y el movimiento de gente es constante”, aseguraron desde el vecindario. La problemática deriva de un piso adquirido en propiedad que se dedica a vender sustancias estupefacientes y que, desde hace cinco años ha ido ‘in crescendo’ en su jaleo. Tanto que en los últimos 7 días han encontrado a dos personas en los dominios de la comunidad al borde de la muerte tras un mal viaje. Y eso les genera miedo. “Creemos que les están dando algo muy adulterado, porque les está sentando muy mal”. En la noche del miércoles, la ambulancia tuvo que acudir de urgencia para salvar la vida a un hombre que había consumido algo en mal estado. Y los vecinos ya están hartos.

Sin embargo, no culpan directamente a los consumidores ni al vendedor, al que consideran que es una persona “educada” pese a dedicarse a ese tipo de ilegalidades. “Eso no es menudeo, es tráfico y consumo. El propietario se encuentra a la espera de juicio pero, de momento, sigue vendiendo”, indican. Señalan a personas más arriba en la pirámide, que están “utilizando” al propietario en cuestión solo por poseer una vivienda. “Creemos que lo obligan, porque empezó poco a poco y ahora pasea un montón de gente”.

Reconocen miedo e indignación. Algunos ni siquiera salen de casa o procuran hacerlo cuando no hay mucho ruido para no encontrarse con algún drogodependiente. “La mayoría son educados, igual el 80%, pero luego hay un 20% que vienen con el mono, son conflictivos y ya hubo muchísimas peleas aquí”, señalaron. Una de ellas acabó con un hombre escapando por la ventana del piso y colándose en el bajo, con la mala suerte de toparse con la inquilina dentro de su propiedad.

El mal estado del inmueble obliga a “regalar la vivienda”

Algunos vecinos han sopesado la idea de abandonar la zona. De vender su piso por pocos euros. Pero ni aún así han podido venderlo. “Lo tienes que regalar prácticamente”, aseguraron. Todo ello por el mal estado de sus zonas comunes, con malos olores, desperfectos (ahora ya arreglados) y madrugadas en vela. “Desde las siete de la mañana llegan las ‘mulas’ y ya hacen muchísimo ruido porque hay mucha gente implicada”, señalaron.

El timbre del edificio hecho trizas
El timbre del edificio hecho trizas

Por tanto, su petición es sencilla, después de casi 20 años de conflictos y dificultades: quieren vivir dignamente. No piden más. Y tranquilos. “Tenemos que dejar el portal abierto porque lo rompen por la noche o despiertan a los otros pisos con el timbre”, confesaron.

No es la primera vez que tienen que lidiar con problemas de drogas. Una vez un hombre falleció por sobredosis en un callejón cercano y una mujer estuvo a punto de hacerlo en las inmediaciones de Numancia 39. Incluso se vaciaron dos extintores en una pelea y es habitual encontrar cristales destrozados que debe reponer la comunidad.

Piden más control policial y medidas más contundentes

El vecindario pide más control policial y que sea más eficiente para que se erradique de una vez el problema del narcopiso. Aseguran que la Policía visita regularmente el inmueble, pero solo cuando llaman para solicitar ayuda. El resto, apenas se les ve por allí. “Ellos saben lo que está sucediendo allí pero no hacen nada o no pueden hacerlo”, señalaron. Hubo algunos registros en el narcopiso, pero no lograron requisar nada más que un par de gramos de cocaína. "Sabemos que hay más y lo esconden", aseguran. El hombre en cuestión fue interceptado en la calle Colón hace menos de un año circulando en patinete eléctrico y con diez gramos de cocaína.

Por tanto, el nuevo presidente de la comunidad tomó cartas en el asunto. Envió varios escritos al Concello poniendo en conocimiento la situación y recogió firmas por las calles aledañas para conseguir una solución. Todavía no la han encontrado y la presencia policial solo funciona como medida disuasoria. Pero sin arreglar el problema desde la raíz. En poco menos de media hora tras la disuasión, la actividad vuelve al edificio.

Confían en que de una vez por todas se tomen medidas para “recuperar la convivencia” y eso pasa por más control policial. O que el propietario cese en su actividad delictiva, algo que consideran poco probable. “Por favor, que algún juzgado tome medidas, que alguien nos ayude, que pongan vigilancia, que acaben con esto de una vez, porque aquí viven familias con niños”, explican. El edificio del Calvario no duerme y desde primera hora de la mañana está activo. El goteo de gente entrando y saliendo es continuo todo el día y el timbre sunea sin parar. A no ser que se rompa en un ataque de ira de alguno de los consumidores, cosa que ya ha sucedido con anterioridad.

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