El 'Refugio del Pescador' dice adiós tras 40 años en Panxón

A ‘Tavo’ le ha llegado la hora de jubilarse, el establecimiento situado en el puerto marítimo cerró sus puertas ayer lunes 31 de enero tras llevar funcionando desde el 13 de junio de 1984

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El puerto de Panxón perdió el pasado domingo 30 de enero a uno de los establecimientos más emblemáticos de la zona. El ‘Refugio del Pescador’ se despide de sus clientes tras casi cuatro décadas de puertas abiertas, de comidas, cenas, veranos, inviernos, chiquitas y primaveras con veladas en donde el tapete y las barajas mandaban. Este negocio era de los de la vieja escuela, con mucha solera e innumerables historias a sus espaldas. Funcionó como punto de encuentro de unos vecinos que por hache o por be estaban directa o indirectamente relacionados con el mundo del mar. Allí se mezclaban marineros, visitantes o propietarios de segundas residencias que tenían en Nigrán su refugio de verano para disfrutar de la comida más tradicional regada con unas buenas tazas de vino al amparo del puerto nigranés.

A su propietario, Gustavo Vidal Costas, “Tavo”, le ha llegado la hora de jubilarse, asegura que este es su momento y que se va para dedicarse más tiempo a él mismo. Lo hace cuando ha pasado lo peor de la pandemia. “Las restricciones apretaron, pero también quemaron mucho”, manifiesta. Y es que estos dos últimos años no han sido especialmente buenos, las idas y venidas de las limitaciones o sus constantes cambios también condicionaron la actitud de algunos de sus clientes. Todo ello fue cansando y tras 40 años en la profesión sus ganas no son las mismas. En 1984 comenzó su andadura con la apertura de un pequeño establecimiento muy próximo al Náutico de Panxón en un local anexo a la carpintería de su padre Ricardo. Por aquel entonces su negocio no llegaba a los 100 metros cuadrados y se conformaba con una pequeña sala compuesta por una cocina, barra, un puñado de mesas y terraza.

Todavía recuerda como si fuese ayer las cantidades ingentes de sardinas asadas despachadas junto a ‘Milo’, empleado y otro gran incombustible del establecimiento, como especialidad de la casa hasta que seis años después, en agosto de 1989, el Pescador cerró sus puertas temporalmente para reabrir a principios de los noventa con dos nuevos comedores gracias al espacio ganado al negocio familiar. Con la jubilación de su padre, el establecimiento triplicó su superficie pasando a medir 300 metros cuadrados, durante la temporada alta la plantilla de trabajadores se multiplicaba al igual que las comandas llegando a superar con mucha holgura las 100 comidas. Ahora el Pescador permanecerá cerrado al público un mínimo de ocho meses mientras aguarda que otro coja sus riendas. Desde ahora las bromas de ‘Tavo’ y ‘Milo’ pasarán a la fuerza formar parte de los recuerdos de su antigua clientela, al igual que su bacalao al horno o sus sardinas asadas.

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