Reabren las galerías Durán en Príncipe reconvertidas en una calle del arte
Beny Fernández las ocupará en julio con exposiciones y actuaciones, un paso más en el cambio del centro abierto
Las galerías Durán recuperarán su dinamismo durante el mes de julio como una calle dedicada al arte. Una propuesta que constata la transformación de Príncipe ante la apertura de nuevos centros comerciales. Así, pasó de ser una vía meramente comercial a ofrecer servicios más centrados en el ocio y en los negocios. La iniciativa surgió de Beny Fernández, quien llegó a un acuerdo con el actual propietario para llenar de vida el paso cubierto que une Velázquez Moreno y Príncipe. Ex-piloto de rally y empresario, desde hace unos años se ha convertido en uno de los marchantes de arte más activos de la ciudad desde Espacio Beny. Ahora quiere llevar a sus artistas a un entorno diferente.
“El dueño de las galerías está pendiente de hacer una reforma integral, mientras están cerradas, sin ninguna actividad. Mi intención es transformalas en un centro cultural durante un mes”, afirma el empresario. Todos los locales acogerán a dos o tres autores, también se ocuparán los espacios comunes con conciertos de 11 a 21 horas. “En colaboración con los responsables del Vitruvia, organizaremos una actuación de jazz a la semana”. También recuperarán el servicio de cafetería en la plaza central que actualmente no funciona. “Mantedríamos todo tal y como está, me gusta la decoración, me encantan las baldosas, lo único malo es la iluminación que para exponer pintura y escultura no es la más adecuada. Habría que ver la forma de solucionarlo, sin que suponga un gasto excesivo”.
El objetivo es comercial, aunque reconoce que la situación está muy complicada. “Hay quienes siguen hablando del mercado del arte como si fuese hace 30 años. Ahora ya no se invierten miles de euros, las casas son pequeñas y la gente prefiere viajar o salir a cenar. Al llevar las obras a las galerías Durán les doy otra visibilidad y demuestro que el arte es asequible para todo el mundo, se pueden encontrar obra desde cien euros”. Su objetivo es que sean los artistas los que vendan. “Yo tengo fondo propio, pero en principio ese no se va a exponer”.
Las galerías Durán vivieron su época dorada en los años 70. Con una situación inmejorable, fueron utilizadas con una filosofía similar por el Market Vigo, un mercadillo promovido desde la asociación Vigo Centro en octubre y en marzo.
Fernández dice estar muy animado con la idea, aunque reconoce que tiene que hacer alguna consulta más, ya se tiene todo planeado. “Quiero probar a ver cómo funciona, si va bien, después de julio buscaría otro local por el centro, en una zona transitada”. Su actual ubicación, Espacio Beny, en Doutor Cadaval, es propiedad privada y es una sala polivalente, usada para otras finalidades sociales. “Hasta ahora fue viable porque podía gestionarla directamente, pero ahora voy a tener que contratar a alguien para que la atienda. Veré unos meses a ver si es viable”. Considera que el mundo del arte no es rentable. “Es muy complicado, yo sigo porque no dependo de esto para vivir”. Gracias a sus contactos y a sus referencias profesionales puede optar a otras opciones para mostrar la obra de sus artistas en lugares con mayor visibilidad. “Estamos valorando alquilar entre varios amigos un bajo comercial cerca de Porta do Sol, sería para sus encuentros cuando vengan a la ciudad. En mi caso podría hacer también exposiciones”.
Los locales de las principales salas de arte en Vigo son propiedad de los propios galeristas. En su mayoría combinan el espacio expositivo con otra actividad comercial en sectores más rentables como el enmarcado, el librero o el diseño. El pago de los alquileres es un gasto difícil de afrontar.
La subida del alquiler, otra amenaza para los programadores culturales
El alquiler es un gasto fijo que tienen que afrontar los programadores culturales. La subida de las mensualidades, aunque no afecta por igual a todo el sector, es otra de las amenazas que afrontan. Juanjo Figueroa, de Lume de Carozo, hasta hace unos meses regentaba el Sinnatra. Señala que “los alquileres de los locales tienen precios estratosféricos, es un gasto muy difícil de asumir que acaba repercutiendo en los cachés de los músicos o haciendo que vayan por taquilla, pero cada vez se consume menos espectáculos, solo hay llenos si son gratuitos, que está bien que los haya, pero la gente se tiene que acostumbrar a pagar por la cultura”. Para Figueroa, no es solo un peligro para el sector: “Afecta a toda la sociedad porque la música y el arte es una vía de escape, es educación”, afirma.
Aún teniendo un contrato de diez años, ampliable a 20 años, Pedro Fresneda, del Teatro Ensalle, señala que en tres años el alquiler de su local subió de 1.100 euros a 1.500. “Los presupuestos de Cultura se han prorrogado en los dos últimos años y las ayudas que recibimos del Inaem son las mismas que en 2010, pero nos ha subido el alquiler, la luz y el salario mínimo pasó de 722 euros a 1.200, algo que aplaudo, pero ha subido un 50% nuestros gastos porque además somos uno más en plantilla”. Considera que la situación es “cada vez más insostenible y coincide con una hiperfiscalización al aplicar la IA, para preparar todos los documentos que nos piden, nos tenemos que encerrar los cinco trabajadores ocho horas en la oficina durante días”. Afirma que esto repercute en la oferta cultural. “Los programadores trabajamos por el sector y por el público, sin nosotros propuestas como la de Carmen Werner no vendrían a Vigo, pero cada vez hay menos espectadores, a la gente solo le interesan los espectáculos masivos”. El 40% de las funciones de la compañía Ensalle lo hace en México. “En cinco años subimos la entrada normal de 9 a 10 euros y no se puede aumentar más, no lo pagan”.
En el caso de las salas de mayor tamaño como Artika, Máster Club, Mondo o Radar los contratos son de larga duración, por lo que están al margen de la fluctuación del mercado y solo afrontan el incremento anual del IPC.
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