Rubén Vila: de banquero a peluquero canino
El vigués decidió con 42 años dejar el mundo de las finanzas en el que llevaba desde 2005 -“se había convertido en un trabajo insorportable”- y abrir una peluquería para perros
El día que su hija de 11 años le dijo llorando que nunca tenía tiempo para ella, cerró la tapa del portátil y no la volvió a abrir. Ese fue el punto de inflexión en la vida de Rubén Vila, un vigués que a sus 42 años decidió abandonar su carrera en el banco para convertirse en emprendedor. Tras estudiar Derecho Económico y Empresarial, Rubén comenzó a trabajar en distintos puestos en empresas hasta que en 2005 se introdujo en la banca. “Comencé a trabajar desde muy joven para pagarme los estudios en la Universidad, y, aunque no era la profesión de mis sueños, acabé en este ámbito”.
Afirma que “a lo largo del tiempo se convirtió en un trabajo insoportable, hasta el punto de generarme ansiedad y hasta depresión”. Explica que la “presión de la empresa era excesiva, siempre te pedían resultados y aún así te hacían sentir inútil”. Recuerda cómo “hasta los fines de semana eran un agobio por el trabajo" y aunque reconoce que tenía un buen sueldo que “me permitía vivir cómodamente, me di cuenta de que no me compesaba. Los domingos ya no los disfrutaba pensando que en lo que me esperaba el día siguiente”.
Fue así cómo cambió el chip y con el apoyo de su familia decidió dar un portazo a la vida profesional que llevaba hasta ese momento. “ Tenía varias alternativas pesnadas, pero siempre me gustaron los perros y de hecho, cuando llegaba a casa del trabajo, me relajaba cortarle el pelo y peinar a mi mascota. De pequeño era yo el que me ocupaba de bañar a los perros que teníamos en casa”, explica. Así fue como abrió en abril pasado una peluquería canina en la calle Aragón y está totalmente convencido de que “es la mejor decisión que he tomado en mi vida, el día que firmé los papeles del finiquito en el banco fue el mejor" y afirma que “no hay un solo empleado de banca que sea feliz”.
En los meses que lleva con su nueva profesión, muy alejada de lo que ha estado haciendo durante años, confiesa sentirse feliz, “me he dado cuenta de que la clave está en la sencillez, ahora tengo tiempo para mi familia y de que tal y como iba mi trayectoria no quería seguir así hasta los 65”.
Dedicado por completo a sus mascotas, asegura que “he tenido suerte porque he conseguido una clientelea fiel, personas que vienen para desearme felices fiestas”. Además, su filosofía es la transparencia con los precios y olvidarse de los tiempos, “aquí el perro que viene tiene el cuidado que necesita”. De momento, “el negocio, en el que también tengo un punto de alimentación natural, va bien".
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