La sastrería, oficio en vías de extinción
La mayoría de sastres vigueses han abandonado el trabajo artesanal por su carestía y se centran más en el ‘prêt-à-porter’
La tradición perece si no se cultiva. En algunos casos, las nuevas tecnologías empujan a que eso se pierda. La sastrería artesanal en Vigo se encuentra en vías de extinción, agitada por un avance tecnológico y por una sociedad que premia la inmediatez por encima del vestir bien. Muchos de los anteriores sastres han ido abandonando la idea de crear ropa desde cero, de forma personalizada, y se volcaron en un estilo ‘prêt-à-porter’ que consiste en mirar, probar y llevárselo.
Lidia Nadylkova es una de las pocas que quedan en sastrería artesanal en Vigo. Trabajadora de Ivan Cross, cumple una década en la profesión, que aprendió a su llegada a España. “Estudié costura y confección. Aprendí todo lo relacionado con el oficio y el trabajo con máquinas”, apuntó. Poco a poco, fue teniendo contacto con otros sastres formadores, que le despertaron el gusanillo por la confección de prendas. Una tarea más difícil de lo que parece. “Es complejo montarlo una y otra vez. Muy laborioso. El mínimo error, medio centímetro, y el trabajo se pierde”, señaló. Reconoce que cada vez hay menos trabajo artesanal, con algún traje hecho a medida. Ese tipo de encargos ha bajado: “Está desapareciendo, pero la gente no sabe que el traje hecho de forma artesanal queda el doble de bien”. El culpable, según Nadylkova, es la poca curiosidad de los clientes por tener una prenda con personalidad y la devoción por las nuevas máquinas, que agilizan el trabajo pero lo despersonaliza.
El factor económico también influye. Como todas las profesiones. Fernando, de Suitman, ha dirigido su negocio a la sastrería industrial después de comprobar que la sastrería artesanal no salía adelante. “La gente no está preparada para esperar por un traje. Lo quieren verlo puesto delante del espejo, coser a medida y llevárselo”, añadió. No obstante, resiste con algunos clientes que piden cosas exclusivas, sobre todo chalecos hechos a medida y pantalones creados desde cero. “El cliente actual no valora ese trabajo. Quieren ver el pack completo, no solo unas telas”, señaló.
Un traje oscila entre los 300 y los 1.000 euros
Vestir bien puede estar reñido por la situación económica del cliente, las influencias y también por la demografía. Según Fernando, de Suitman, el dinero es importante para el buen vestir. Un traje hecho a mano desde cero puede llegar a costar más de mil euros (el más básico), mientras que un traje común ‘prêt-à-porter’ oscila entre los 300 y los 400 euros. Vigo, según Fernando, ha dejado de vestir de forma elegante y sus mejores clientes han pasado a ser de 45-50 años, cuando antes se encontraban entre los 30-35. “Las nuevas generaciones cada vez van a usar menos el traje. Ya ahora se nota la bajada. Se compra por capricho y no como una necesidad”, apuntó.
Sin abandonar Galicia, Fernando confiesa que A Coruña tiene más gusto a la hora de vestir las prendas, con ropajes más elaborados y de calidad enfrente a un Vigo más “industrializado” en la moda. En España, el talante de Andalucía y Madrid supera con creces a las ciudades del norte. “Allí, la sastrería artesanal se mantiene. Se valora algo nuevo y son más exigente con la ropa”, señaló.
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