Las reservas “fantasma” de mesas que soliviantan Samil

Visitantes habituales destacan que algunos usuarios dejan toallas, manteles o comida para asegurarse un sitio a la hora de comer

Imagen de una familia disfrutando de la comida en una de las mesas del pinar de Samil.
Imagen de una familia disfrutando de la comida en una de las mesas del pinar de Samil. | J.V. Landín

Las mesas del merendero de Samil se convirtieron un verano más en objeto de disputa entre los usuarios del arenal vigués. Toallas, manteles, neveras o incluso comida sirven en ocasiones para “reservar” durante horas una mesa que permanece vacía hasta que sus ocupantes regresan para comer. Una práctica que ya generaba malestar el verano pasado y que los habituales aseguran que continúa siendo frecuente y “sin ningún tipo de reprimenda”.

Nuria García acude a Samil tres días por semana durante el verano. Para ella, encontrarse con mesas ocupadas durante horas supone un problema habitual. “Ponen el mantel y después se van para tener su mesa ocupada”, explica. Según relata, algunas familias terminan comiendo en cafeterías o incluso improvisando ante la falta de espacio.

La situación adquiere una dificultad añadida cuando se trata de personas con movilidad reducida. Nuria señaló que las mesas con bancos integrados no siempre permiten colocar una silla de ruedas y plantea habilitar “cuatro o cinco mesas solo para gente con discapacidad”. “No está adaptada para nada la vida cotidiana a la discapacidad”, lamenta, ya que en su caso no pueden optar por “poner un mantel y comer en el suelo”.

También recuerda una situación especialmente llamativa. “El otro día estábamos aquí. Unos chicos pusieron la comida en la mesa y las gaviotas se la comieron toda. La empanada, la ensaladilla, le comieron todo. Al volver no les quedaba nada”, relata.

Entre los visitantes portugueses, la práctica tampoco cuenta con un respaldo unánime. Diego Vieira, de Guimarães, considera que dejar una toalla para guardar sitio “es malo”, aunque reconoce que “es costumbre”. Francisco Ribeiro, de Braga, directamente lo considera “injusto”. Él opta por llevar siempre una mesa en el coche para evitar quedarse sin sitio. “Ya vengo prevenido porque sé que es algo bastante común”, apunta.

Francisco Aristides, de Monção, también critica que una persona pueda mantener una mesa ocupada durante tres o cuatro horas mientras permanece en la playa. “Podían comer tres o cuatro familias en ese tiempo y no lo hacen porque está la toalla”, sostiene. Aunque reconoce haber tenido algún encontronazo por esta cuestión, considera que no debería estar permitido.

Para estos usuarios, la solución pasa por respetar el uso compartido de las instalaciones. “Tenemos que respetar para ser respetados”, resume Francisco. Mientras tanto, en Samil las mesas continúan siendo un recurso codiciado cuando llega la hora de comer.

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