Episodios vigueses
Rey Alar y Daniel Hortas, periodistas de otro tiempo
Episodios vigueses
Traemos a esta sección de episodios de Vigo a otros personajes que nos precedieron en el espacio del periodismo, de la crónica cotidiana de esta ciudad y Galicia en tiempos lejanos, pero que por sus particularidades merecen el recuerdo. Uno de esos personajes a evocar es un antiguo taquígrafo de “El Pueblo Gallego”, Gonzalo Rey Alar, quien llegó a ser redactor y que durante muchos años ejerció como presidente de la Asociación de la Prensa de Vigo. Volvemos a sumergirnos en el libro del Centenario de la Asociación, donde José Francisco Armesto, con enorme sentido del humor, trazaba los perfiles de los profesionales que nos precedieron.
Rey Alar había ganado un concurso de destreza a la hora del uso de los signos, y de rapidez en su conversión en palabras. Presumía de poseer signos de su cosecha particular Un buen taquígrafo tenía lugar asegurado en cualquier redacción cuando Gonzalo ingresó en los años veinte en "El Pueblo Gallego". Enseguida, como sucedió a especialistas como él en otros medios, le encomendaron labores de redactor. Fue poco más tarde redactor jefe y director en funciones de "El Pueblo Gallego". Ocupó espacio en otras muchas redacciones, ejerció la corresponsalía de varias agencias, pero sus grandes amores fueron "El Anuario de Vigo" y, sobre todo, la "Hoja Oficial de los Lunes”, que dirigió durante muchos años.
Decía Armesto que “Tenía Rey Alar una gran facilidad para parir pequeños textos. Escribía de modo peculiar, abusando de los gerundios, de suerte que con frecuencia costaba trabajo entender lo que había querido decir. Solía hacerlos sobre la misma platina, tal y como se los reclamaba el montador de turno. Relata Armesto que alguno, de tantos y tantos que hacía el bueno del hombre, resultaba difícil de entender, y acabó en alguna cárcel o comisaría de papel, lo que no le hizo gracia alguna. Una noche, malhumorado por el curso de los acontecimientos, a la pregunta del veterano montador Gayoso de qué quería decir con uno de aquellos sueltos o breves, le respondió tajante: “Pregúnteselo mañana a los lectores”. No le fue fácil ser desplazado de la presidencia de la Asociación de la Prensa y de la dirección de “La Hoja”. Y subrayaba Armesto que Cuando años después asumió dicha presidencia el nonagenario doctor Posada Curros, sabedor de mi voto a favor del viejo profesor, me dijo: "veo que se han vuelto ustedes prehistóricos". Posada Curros, doctor en Derecho y Periodista había ganado la batalla, luego de que durante años se le impidiera el ingreso en la Asociación de la Prensa.**
Durante los breves 8 números que duró “La Hoja de los Periodistas”, desde diciembre de 1993 a junio de 1995, contamos con la colaboración especial de un eficiente corresponsal en Madrid, el periodista lucense Daniel Hortas. En las hemerotecas quedarán para siempre la excelente e irrepetible seria de entrevistas con los entonces –y ahora- grandes maestros del periodismo gallego o del periodismo ejercido en Galicia. Los nombres de Raimundo García Domínguez (“Borobó”), José Trapero Pardo, Felipe Fernández Armesto (“Augusto Assía”), Isidoro Guede, Pedro del Llano (“Bocelo”), Manuel Cerezales y Manuel Fernández Areal, fueron entrevistados densa y largamente por Hortas. A estos excelentes trabajos unía sus crónicas desde la capital, como aquel singular relato de las “Tertulias del Balmoral”, frecuentadas por los periodistas gallegos en Madrid, y los grandes personajes de la vida social, cultural, económica, política y taurina de la villa y corte.
Sentía Hortas un especial cariño de Vigo, madurado durante el largo periodo que fue delegado en Lugo del diario “Faro de Vigo”, en la temprana época de expansión del diario decano, cuando lo gestionaba Josechu Amado de Lema. En su abundante producción literaria, nos dejó un libro especialmente querido por él y relacionado con Vigo: “Con el viejo Bene en la isla”. El viejo Bene, de quien se cumplió el centenario en 1995, fue, según Hortas, un santo varón, periodista de la vieja escuela gallega, cuyo espíritu franciscano determinó que amigos y compañeros le atribuyesen el sobrenombre de “0 bendito santo Bene do Faro.” Su cámara de fotos dejó testimonio gráfico de cuantos tesoros guarda esta tierra y de la más variada tipología, celestial, -devoto de todas las “santiñas”. No faltaba a ninguna de sus romerías- y humana, en archivos merecedores de ser rescatados del olvido. De él ya hemos hablado aquí. Alvaro Cunqueiro decía de él que era capaz de retratar el viento, fuera cual fuese su ritmo, incluido el “ventus validos”.
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