Un rincón dedicado al cliente más fiel de Vigo

El restaurante “Las Barricas”, en O Vao, homenajea así a Lalo, un vecino que lleva acudiendo a su local todos los días desde que abrió

La esquina dedicada a Lalo en “Las Barricas”, con un cartel y varias fotos del protagonista.
La esquina dedicada a Lalo en “Las Barricas”, con un cartel y varias fotos del protagonista.

Todo el mundo que frecuenta “Las Barricas” –un restaurante ubicado en uno de los lugares más privilegiados de O Vao– conoce a Lalo, un vecino de 90 que tiene el honor de ser uno de los clientes más fieles –si no el que más– de Vigo, y tiene un rincón dedicado a él para agradecerle todo el apoyo brindado a lo largo de los años.

Así lo acredita Pablo, dueño del local, que comenta que, como en todo negocio, “los inicios de un restaurante son muy duros y es difícil fidelizar clientela”, pero desde el primer día, hace ya 13 años, Lalo lleva acudiendo al local dos veces por la mañana y otras dos por la tarde “a tomarse su vaso de vino”. Él vive encima del propio restaurante, en la vivienda ubicada en el segundo piso, y Pablo señala que “aunque no le apeteciese el vino, Lalo venía todos los días a hacer un poquito de ambiente y estar con nosotros”.

Cuando el local comenzó a tener cierta fama en la zona, este fiel cliente continuaba con su rutina: dos veces por la mañana y otras dos por la tarde, leyendo la prensa y bebiendo su vino en el rincón que tanto le gustaba. Un rincón que ahora tiene su nombre –y varias fotos– en agradecimiento y a modo de homenaje. “Él es parte de nuestra historia y casi como un miembro de la familia, y cuando empezamos a tener muchos clientes vimos que en ocasiones se quedaba de pie, por lo que decidimos hacerle este detalle”, explica Pablo, que añade que fue una idea que salió de una conversación con otra clienta habitual.

Esto se materializó hace dos años, poco después de superar las restricciones más duras de la pandemia. Desde entonces, un cuadro en el que se puede leer “El rincón de Lalo” corona la esquina en la que tantos días este peculiar vecino se sentó a leer la prensa y a tomar algo. Precisamente, ni siquiera durante la pandemia Lalo abandonó su costumbre: “Desde el minuto 1 que pudimos abrir en el interior, él volvió a venir diariamente. Además, cuando abríamos sólo con un mostrador para llevar, él venía y tomaba algo de pie en el exterior del local”, expresa el dueño de Las Barricas. Ahora, cada vez que baja al local para su rutina diaria, su pequeño rincón es un poco más especial. Y, si hay clientela ocupándolo, se lo ceden con todo el gusto porque se trata de un hombre muy querido en el barrio.

No es para menos, pues Pablo define a Lalo como “un hombre muy suyo, reservado, pero que se preocupa mucho por los demás, en especial por la gente que trabaja aquí. Cuando alguien se va o falta por un tiempo siempre pregunta cómo está o si le pasó algo”. A pesar de que vive solo, este hostelero indica que “se cuida muy bien y es muy autónomo”, tanto que de vez en cuando coge el coche –aunque le han prohibido conducir por las noches– y va al médico o a visitar a sus amigos. “Se puede hablar con él de todo, tiene muchísima cultura y sabe de muchas cosas”, añade Pablo sobre el que, sin lugar a dudas, es el cliente más fiel de Vigo y el único con un sitio permanentemente reservado.

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