Relojero, un oficio que sobrevive al paso del tiempo

La demanda de reparaciones de modelos antiguos en Vigo supera a la oferta actual, “hay lista de espera”

Publicado: 17 nov 2025 - 06:00 Actualizado: 17 nov 2025 - 10:46
Gerardo, uno de los relojeros más antiguos de Vigo, sigue en su taller con 76 años.
Gerardo, uno de los relojeros más antiguos de Vigo, sigue en su taller con 76 años. | Jorge Santomé

En un momento en el que los llamados relojes inteligentes y el teléfono móvil marcan las horas de una parte de la población, todavía hay otra parte que prefiere las agujas para acompañar sus pasos. “Hay público para todo”, señala Antonio Penín, uno de los pocos profesionales en Vigo que todavía reparan relojes clásicos o antiguos, además de joyas desde el taller en su joyería. Él además los vende y afirma que “el reloj de pulsera sigue teniendo tirón” ya sea como una inversión si es de lujo, complemento o como “pieza de coleccionista”, pues asegura que “ahora hay una vuelta a lo vintage”.

Lo curioso es que, en el tema de reparación, tiene mucho trabajo. “La demanda es alta porque cada vez somos menos, quedamos unos cuatro o cinco”, explica.

Lo corrobora Gerardo Alonso, colega de profesión, y que en la actualidad centra su negocio, el segundo del ramo más antiguo de Vigo, en reparación y piezas antiguas. “Tengo tantos encargos que hay lista de espera", explica. A sus 76 años todavía acude a su establecimiento todos los días y a veces “salgo tarde” porque “si tengo que pararme con un cliente, lo hago”. La atención personalizada de este oficio es la clave para mantener una clientela fija y también la dedicación para conseguir que relojes, algunos del siglo pasado, vuelvan a funcionar.

Ambos reciben no solo relojes de pulsera sino también de pared, de todo tipo, piezas casi de anticuario. “Antes era muy frecuente tener este tipo de relojes en las casas y hay mucha gente mayor a la que les gusta mantenerlos”, afirma Gerardo, quien también señala que “hay quien viene para ponerlos en hora”.

Aunque Antonio y Gerardo son especialmente respetuosos con quien apuesta por los nuevos relojes inteligentes, ellos son más de los de pulsera. “Para mí, personalmente, un reloj que tiene que cargarse no es un reloj”, dice el primero, mientras el segundo coincide en la misma apreciación. Él lleva un modelo antiguo, de los que ahora se considera vintage, que está fabricado y diseñado para ver la hora, “si te cuenta los pasos que das o te da la información de salud eso ya no es un reloj”.

Para hacer magia con algunas de las piezas que llegan a sus talleres a veces es complicado. “Muchas de las fábricas de componentes cerraron”, señala Antonio, así que tienen que arreglárselas buscando por aquí y por allá. “Siempre vas guardando piezas y al final las reutilizas en nuevos trabajos”, indica Gerardo, quien reconoce que “he tenido que ir adaptándome y adquiriendo material y herramientas nuevas que te facilitan el trabajo”.

Este artesano vigués estuvo 26 años como relojero del Santa Irene, subiendo y bajando los numerosos peldaños para encargarse de su mantenimiento y de que estuviera a punto en Fin de Año, algo que tuvo que dejar porque “ya no podía". Ahora y después de tanto tiempo de oficio ya piensa en un futuro más próximo que lejano, echar el cierre, “aunque es un trabajo que me gusta, es momento de descansar" y con él se acabará un negocio familiar centenario en el que primero estuvo su abuelo y después su padre, con los que aprendió a fortalecer su paciencia y habilidad. No hay relevo generacional. Tampoco en el caso de Antonio, con años de experiencia y trabajo virtuoso en su negocio pero que ya anuncia que se jubilará el verano que viene. Paradójicamente, siendo relojero, lo que quiere ahora “es tiempo”.

Antonio Penín,  en su taller de la joyería, que dejará el año que viene.
Antonio Penín, en su taller de la joyería, que dejará el año que viene. | Jorge Santomé

Más ventas en joyerías frente a los artículos económicos

Antonio Penín es además presidente de la Asociación de Joyeros de la provincia de Pontevedra y considera que las ventas de relojes en estos establecimientos se mantienen frente a artículos más económicos o de calidad más baja que en el pasado tenía más tirón en otro tipo de negocios, como bazares o incluso puestos de venta ambulante. “Hay quien compra un reloj de pulsera aunque utilice el móvil para ver la hora, porque tiene una cena y quiere ir elegante, como un complemento más, o también como una forma de invertir igual que una joya”, asegura.

Los últimos datos publicados sobre el mercado minorista de joyería y relojería confirman que los relojes de pulsera en joyerías se siguen vendiendo a buen ritmo. Según un informe del Observatorio Sectorial DBK, de Informa, líder en el suministro de información comercial y financiera, las ventas minoristas de joyería y relojería subieron el año pasado en España un 10,5% pero además que por tipo de productos, los de relojería supusieron el 40% de las ventas, mientras que la joyería y bisutería el 55% y la platería y complementos el 5% restante.

Tanto Antonio como Gerardo seguirán cambiando la hora de forma manual en sus propios relojes y en otros donde no es tan sencillo y así se lo requieran los propietarios.

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