Saeeda Mahmoodi, refugiada afgana: “Llegaron los talibanes y se apagó todo, ahora estoy a gusto en Vigo"

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"Cuando alguien ha probado la libertad, aunque sea por un tiempo, no la olvida", asegura esta joven, residente en Vigo desde 2021

Mahmodi en la playa de Samil.
Mahmodi en la playa de Samil. | Atlántico

Saeeda Mahmoodi tiene 30 años y lleva más de cuatro residiendo en Vigo. Nació en Herat, al oeste de Afganistán, una ciudad muy antigua y con mucha cultura, está justo al lado de la frontera con Irán. La vuelta de los talibanes al poder en 2021 la llevó al exilio con estatus de refugiada en España.

¿Cómo decidió instalarse en Vigo?

Bueno, la verdad es que el sistema de acogida nos dio unas pocas opciones, no muchas... lo pensamos un poco y al final elegimos Vigo porque nos pareció que podía estar bien. Y ahora te digo que no me equivoqué. Es una ciudad tranquila y eso para mí es súper importante ahora mismo. Pero claro, empezar de cero en otro país siempre pesa mucho... hay cosas que una trae dentro y no se van de golpe.

¿Qué significó para usted la victoria de los talibanes?

Fue como si de repente se apagara todo. Es difícil de explicar... de un día para otro se acabaron los sueños, los planes, la libertad. Todo lo que habíamos construido desapareció de golpe. Y para las mujeres fue muchísimo peor، porque pasamos a ser casi invisibles en nuestra propia casa.

¿Qué responsabilidad cree que tiene Estados Unidos en lo ocurrido?

Creo que tiene una responsabilidad moral muy grande. No puedes estar veinte años en un país y luego largarte así, de repente, dejando a la gente tirada. Mucha gente confió en ese proceso, en que iba a haber un futuro... al final te queda la sensación de que te soltaron la mano justo en el momento más feo.

¿Cómo está la situación de las mujeres en Afganistán ahora?

Es desgarrador. No es solo que no puedas estudiar ni trabajar... es que te borran de la sociedad. Cosas tan simples como salir a la calle, ir a un parque o al médico se vuelven casi imposibles. Es como vivir encerrada solo por ser mujer... lo peor es sentir que ya no tienes voz.

¿Y cómo se encuentra aquí en Vigo?

La verdad es que bastante a gusto. Vigo me ha sorprendido por lo acogedora que es, por ese ritmo tranquilo que tiene... eso me ayuda mucho a estar bien. Me gusta caminar, mirar a la gente, sentir que la ciudad se mueve. Poco a poco voy encontrando mi sitio, pero también hay días malos... adaptarse no es solo aprender el idioma, es aprender a soltar todo lo que llevas encima.

¿Qué es lo que más le impactó al llegar?

Más que una cosa concreta fue esa sensación de normalidad. Ver que aquí la gente vive con una libertad que ni siquiera se cuestiona. No es que antes todo eso nos fuera ajeno, pero siempre había límites mucha presión y miedo. Aquí esa diferencia la notas hasta en las pequeñas cosas del día a día.

¿Cree que algún día puede haber un gobierno democrático en Afganistán?

Es difícil... la democracia no es solo un sistema político, es una cultura y eso lleva mucho tiempo. Ahora mismo lo veo muy lejos, pero creo en la resistencia de la gente, sobre todo de las mujeres y los jóvenes. Cuando alguien ha probado la libertad, aunque sea por un tiempo, no la olvida. Esa memoria también es una forma de lucha.

¿Cómo lleva lo del español?

Es una pelea diaria pero bueno ahí voy tirando. Para mí el español es la llave para recuperar mi independencia aquí. Estoy intentando aprender rápido para trabajar para no tener que depender de nadie. A veces me frustro porque no encuentro las palabras para decir lo que siento... pero bueno, poco a poco. Cada palabra nueva es un pasito más.

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