"Quiero tanto a Vigo que le veo sus defectos"

Moncho Borrajo, medio siglo sobre el escenario

Moncho Borrajo, ayer en Vigo en “50 Años”.
Moncho Borrajo, ayer en Vigo en “50 Años”.

Moncho Borrajo, vigués de Ourense, o al revés, desde hace algunos años con domicilio permanente en Tenerife, de 72 años, cumple medio siglo sobre los escenarios y lo hace en forma, ayer llenando el cine Salesianos con su espectáculo “50 Años”, donde exhibe su conocido estilo frenético, metiéndose en todos los charcos. Comienza y no para. Moncho en estado puro, hablando de su profesión, de la corrección política, y desde luego, de Vigo, ciudad que ama y que ve en declive, con la reforma de la Gran Vía, donde tenía su casa, como paradigma. Su conversación no tiene desperdicio y da para varios titulares, todos jugosos.

Medio siglo, una barbaridad para cualquier profesión.

En este país sobre todo, porque aguantar tanto tiempo arriba es muy difícil. Quedamos Raphael, Sabina, Serrat y cuatro o cinco más, somos los dinosaurios.

Así que contento.

Son 50 años muy positivos, porque una de las cosas que me siento orgulloso es que el teatro está lleno, pese a que hay gente trabajando a la vez en García Barbón y Auditorio, eso es el cariño del público, y eso me mantiene en pie. Me gastaron una broma con que iban a dar la Medalla Castelao, lo mejor es que te quiera el público.

Hay Moncho para rato.

Hace poco me preguntaron si iba a morir en las tablas, uff… a mí no me mates en ningún lado. Tengo una idea que es continuar trabajando aunque no tanto como antes, una o dos galas al mes. Tengo un público al que le gusto y hay mucha gente joven que viene a verme y no esperan que un señor de 72 años haga esto.

El humor cambia, y también la censura.

Se han eliminado muchas bromas despectivas de mariquitas, eso es bueno, porque bromas no despectivas las sigo haciendo, pero con lo políticamente correcto hemos perdido mucha libertad. Hemos vuelto a la autocensura, como con Franco, porque por trabajar en televisión no dices lo que debes, y me da pena que las teles se han convertido en monopolio de una ideología, cuando el humor no tiene partido, pero siempre es para reírse de la derecha, si haces una broma del otro lado enseguida eres facha. No acaban de entender que hago humor siempre contra el poder, contra Franco, Felipe o Aznar, esa es la línea. El humor direccional es muy fácil, es como si voy a un congreso del PP y hago chistes del PSOE, eso es de gilipollas, o del PC y hablo mal del rey, es muy fácil.

¿Y qué le parecen los monologuistas?

Los monologuistas tienen su sentido, pero hay dos monólogos, el que se lo escribe y al que se lo escriben, que es pobre, se nota mucho quien no habla con su vocabulario. En Galicia yo conozco gente buena que hace su propio monólogo y se le nota mucho. Tuve mucha ilusión por la mujer monologuista, pero han caído en la trampa de lo que antes criticaban, en el humor feminista radical y pierden mucha gracia. En 50 años se han notado muchos estos cambios. Yo no soy humorista, sino cómico, vengo de cabaret, de la provocación. Ya en 1972 me metía con el público, nos vestíamos, con decorados, me da pobreza el que sale limpio, con un micro en la mano, aburre al final. Yo cambio de chaqueta y colores, porque un color en la retina acaba cansando. Cuando veo Noites de Retranca, me gusta que sean tres. Tengo una anécdota con Gila. Estábamos en el aeropuerto, le admiraba mucho, y nos preguntó una persona cuál era el mejor cómico. Gila dijo que éramos como los atletas, él de 100 metros lisos, y que tenía que hacer como mucho 45 minutos, si no aburría, y Moncho, de maratón, a partir de 45 minutos.

Hace algunos años también le preguntaban su opinión por Chiquito de la Calzada.

Lo importantes del humor es cómo lo cuentas. Me preguntaron por él y dije que el público era inteligente, una persona que es capaz de inventar un vocabulario y que todo el país hable como él se merece un respeto. El humor es muy curioso, tiene su tiempo, no puedes ver todos los días a Chaplin o Eugenio.

Su ciudad es Vigo, ¿cómo la ve desde la distancia?

Se están haciendo cosas que para mí están destruyendo el concepto de la ciudad que tenía, empezando por la Gran Vía y aquella ciudad abierta al mar está cada vez más cerrada, y a Vigo había que unirlo y lo han separado. Vigo cada vez se aleja más de una ciudad para ser un grupo de ciudades sin estar unidas entre sí. Otras ciudades tienen una plaza o ágora, aquí no hay. Hay algo además que Vigo tiene a Citroën con todas las empresas a su lado, pero esta ciudad no puede depender de un monopolio. Con una alcaldía que se queda en las ramas y no va a las raíces… nos quedamos con las lucecitas, pero los problemas existen. No es mejor o peor por las luces, hay unos impuestos muy altos, y la gente no se alimenta de bombillas. Vigo tuvo una arquitectura magnífica que poco a poco se ha ido destruyendo, y me da mucha pena. Como el olvido del Castro, que podía ser un parque espléndido, o el puente que tenía que ser una unión de la Ría y que es como una frontera. Cuando hablo así, lo digo porque estudié arquitectura, pero hablo como ciudadano de a pie. Una ciudad no se une por unas luces, sino por su cultura, Vigo, lo siento, pero aquella época de los pintores, poetas… es verdad que todo tiene que continuar, pero no veo un florecimiento de la pintura ni de la poesía en Vigo. O una persona del teatro como Maximino Keizán. Y hacemos ciudadanos honoríficos a personas que nada tienen que ver con esta ciudad. Quiero tanto a Vigo que le veo sus defectos. Eso sí, fuera no hablo mal de Vigo. Viví al lado de Cluny, y la Gran Vía la han destrozado. Y también digo que Vigo no tiene un centro, una gran plaza reconocible.

Bueno, dentro de poco Porta do Sol será una plaza peatonal y céntrica.

Puerta del Sol es una plaza preciosa, pero no tiene el tamaño para una ciudad como Vigo, como tienen Coruña o Santiago, y la plaza que se hizo ante el ayuntamiento no cumplió porque tendría que haberse combinado con el Castro, conformando como un auditorio, y eso lo digo desde el punto de vista de mis estudios como arquitecto. Vigo tuvo arquitectos magníficos, pero ya vemos que la Alameda está perdida en el vacío. Adoro Vigo, eso sí.

Contenido patrocinado

stats