La red de la 'Operación Ninfas' tenía 3 millones en bienes
El operativo permitió desarticular en Vigo una red internacional dedicada al prostitución
La red dedicada a la explotación sexual de mujeres brasileñas y venezolanas desmantelada en Vigo esta semana había constituido un complejo entramado de sociedades instrumentales para facturar los beneficios sin levantar sospechas y enviarlos a Brasil, y contaba con bienes valorados en tres millones de euros.
Diez personas fueron detenidas en total, seis en las provincias de Ourense y Pontevedra que eran los máximos responsables de la red y otras cuatro en Brasil, en el marco de esta operación denominada Ninfas, en la que han participado la Policía Nacional y la Federal del país sudamericano y que ha sido dirigida por el Juzgado de Instrucción número 1 de Vigo, que ha decretado el secreto de sumario y el ingreso en prisión de tres de ellas.
La red desarticulada, tal como informó este diario en su edición del pasado viernes, explotaba en clubes de alterne de Ourense y Pontevedra a mujeres de entre 20 y 30 años procedentes de Brasil y Venezuela a las que se ofrecía trabajo en España. Una vez aquí, para obligarlas a ejercer la prostitución, les retiraban el pasaporte, les exigían el pago de 3.000 euros por la deuda contraída por el viaje y las amenazaban, presiones que recaían no solo sobre ellas sino también sobre sus familias.
Según precisó ayer, domingo, el Ministerio del Interior, el presunto jefe del clan es oriundo de Ourense, mantenía vínculos familiares con Brasil, donde habría regentado algún club de alterne en el pasado y donde estaba siendo buscado por las autoridades judiciales por causas pendientes relacionadas con delitos de proxenetismo. Las autoridades brasileñas han solicitado ya su extradición por las causas que tiene pendientes en ese país.
denuncia de las mujeres
La operación se abrió a raíz de la denuncia presentada por dos mujeres víctimas de esta organización. Las pesquisas policiales, iniciadas el pasado marzo por agentes de la Comisaría de Vigo, permitieron averiguar que el núcleo básico del grupo estaba compuesto por un clan familiar cuyo cabecilla estaba casado con una brasileña.
Ambos, además de su hija, su hijo y la esposa de este último, dirigían la actividad de la banda en España con funciones claramente establecidas, de manera que el padre era el principal líder de la organización, el hijo el administrador de uno de los clubes y la hija la encargada y administradora de otro. Personas de la máxima confianza eran las encargadas de captar a las mujeres, sobre todo amigas de los miembros del clan e incluso familiares, como la suegra del cabecilla.
La colaboración de la policía española y brasileña permitió desarticular esta red y averiguar que, de forma paralela, habían constituido un complejo entramado societario, con diversas sociedades instrumentales utilizadas como sociedades pantalla para facturar los beneficios económicos obtenidos de la explotación sexual y enviarlos a Brasil, donde contaba con diversas propiedades inmobiliarias.
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