Ribadavia, el barrio tras la puerta de Vigo, se inunda de color
Los vecinos pintan las ventanas tapiadas de sus calles para llamar la atención de las carencias de un entorno olvidado
El barrio de Ribadavia es como una isla entre Pizarro, el entorno de Cidade da Xustiza y el Couto de San Honorato, en su mayoría casas unifamiliares, muchas de ellas deshabitadas y ruinosas. Un lugar al que no se va si no es por un motivo. Ahora, los vecinos han logrado llamar la atención con una iniciativa, darle color, pintando las ventanas tapiadas, reproduciendo escenas inspiradas en la vida del barrio.
Es la reminiscencia de un Vigo de otra época que resiste. El mejor ejemplo de este carácter en la puerta monumental de Santa Rita, de 1780. En los años 60 fue colocada y descontextualizada frente a la actual iglesia de San Xosé Obreiro, su situación original. Con la urbanización del entorno con la construcción del hospital, hoy la Cidade da Xustiza, se demolió la antigua capilla de Santa Rita, al otro lado de la puerta y el portalón monumental se trasladó “piedra a piedra”, como indican los vecinos, para cerrar la plaza de O Couto. Los historiadores la relacionan con la familia Montes Piñeiro. En el barrio pocos recuerdan su utilidad, hay quien la relaciona con el puesto de aduana, “la puerta de Vigo”, donde hasta el siglo XX cobraban el impuesto por acceder a la ciudad.
Ni siquiera da acceso a las calles del entorno de Ribadavia, justo detrás. Allí, escondido entre edificios y maleza, está la otra cara de la moneda, con una auténtica revolución social. “Llevamos años con iniciativas para llamar la atención sobre las necesidades del barrio, sabíamos que esto iba a tener repercusión, pero nunca imaginamos que nos uniría tanto, antes no conocíamos a los vecinos y ahora hacemos quedadas por WhatsApp para pintar la calle”. Lourdes Pedrido, su hermano Xoán Antón, Carolina Martínez y David Lorenzo comenzaron con el proyecto “Arte nas fiestras” al que se fueron incorporando participantes entusiastas.
En total tienen 32 superficies que pintar. Ya están todas adjudicadas y con los bocetos distribuidos. La prioridad fue recuperar las historias ya perdidas de los vecinos: En el antiguo bar se recrea una escena de tasca o en las ventanas de la que fue la tienda de Herminia se pintará el interior de un ultramarinos con gente. Hay quienes aún recuerdan a la bruja de Ribadavia que hacía pócimas. A ella también le dedicarán un mural, el de las dos brujas. Pero, sin duda, la historia más emotiva es la del homenaje póstumo al jugador de baloncesto Quino Salvo. Llamaron al artista Roberto Argüelles, ilustrador del libro sobre el deportista, que casualmente vive en Pizarro, a escasos metros del barrio. “Es todo un cúmulo de coincidencias porque el heredero de esta casa, que reside en Santiago, jugó en el Obradoiro con Quino y estaba muy emocionado”, señaló Pedrido. La madre del deportista aún vive en el barrio y puede ver el mural desde su ventada.
El día que estaban preparando las superficies para ser intervenidas se ofrecieron a colaborar dos artistas que desde hace diez años también son oriundos del barrio. Cristina Pino y Gustavo Suasnabar, equipo creativo de Troula Animación, se mostraron entusiasmados con la idea. Ayer trabajaban en su ventana. “Estamos retratando a una mujer anciana y a su hija también mayor, que según nos dijeron, fueron las últimas en ocupar esta casa”, apunta Pino.
En los últimos años vieron como poco a poco las condiciones del barrio fueron mejorando, aunque siguen teniendo muchas carencias. “Las cosas cambiaron mucho con la construcción del edificio de Pizarro, la apertura de supermercados y la dotación del parque, pero aún así no hay accesos fáciles para las ambulancias y aquí vive mucha gente mayor”.
Paula y Gonzalo llevan tres años formando parte de esta comunidad. “Vivíamos en Camelias y quisimos dar un cambio, vendimos el piso y nos vinimos de alquiler a la zona. Un día paseando al perro encontramos una casa que se vendía y nos animamos. Estamos encantados. Es un ambiente muy familiar”. Paula ya tiene asignada una ventana, que comenzará en unos días con otra residente, Tania. “Ella es interiorista e hizo el diseño, yo estoy de pinche”.
Enfrente de la casa de María Dolores Méndez resiste una pared ya sin techumbre, pero con tres vanos tapiados. Cada uno tiene su ilustración. “Mis padres vinieron para aquí cuando yo tenía trece años, me encanta esta iniciativa porque es como devolverle la vida al barrio”.
Desde que se hizo público el proyecto han sido muchos los que se han acercado para poner su granito de arena. Detrás hay historias olvidadas de un pasado común como la de Alejandro, un arquitecto vigués, cuyo padre que fue pintor, al que le quiere dedicar uno de los diseños, nació en esas calles o la vecina que no pudo estudiar Bellas Artes, pero quiere inmortalizar el dibujo con el que se presentó a la prueba de acceso.
Con esta iniciativa quieren demostrar que el arte puede cambiar la vida de la gente y visibilizar el barrio. Comenzaron a pintar el martes con el apoyo del Concello, a través de Patrimonio Histórico, que paga la pintura y preparó las superficies.
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