San Bartolomeu desafía a la lluvia para espantar los miedos

El mal tiempo redujo la afluencia de la romería, aunque los fieles mantuvieron la tradición de los tres “croques” del santo

San Bartolomeu desafía a la lluvia para espantar los miedos | Vicente Alonso

La lluvia quiso restar protagonismo a San Bartolomé, pero no consiguió acabar con la fe de sus devotos. El Monte Alba volvió a acoger ayer una de las romerías más singulares de Vigo, aunque el mal tiempo provocó una menor afluencia que en años anteriores. La jornada estuvo marcada por los paraguas, el viento y las carpas, pero también por las colas ante la imagen del santo para recibir los tradicionales tres golpes en la frente destinados a espantar los miedos.

Fue así como la capilla de Nuestra Señora del Alba se convirtió un año más en el lugar de encuentro entre fieles que, por promesa o costumbre, deciden reunirse para honrar a San Bartolomeu. Diana Pérez llegó desde O Porriño por primera vez para acompañar a su madre, especialmente devota de San Bartolomeu. También acudió con sus hijos, con la intención de que pasasen bajo la imagen. “Parece ser que ayuda mucho a corregir el habla en los niños. A ver si es verdad y ahorramos en el logopeda”, explicaba, confiando en que el ritual pueda ayudarles con algunas dificultades al pronunciar determinadas letras.

Sin embargo, la jornada festiva estuvo marcada por la lluvia. Esta situación provocó una menor afluencia de fieles respecto a otros años. “A pesar del tiempo, la gente está respondiendo muy bien”, explicaba Eugenia García Rodríguez, integrante de la Comisión de Fiestas de la Virgen del Alba. La lluvia obligó a modificar parte de la celebración, ya que el manto de la Virgen podía mojarse y dificultaba la salida en procesión. “Si llueve no sale”, señalaba.

La misa volvió a ser el principal punto de encuentro de los fieles. Una vez finalizada, los asistentes pudieron participar en el tradicional ritual de San Bartolomeu, para el que se formaron colas en el interior de la capilla. La tradición atribuye al santo el poder de eliminar los miedos y, según sus devotos, también de ayudar a los más pequeños con problemas relacionados con el habla.

La lluvia también condicionó las actividades posteriores. Las actuaciones de la charanga y las tradicionales pujas de animales tuvieron que adaptarse a los espacios cubiertos disponibles. Así, entre paraguas y carpas, San Bartolomé volvió a cumplir su papel de santo “milagrero”. “La fe mueve montañas”, resumía una de las devotas. Y este año, también consiguió mover a muchos fieles bajo la lluvia.

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