Episodios vigueses
Recuerdos de los periodistas del pasado para no olvidar
Episodios vigueses
En este repositorio de recuerdos, sucedidos, personajes e historias de esta ciudad desde la perspectiva de un periodista veterano, de vez en cuando me agrada especialmente ir recordando a los viejos profesionales que nos precedieron y nos enseñaron y que pueblan las colecciones de los diversos periódicos locales hasta el presente. Ya hemos taído aquí en alguna ocasión de los grandes clásicos, como fueron Cunqueiro, Castroviejo. Posada Curros, o Bene o Tourón, pero en esa crónica sentimental nos van quedando muchos colegas que evocar. En libro que dedicamos al Centenario de la Asociación de la Prensa (1909-2009), donde de nuevo nos introducimos, de la mano de José Francisco Armesto que, junto a Gerardo González Martín, fue uno de los más documentados cronistas de aquel tiempo. Tuve el privilegio de conocerlos a todos ellos y durante mi presidencia de la Asociación de la Prensa (1992-2010) pude organizar los homenajes que individualmente merecían y entregarles una placa que lo señalaba.
Quiero empezar esta crónica, de la mano de lo que José Francisco Armesto, director que fue de “Faro de Vigo” en la etapa final en que el decano de la prensa española era todavía de la familia fundadora y sus herederos. Uno de aquellos periodistas singulares fuera el zamorano Eugenio Díez Seco, director de “El Pueblo Gallego”. Contaba Armesto que iba para abogado, pero que la guerra civil truncó su carrera, al ser llamado a filas, donde fue uno de tantos oficiales de complemento improvisados. Decía Armesto: “Alguna vez, junto con José Manuel Ponte y Pepe Rey, hicimos esfuerzos mil para imaginamos a Díez Seco como coronel-jefe de un regimiento, y por mucha imaginación que le echamos -y créanme que no la regateamos-- no lo veíamos de ninguna manera con tres estrellas de ocho puntas en la bocamanga, recibiendo a todas horas partes de novedades·.
Eugenio acabó como tantos otros en la Escuela Oficial de Periodismo. Luego del paso por otras redacciones recaló en Vigo como subdirector de “El Pueblo Gallego”, uno de tantos periódicos incautados y que acabaría dentro del conjunto de periódicos de la llamada “Prensa del Movimiento”, tan lejos del ideario y la trayectoria de este periódico que fuera de Portela Valladares. Contaba Armesto que tenía una facilidad extraordinaria para redactar unos cuantos folios con destino a un concurso periodístico. Ganó muchos, a veces con el truco de presentarse con pseudónimo de mujer.
Otro periodista singular fue Angel Sevillano García, testigo pacífico de la incautación de el periódico citado por los sublevados. Se contaba que estando en la redacción se presentaron los nuevos ocupantes y que uno de estos descargó su sable sobre la máquina de escribir con la que trabajaba. Contaba Armesto, sobre este episodio: “Nunca lo conseguí, a pesar de mi insistencia. Los de su generación siempre guardaron silencio sobre aquel trance vivido. Parecía anidar en todos ellos cierto miedo o desconfianza. Sevillano, como otros compañeros de "El Pueblo Gallego" continuó en la casa, y esa continuidad los hizo sospechosos a los ojos de algunos. A decir verdad, no sé exactamente de qué. Todos ellos no hicieron esfuerzo alguno para explicar su actitud, o para hablar en su descargo, cuando sabían que había quienes les criticaban”.
Cuentan que su dolorosa experiencia lo hizo ser especialmente prudente ante la realidad que el régimen imponía a la prensa. Era un hombre culto, tolerante, con oficio. Y como ya conociera todo el peso de la censura. Dejó unos versos escritos que él mismo destruyó lamentablemente. Fue el primer director-periodista de "Grial". Y contaba Armesto que cuando fue redactor a sus órdenes, era frecuente que usara el lápiz rojo para contener el entusiasmo de quienes carecían de su experiencia. En ese tiempo se hizo famosa una frase que usaba cuando lo hacía. Decía entonces “Yo conozco a mis clásicos”. Es decir, era una forma consciente de exponer que en aquel contexto el director de un medio ha de ejercer el mismo la censura, cosa que por cierto marcaba la Ley de Prensa de Fraga a los directores de un periódico.
Seguiremos otro día con otros personajes del periodismo de aquel tiempo. Porque de aquellos veteranos maestros hay mucho que contar.
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