Un siglo de Salesas en Vigo
El único monasterio de la ciudad, obra de Antonio Palacios, mantiene una pequeña comunidad de monjas de clausura que resiste en medio de la ciudad
Las monjas de la Orden de la Visitación de Santa María, las Salesas, conmemoran cien años de la fundación de su monasterio, que es el único que sobrevive en Vigo. La eucaristía de apertura de este centenario, que estará presidida por el obispo de Tui-Vigo, monseñor Antonio Valín, se llevará a cabo mañana, jueves, a las 18:00 horas en la iglesia conventual. En la actualidad, el monasterio de la Visitación de Santa María cuenta con siete monjas. Se trata del único monasterio de clausura de los cinco que hay en el territorio diocesano ubicado en la ciudad de Vigo. Los otros cuatro se encuentran en Redondela, O Rosal, Baiona y Tui, todos de monjas. No hay frailes en Tui-Vigo.
La historia de la orden es bien conocida. En 1927, las hermanas Salesas Reales llegaron a Vigo y se mantendrían en una ubicación provisional hasta la construcción del actual monasterio de la Visitación en el barrio de la Calzada de Teis, proyectado en 1942 por el arquitecto porriñés Antonio Palacios, quien empleó granito para la construcción del edificio. La utilización en la parte exterior de las piedras, tal como salen de las canteras, sin pulir, confiere a la fachada un aspecto rústico, reforzado con la presencia de contrafuertes en los muros exteriores. No obstante, Palacios nunca tuvo suerte con la ciudad de la que era hijo adoptivo y solo pudo completar el primero de los pabellones previstos, el que ahora sirve de imagen icónica. Le pasó lo mismo con el García Barbón y por supuesto con su Plan de Urbanismo.
Al frente de la pequeña comunidad se encuentra Sor Virginia, una enérgica y simpática mujer natural de Kenia, quien entre otras cosas utiliza el whasApp para comunicarse más allá de los muros del monasterio. Como ya informó este diario, Patrimonio Cultural de Galicia está realizando un estudio pormenorizado de la situación en que se encuentra el edificio para iniciar una rehabilitación de la fachada y otros elementos. Sor Virginia lleva algo más de 27 años en España, de ellos casi 25 en Lugo y los tres últimos en las Salesas Reales, en este caso con la esperanza de dar nueva vida a un conjunto lleno de historia. Hace unos meses ya contó que al monasterio le hacían falta muchas cosas para mejorar su habitabilidad, comenzando por las ventanas y sobre todo el tejado “para que no haya goteras". Ahora se comunica por móvil, aunque en el convento lo hace a través de un enrejado tras el que se coloca para hablar. Antiguamente, se hacía mediante un torno, que ocultaba la cara de las religiosas de clausura, o mejor, como ellas dicen, de vida contemplativa. “Era una pena cerrar este monasterio, vinimos aquí para revitalizarlo”, aseguraba la religiosa.
El día comienza a las seis
La Orden de la Visitación de Santa María nació en Annecy, Francia, el 6 de junio de 1610, fundada por san Francisco de Sales y santa Juana Francisca de Chantal. Desde sus primeros años se extendió por Francia y después llegó a España, donde la Orden ha conservado una presencia vivída en diversos casas conventuales, como es el caso de Vigo.
En el monasterio hay dos monjas españolas, que son las mayores, y cinco africanas, de Kenia, Ruanda y Burundi. La rutina la contó la propia Sor Virginia hace unos meses y continúa siendo igual de válida, porque en el día a día todo está reglamentado. Todas ellas comienzan la jornada con la oración a las seis de la mañana y luego continúan rezando y trabajando. La comunidad estuvo trabajando en recuperar el huerto y el invernadero ya se encuentra listo para su uso. La idea es hacer plantaciones ecológicas para tener una fuente de alimentos y también la posibilidad de vender los productos.
El pasado mes de febrero, contaban con la incorporación con una novicia, una española que se acercó al monasterio y se mostró interesada. Pero el proceso es largo y todavía queda mucho por delante antes de que el pequeño grupo de monjas pueda incrementar su número. “De entrada, les damos un año para que puedan venir y compartir con nosotras, para que conozcan esta vida y ver si les gusta. Si sigue adelante, van a un convento a Burgos -donde en ese momento se encontraba la joven- y más adelante ya se convierten en monjas, pero es muy largo y siempre contando con que tengan claro qué quieren, desde la libertad”, explicó la superiora.
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