“Quieren dejar mi casa en ruinas”

El vigués afectado por las obras de demolición de un edificio en la calle República Argentina asegura que el dueño del inmueble contiguo quiere echarlo de allí y pide ayuda para poder conservar su vivienda

Afectado por la demolición de un edificio pide ayuda para conservar su vivienda

El vigués Joaquín Abreu tiene al ‘enemigo’ en casa. Casi literalmente. Desde la mañana del lunes, su vivienda en el número 3 de República Argentina, cerca de Areal, tiene abierto un gran boquete en la zona del sótano como producto de unas obras de demolición en el número 5.

Abreu explica que hace ya más de medio siglo los dos inmuebles, que son contiguos, funcionaban como una sola casa unifamiliar, aunque luego se decidió que pasaran a ser de nuevo dos viviendas diferentes. Sin embargo, fruto de ese nuevo acuerdo el número 3 se quedó con toda la planta sótano, que se extiende hasta que linda con el inmueble del 7: “Mis abuelos ya compraron la casa así a finales de los años 90. Arriba el espacio total son 90 metros cuadrados, pero abajo son 140”, cuenta el vigués afectado.

Así, Joaquín no se explica por qué la empresa que está haciendo la demolición decidió irrumpir con una excavadora en su propiedad, tirando gran parte del techo del sótano. Se trata justo del espacio que está justo debajo del inmueble del número 5, pero el permiso de demolición sólo le daba derecho a derribar la propiedad de este último y, según fuentes municipales, el propietario del 5 solicitó al Juzgado la autorización con la condición expresa de reconstruir todo aquello que afectara al sótano del 3.

Esto último es precisamente lo que preocupa al afectado, ya que asegura que a él no le consta que el dueño del edificio colindante haya entregado a Urbanismo el proyecto modificado conforme se compromete a ello. Está convencido de que se trata de un caso de “acoso urbanístico” y de que el objetivo de este hombre “es dejar mi casa en ruinas para echarme de aquí”. Por eso pide que le muestren esa documentación “o que el Concello me de a mí licencia de obra, que lo reconstruyo yo”.

Lo cierto es que desde el lunes vive con miedo. El gran boquete del sótano deja su casa ‘abierta’ durante las 24 horas del día y le preocupa que alguien pueda entrar por allí: “Por la noche dejé unas tablas y unos balones de fútbol en la escalera para, por lo menos, darme cuenta de si alguien trata de entrar en mi casa desde el sótano”, indica.

Además, el conflicto con el propietario del inmueble en ruinas y la empresa que está realizando la demolición pasó de castaño a oscuro el propio lunes por la tarde: “Estaba en el coche y uno de los trabajadores me dio un puñetazo. Tengo un testigo que vio eso y la pelea de después”, asegura. Tras pasar por el hospital, con una lesión en la rodilla, un ojo morado y un diente partido, denunció los hechos en Comisaría. Ahora, vigila incansablemente los trabajos de los obreros para evitar cualquier daño adicional a su propiedad.

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