El público de Lourido conecta con un Miguel Ríos ‘eterno’

VERANO

El músico granadino reunió a 1.500 personas en la última jornada del festival Vive Nigrán de este domingo

El concierto del artista y su banda, The black Betty trío, duró dos horas y veinte minutos y rozó la una de la madrugada.
El concierto del artista y su banda, The black Betty trío, duró dos horas y veinte minutos y rozó la una de la madrugada.

Miguel Ríos lo logró. Una vez más demostró que como el buen vino mejora con los años, es incombustible. En Playa América brindó un momento inolvidable a su público y acompañado de su banda, la Black Betty Trío, hizo un repaso a lo largo de más de medio siglo de composiciones, pero también toco media docena de temas de su último disco, “Un largo camino” compuesto de versiones y canciones nuevas.

El concierto ofrecido el pasado domingo fue el colofón del festival Vive Nigrán en una jornada llena de humor pero también de una calidad a la altura del rey del rock español, un calificativo ganado a pulso sin necesidad de pactar con el diablo como se rumorea de Rober Johnson, o al menos que se sepa. La jornada fue de soul, de rock, de blues incluso de country o sonidos cabareteros cargados de tintes reivindicativos contra la guerra y el franquismo, a la igualdad o a la eterna juventud, aderezados por un artista granadino que a sus 78 años de edad no ha perdido ni un ápice de su característica voz incluso se atrevió a cantar un tema a capela (Oración) dejando boquiabiertos a los oyentes. A las 22,30 horas y con 1.500 personas dentro del recinto y un número considerable de asistentes concentrados en el exterior del campo de Lourido, el espectáculo comenzó y lo cierto es que Miguel Ríos no tardó demasiado en darse cuenta de este detalle. Hizo un inciso y pidió al operador del cañón que los iluminase para saludarlos. La conexión con el público fue total sin importar el formato ‘sentados’ que recordaba por momentos a los eventos en pandemia y sin el látigo impuesto por las medidas sanitarias consiguiendo lo imposible, un ambiente tranquilo pero movido, cálido, cercano, muy animado y agradable.

El concierto se celebro bajo el formato sentado, aunque se podia estar de pie.
El concierto se celebro bajo el formato sentado, aunque se podia estar de pie.

Arrancó con “Hello Ríos” y sorprendió con un “Bienvenidos” en gallego y desde ese momento se metió a todos en el bolsillo a lo largo de dos horas y veinte de concierto y 26 canciones dejando para el final cuatro auténticos bombazos, “Vuelvo a Granada”, “El Río”, “Santa Lucía” y como no, “El Himno de la Alegría” coreado por un público que dejó de lado sus sillas mientras se movían brazos en alto enganchados de la melodía.

Tras las dos primeras interpretaciones saludó a todos sus seguidores, bromeó con su edad y la de la media del público, alabó a Nigrán, a los percebes, las ‘ostriñas’ de la Piedra, las ‘cigaliñas’ o al Ribeiro y tras reiterar lo importante que es para él contar con sus mecenas frente al escenario prosiguió con “Menphis-Granada”, el primero de su nuevo álbum; “Maruzzella” de Renato Carosone, “La luna de Alabama”, o una emotiva “Moriré antes de las flores”, entre otras, cuya letra fue escrita por la misma autora del libro, Eva Losada Casanova. Los temas y los monólogos fueron sucediéndose pero a la hora y media el artista tuvo que hacer un inciso, que achacó nuevamente y con muchísimo humor a la edad y a su próstata, aunque el motivo real no fue otro que ceder el escenario a sus compañeros de banda Manu Clavijo y Luis Prado para que tocasen sus propias composiciones. La jornada estaba llegando a la recta final. Retomó la actuación con “año 2000” y una pieza escrita a la pandemia “La estirpe de Caín” y con “Rocanrol Bumerang” ya solo quedaban los últimos cuatro clásicos que tocó guitarra en mano hasta que a las 00,50 horas la cita remató dejando atrás un concierto con una personalidad como pocos.

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