Relevo generacional: preservar el legado con una nueva mirada
Dar paso a una nueva generación en la empresa es un desafío que necesita generosidad de la persona que sale y humildad y preparación de la que entra
Tres familias empresarias de Vigo han abierto sus puertas a Atlántico para contar los entresijos de uno de los momentos más delicados de las compañías, la sucesión. Ahora que se está hablando de que miles de empresas y negocios se están quedando sin relevo generacional, estas tres familias cuentan cómo lo han hecho y hay dos palabras que se repiten: generosidad y humildad. A ellas se suman otros dos relevos auspiciados desde la Xunta, con su Bono Remuda, de la treintena de negocios de la provincia, 15 de Vigo, que se han beneficiado. Cinco casos con los que se pueden identificar muchas empresas.
Isabel Álvarez ha cogido el testigo de su padre, José Carlos Álvarez Fernández, en la consultoría DPI Estrategia después de desarrollar su propia carrera profesional durante 17 años, primero en una empresa líder internacional y después como directora de una pyme tecnológica. “No llegué para sustituir de un día para otro a quien había fundado el proyecto”, explica. “Para mí, asumir el relevo no fue ocupar el sitio de mi padre, sino recoger un legado y hacerlo avanzar con mi propia mirada”, añade.
Sus argumentos tienen un aire a los que expresa Ángel Pidal, recién nombrado CEO de Grupo Nortempo, compañía que preside su padre Bartolomé Pidal. “El relevo generacional está siendo natural, planificado y muy acompañado”, explica. Lleva casi una década en el grupo, empezando desde abajo y pasando por distintos puestos. Entiende que, en el relevo, “una persona no sale para que entre otra, sino que es un proceso de evolución de la propia compañía incorporando una nueva generación de liderazgo”, añade.
Lois Fernández es el CEO de Montega, segunda generación de la empresa que fundó hace casi cuatro décadas su padre, Luis Fernández. Empezó su carrera en otras empresas, sin pensar que acabaría cogiendo las riendas de la compañía familiar. “Fue algo natural. He ido poco a poco asumiendo responsabilidades”, explica.
Para Isabel Álvarez, que se dedica a la consultoría de estrategia, hay tres claves en este proceso: entender que preservar el legado no siempre significa seguir dirigiendo; mantener la esencia, pero permitir la evolución; y preparar el relevo como un proceso estratégico, no como un trámite familiar.
Precisa que “uno de los aprendizajes más importantes es diferenciar bien propiedad y gestión. En muchas empresas familiares ambos roles han estado históricamente unidos en la misma persona, pero no necesariamente tienen que seguir estándolo”, explica, porque “a veces, la mejor manera de proteger el proyecto no es continuar gestionándolo”, un paso que “exige generosidad, confianza y capacidad para dejar espacio”.
Añade la segunda clave, porque “continuar un legado no es imitar al predecesor” y opina que “los relevos que mejor funcionan son los que combinan experiencia y renovación”, es decir, una oportunidad. Finalmente, “un relevo necesita conversación y método”. No hay fórmulas mágicas, porque cada empresa tiene su historia, y conviene anticiparla para ordenar, porque es “una decisión estratégica”. En su experiencia “los relevos que mejor funcionan combinan generosidad por parte de quien cede; humildad y preparación por parte de quien asume”.
Ángel Pidal opina que “hay que ver el relevo generacional como un proyecto empresarial y no como un tema familiar”. Añade que “es importante: planificar el relevo y que, si es necesario, exista un acompañamiento externo”. En este sentido, considera que “tiene que haber una claridad de roles durante el proceso: qué funciones se van asumiendo en la convivencia de generaciones y que los equipos tengan claro quién toma las decisiones. Aquí la comunicación juega un papel clave”, subraya. Añade a todo ello que “la persona que se incorpora debería tener un recorrido en la compañía” porque “la credibilidad se construye con resultados y cercanía” y, una palabra que se repite, “la humildad juega un papel clave”.
“Ya he comprado dos empresas y estoy mirando una de fontanería”
El relevo generacional en Galicia tiene otro camino y es el auspiciado desde la Xunta con el Bono Remuda. Una ayuda para que los profesionales más jóvenes vean un incentivo en quedarse con negocios cuyos propietarios se jubilan. Es el caso de Hugo García Facal, de 44 años, que ya se ha hecho con dos empresas y está analizando una tercera.
En su caso el Bono Remuda lo recibió por Electricidad Paramos, una empresa de Salceda cuyo fundador, Domingo Paramos, se jubilaba. “Trabajaba en telecomunicaciones en Madrid pero quería algo así”, explica. A los pocos meses contactó con él Francisco Piñeiro, de ElectroNavia y ahora tiene 22 empleados en las dos empresas. “Ahora estoy mirando una de fontanería”, añade, aunque aún no sabe cómo terminará la operación.
“Hay bastante trabajo”, explica, aunque el problema es la búsqueda de profesionales y el relevo generacional, de hecho ya ha tenido otras ofertas de negocios que no tienen relevo. “Lo que quiero es crecer y dejarle algo a mis hijas”, añade.
Recuerda que su “mentor fue José Luis Modroño, que me presentó a gente y una vez que entras en esto es como una droga”.
Sobre la situación de las empresas que tienen que cerrar porque no hay profesionales que se hagan cargo de ellas, explica que “no es tan fácil coger una empresa así, porque es como empezar de cero y hay clientes que se quedan contigo, pero otros que ya no quieren seguir”, concluye el empresario.
“Es una experiencia muy positiva y se aprende muchísimo”
Pedro López Cadilla es empresario y se ha hecho cargo de Artes Gráficas Rodoprint, en Cerdedo-Cotobade, con una ayuda del Bono Remuda de la Xunta de Galicia. “Me dedico a centros de mayores, pero por un conocido me metí y en la gestoría me dijeron que había este tipo de ayuda y tiramos para adelante”, explica.
A su juicio el apoyo de la Xunta es muy positivo y en su caso también fue determinante el del fundador de la empresa, Emilio, “que es una persona excepcional, nos tuteló desde el principio y sigue ahí para lo que necesitemos”, subraya.
La parte menos buena es que se trata de un sector en retroceso el de las imprentas, con una cuota de mercado cada vez más pequeña, “porque antes los folletos iban al buzón de casa, pero ahora la publicidad va al teléfono. Ese volumen de copias se perdió, aunque se mantienen las comisiones de fiestas y algunas cosas de las administraciones públicas”, añade. Pero el resumen es que “es una experiencia muy positiva y se aprende muchísimo. Estamos aprendiendo mucho del anterior administrador y de conjugar su experiencia con los análisis de mercado que tenemos nosotros”.
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