Religiosidad y vida cotidiana en Roma
La Universidad de Vigo reúne a más de 200 expertos internacionales para debatir de la mujer en el derecho romano
La segunda jornada de la 79ª edición de la Société Internationale Fernand De Visscher pour l’Histoire des Droits de l’Antiquité (Sihda) reunió a cientos de especialistas de distintas materias relacionadas con el derecho romano, organizado por la Universidad de Vigo. Con cinco mesas simultáneas y tres sesiones a lo largo del día, se trataron temas como el caso de Egeria, la peregrina gallega del siglo IV, con la intervención de Bárbara Biscotti y Eduardo López Pereira; el matrimonio en distintos ámbitos como en el ejército con la ponencia de Juan Pérez Carrandi. Además, disertaron sobre el adulterio en el derecho romano o la tutela femenina. El Sihda es uno de los grandes encuentros académicos internacionales sobre Derecho Romano e Historia de la Antigüedad que se celebra por primera vez en Galicia. La sede de la Afundación reúne esta semana profesorado y personal investigador universitario de reconocido prestigio internacional bajo un eje central de especial actualidad: Las mujeres en el Derecho de la Antigüedad.
Bárbara Biscotti, de la Universidad de Milán-Bicocca: “Egeria y las peregrinas del siglo IV son las que crean la idea de Tierra Santa”
Bárbara Biscotti habló sobre Egeria, la peregrina gallega del siglo IV, centrando su ponencia en la autonomía femenina entre derecho imperial y praxis eclesiástica.
¿Qué sabemos de este personaje, Egeria?
Muy poco. Creo que era viuda y de la alta sociedad, ya que tiene posibilidad de viajar por las carreteras públicas, sólo accesibles a los funcionarios. Se hospedaba en mansiones, que son los hoteles de entonces destinados a los representantes administrativos. Debía estar autorizada. No era una peregrina normal, se dirigía en igualdad de condiciones con los dirigentes religiosos.
¿Había más mujeres peregrinas?
Egeria es una de muchas, pero es la única que escribe ella misma sobre el viaje. En el siglo IV las mujeres tenían la posibilidad de hacer cosas bajo la protección de la Iglesia como acciones benéficas para los pobres, debates ideológicos e ir a conocer al desierto a los padres de la Iglesia.
¿Entonces el derecho romano cambió en este momento?
El siglo IV se abre con Constantino, que autoriza el cristianismo, y se cierra con Teodosio, que lo declara religión de Estado. Las leyes se van cristianizando; además, de la Iglesia primitiva las mujeres tenían más posibilidades, ya que ante Dios todos eran iguales. Salieron beneficiadas, en Oriente llegaron a ser diáconas y otorgar los sacramentos a otras mujeres. También podían hablar en público, algo que en derecho romano estaba prohibido. Tenemos el caso de Marcela de Roma, mecenas de Jerónimo de Estridón, con una vida evangélica y activa.
Volviendo a Egeria, ¿a quién escribía?
Escribió la carta a mujeres que había dejado en su patria. Encabezaba las cartas como “carísimas señoras mías”, con un tratamiento de hermanas. Sabemos que en este siglo hay mujeres viudas o vírgenes que deciden vivir en comunidad y compartir unas normas que más adelante desembocarían en los monasterios. La idea nace aquí y se expande en el siglo V.
¿Qué contaba en su carta?
Sólo tenemos una carta, la mitad está dedicada a cómo se hacía la liturgia de la Semana Santa en Jerusalén, es posible que por ello se haya conservado. En la otra mitad habla de sus viajes: va a Jerusalén en 381, donde está tres años, se mueve por Oriente Medio y el norte de África, siguiendo como guía el Evangelio y los Escrituras.
¿Recorre los lugares sagrados?
Sí, pero en aquel momento no lo eran. Son Egeria y las mujeres que peregrinan en época de Constantino las que crean la idea de la Tierra Santa. Elena, la madre del emperador, abre esa peregrinación femenina en el 326. Hay hombres, pero muchísimos menos.
¿Era peligroso?
Un poco, de hecho, Egeria especifica cuándo va acompañada por soldados y cuándo no. Otra señal de que era importante.
¿Qué fue de Egeria?
No sabemos. Tenía intención de ir a Éfeso, si su cuerpo se lo permitía.
Juan Pérez Carrandi, Universidad Complutense de Madrid: “En el campamento militar romano no tienen cabida ni mujeres, ni familias”
Juan Pérez Carrandi disertó sobre la ausencia de esposas en el ejército romano alto imperial, especificando el caso de los centuriones.
¿Estaba prohibido el matrimonio entre los militares romanos?
En el ejército romano había una prohibición taxativa del matrimonio para todos los militares desde la etapa del primer emperador, Augusto, hasta finales del siglo III, en la etapa del emperador Severo. Fueron unos 300 años en los que no se podían casar. En un campamento militar no tienen cabida mujeres, ni familias porque perturban la disciplina.
¿Ni siquiera los altos mandos?
Los más provisionales, que pueden ir y venir, probablemente fueran acompañados por sus esposas de forma puntual. Augusto les prohíbe a las esposas de sus lugartenientes residieran en el campamento, solo permite visitas esporádicas. Y, por supuesto, en un campamento no entra ninguna mujer, a no ser la del legado. Tampoco hay niños, solo hay sitio para hombres: soldados, centuriones, tribunos, preceptos, legados y esclavos. Es posible que estos supusieran una competencia para las mujeres.
¿Estaba aceptada la homosexualidad?
Estaba ampliamente extendida, pero igualmente reprimida y mal vista.
¿Por qué se centró en los centuriones?
Hablo de soledad y el centurión es la persona más solitaria en el ejército. Tenía condiciones físicas óptimas, valor y dotes de mando extraordinarias, también muy temida y odiada por aplicar disciplina de forma brutal. Pegaban con un bastón de mando hecho con rama de vid. Así, en la revuelta a la muerte de Augusto hubo ensañamiento contra los centuriones, los masacraron.
¿Ese carácter iba en el cargo?
Sí. Era una figura importante en el ejército, estaba al frente de 80 hombres. En los campamentos había barracones, por cada uno diez contubernios (habitaciones) con ocho soldados cada una y en el margen lateral la estancia del centurión, de mayor tamaño. Por los estudios arqueológicos se ha deducido que aún teniendo espacio, no estaba acompañado por mujeres, ni niños. Es cierto que algunos campamentos estaban asociados a una aldea exterior con termas, prostíbulos y comerciantes, aunque Roma quería evitar el ocio entre los soldados.
¿No se casaban entonces?
La pregunta es cuándo inician estos matrimonios, con Augusto está prohibido, pero eso no significa que no haya uniones ilegales, no reconocidas por el derecho, se podían reconocer tras licenciarse.
¿Cómo quedaban estas mujeres si el centurión moría en la guerra?
El matrimonio no estaba reconocido, por lo que el derecho romano lo ignora. Hay papiros jurídicos de Egipto del siglo II, donde la viúda de un soldado inactivo al fallecer pide al prefecto la restitución de la dote, pero al casarse cuando estaba de servicio no se consideró legal.
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