El recuerdo del vicealmirante Piñero y aquella entrañable ETEA

Luis Piñero recibe a los periodistas en la ETEA.
Luis Piñero recibe a los periodistas en la ETEA.

El fallecimiento en Madrid del vicealmirante Luis Piñero, padre de nuestro querido compañero y amigo el periodista Luis, a los 96 años de edad, ha reverdecido el recuerdo de la ETEA, Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada, de la que fue director y profesor en una de sus últimas etapas. Y este recuerdo enciende otro, el de la triste y lamentable pérdida de este centro para Vigo, de enorme prestigio, que durante décadas formó no sólo a personal de nuestra Marina de Guerra, sino de otras marinas y, sobre todo, personal para la sociedad civil. En una ocasión, un almirante comentó a Piñero que el costoso mantenimiento del centro podía cuestionarse, dado que la mayoría de los allí formados se iban de la Armada antes o después, pero el marino ahora fallecido le dijo: “Cierto que muchos de estos especialistas que formamos no los tiene la Armada, pero los tiene España”.

El cierre de las instalaciones de la ETEA en Vigo, y el traslado de la misma a Ferrol, fue una de las más torpes y criticadas decisiones del entonces jefe del Estado Mayor Armada, AJEMA, Francisco José Torrente Sánchez (16/XII/2000-30/IV/2004) que consumó de este modo uno de los más graves errores de su carrera. He escuchado a altos oficiales de la Marina que se arrepintió de ello y que no era consciente del efecto de esta decisión. Estaba previsto, dado su prestigio y la calidad de la formación allí impartida, que la ETEA se convirtiera en un gran centro de formación tecnológica para los tres ejércitos, pero ese proyecto no se consumó. Comparar sus instalaciones de Teis con las que ahora ocupa en Ferrol produce más indignación que pena. Pero no se puede borrar su historia y los servicios que prestó al país.

La ETEA llevaba en Vigo desde 1952, cuando por iniciativa del almirante Alvarez-Ossorio se dio vida a uno de los centros académicos que mayores servicios prestaría a la Armada, diseñado hasta el último detalle, incluidos nobles edificios mucho mejores que los de la propia Escuela Naval de Marín. El comandante Álvarez-Ossorio, que dirigió el centro desde 1952 a 1965, hizo de esta escuela uno de los centros de referencia de la Armada. El vicealmirante Piñeiro, en su etapa como director, fue un brillante continuador de aquella labor. Poseía la ETEA hasta importantes piezas de museo, hoy en gran parte desaparecidas, incluida una ingeniosa máquina del movimiento continuo, que producía electricidad mediante un balancín que se movía con las olas, fruto de la inteligencia de un oficial del cuerpo de máquinas. Antes de que la ETEA se instalara en la Estación Naval de Ríos, entre los años 1942 a 1947, los futuros especialistas de la Armada se formaban en los muelles de Vigo a bordo del viejo “Navarra”, hasta que Alvárez-Ossorio proyectó con notable éxito la creación de una moderna escuela de electrónica que más tarde desembocaría en la ETEA. De la calidad de los hombres que allí se formaron es que alguno de los más reconocidos especialistas en electrónica que ejercen en el área de Vigo proceden de este centro. En 2002, el centro fue desmantelado y trasladado a Ferrol, sin que la sociedad viguesa reaccionara como se esperaba. Se abandonaron a sus suerte los históricos edificios, con el resultado que cabía esperar.

En la etapa como director de Luis Piñero (1982-1984), la ETEA se proyectó todavía más hacia la sociedad. Recordamos las visitas a este centro, la cordialidad con que éramos recibidos. Puesta en marcha la cátedra Alvarez-Ossorio, ahora integrada en la Universidad, y que ahora celebra sus actos en la Escuela Naval Militar de Marín, fue un hito histórico. Recuerdo que, tras las conferencias, y como es costumbre en la Armada, los asistentes compartíamos un vino generoso en la cámara de oficiales. Además, era tradicional que cuando visitaban Vigo buques de nuestra escuadra, se hiciera una recepción en dicha cámara, a las que tuve el privilegio de ser invitado y departir con los comandantes y oficiales de los barcos. Queda, pues, en la memoria, el caudal de tales recuerdos con la pena de que Vigo permitiera perder una de sus elementos históricos de su propio pasado naval.

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