Rafael Alonso, el pintor de una Galicia alegre

Por su centenario, se inaugura en Afundación una exposición con fondos de la colección familiar, donde destacan sus acuarelas

Teresa Pérez, viuda de Rafael Alonso, posa con un cuadro ante la fotografía del artista.
Teresa Pérez, viuda de Rafael Alonso, posa con un cuadro ante la fotografía del artista.

La obra de Rafael Alonso (1924-1995) vuelve a los espacios expositivos. En conmemoración del centenario de su nacimiento, se inaugura hoy, a las 19 horas, una selección de los fondos familiares en la sala I del Centro Social de Afundación. Son 50 pinturas, en su mayoría acuarelas, aunque también hay una representación de sus óleos y de sus primeros dibujos, realizados en París.

“Como acuarelista era de los mejores a nivel español, tres años antes de su muerte fue invitado para participar en la Exposición Universal de Sevilla en una exposición conjunta entre la asociación española de acuarelistas y la británica”. Así, Teresa Pérez, su viuda y comisaria de la muestra, recuerda que el artista concebía este género como una partida de ajedrez.

Cualquier trazo que se haga con la acuarela no se puede cambiar, es una impronta, hay que tener clara la jugada en la mente; Rafael siempre fue un buen ajedrecista, tanto que lo libró de la mili”. Y es que de adolescente solía jugar con un capitán general en Pontevedra que no quiso renunciar a él como contrincante cuando lo llamaron a filas.

La mujer que compartió años de su vida con Rafael Alonso, lo describe como un hombre “intenso, visceral, nada calculador, muy amigo de sus amigos, siempre pintaba feliz y eso lo transmitía a sus cuadros; sus obras son luminosas, nada tenebrosas como los coetáneos, representaba la Galicia bucólica, alegre, como él la veía, bajo un prisma de optimismo; en sus cuadros no se ve un poste con cableado”.

Recreó bodegones, flores, desnudos y sobre todo muchos paisajes, principalmente gallegos, pero también de viajes. La muestra recoge el último de los cuadros que están a la venta de la serie de Marruecos. “Se desplazó allí con Paz Andrade en busca de pesquerías y volvió con toda una exposición, la montó en Pontevedra en 1976 y lo vendió todo, fue un éxito”, recuerda la comisaria.

También hay exteriores de Venecia y de Francia, en donde residió, aprovechando una de las becas de la Deputación. En óleo, que tan solo supone un 10% de su producción, se reservaron una pequeña selección de desnudos, donde se aprecia la evolución desde una representación más realista hasta fórmulas más abstractas. Las pinceladas son rápidas y poco matéricas, como en la acuarela, dejando en ocasiones, el lienzo a la vista, que se convierte así en parte de la composición. En la distribución de la obra contó con la coordinación de Alba Marinha Souto, de Afundación, y el montaje de Fernando Núñez.

“Si se hubiese quedado en París, donde tenía galería y compradores, la proyección habría sido otra, pero Rafael no fue capaz de vivir lejos de Galicia”. Nació en Pontevedra, donde también está enterrado “en el panteón familiar, junto a sus abuelos a los que adoraba”. Sin embargo, su vida estuvo muy vinculada a Vigo, ciudad a la que se “autoexilió” cuando abrieron la celulosa. “No hay casa importante en Vigo que no tenga una acuarela de Rafael en el salón”, asegura Teresa Pérez, quien durante años fue galerista.

Su obra está presente en el museo de Castrelos y en la colección de Afundación, donde atesoran más de 40 pinturas. Asimismo, en el aeropuerto de Peinador lucen dos murales suyos con motivos pesqueros. Fueron un encargo de Alfonso Paz Andrade para la primera World Fishing que acogió la ciudad. Terminado el evento se trasladaron a la terminal, uno en la zona de llegadas y otro en el piso superior.

En el parador de Baiona hay cerca de 200 pinturas, al igual que en el resto de la red de paradores de España, ya que su arquitecto oficial era un gran admirador de Rafael Alonso. En la biblioteca del monasterio de Poio se conserva uno de sus escasos óleos, en el que reproduce el escritorio de “El nombre de la Rosa”.

Alegría es lo que asegura sentir Teresa Pérez al montar de nuevo una exposición del hombre, 30 años mayor, al que conoció con 17 años y con el que tuvo dos hijos. Estará en sala hasta finales de mes.

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