Protagonistas en la crónica de Cíes

Desde un emperardor a un isleño contemporáneo, pasando por un abad medieval, un pirata o un naturista están vinculados con la leyenda real o ficticia del archipiélago vigués, tal y como cuenta Juan Miguel González-Alemparte

Publicado: 12 feb 2023 - 02:26 Actualizado: 12 feb 2023 - 11:39
El pirata Drake usó las Cíes como base en el siglo XVI
El pirata Drake usó las Cíes como base en el siglo XVI

Los primeros pobladores de las islas Cíes datan de la Edad de Pedra y según los hallazgos arqueológicos, se especula que pudieron llegar sobre troncos o en canoas muy primitivas. Desde entonces el principal archipiélago de la Ría y del Parque Nacional Illas Atlánticas pasó de ser un retiro para eremitas a un paraíso de piratas o a un inventario de nuevas especies para los naturistas y finalmente, un destino para excursionistas. Así lo recogen Juan Miguel González-Alemparte en su reedición de “Crónicas históricas das illas Cíes”, que acaba de publicar en Morgante Edicións.

La interpretación de los cronistas clásicos involucró a las islas en distintas teorías, que para el autor son mitos. El primero, su identificación con las Casitérides promovida por el Padre Sarmiento y la segunda, la estancia de Julio César en su expedición hasta Brigantium (Coruña). “Es un mito, el autor clásico narra ese suceso, pero no hay ningún hallazgo arqueológico que lo avale”.

En la Edad Media, Cíes estuvo poblada por colonos y frailes. Tal y como recoge en el estudio de González-Alemparte, los análisis a los restos del cementerio, localizaron a varias mujeres y constataron que era personas habituadas al esfuerzo físico. Tuvo varios conventos, aunque no se conserva ninguno. “Es habitual situarlo en el edificio que alberga el centro de interpretación, incluso el lugar se llama así, pero es un error, ya que es una construcción que levantó el ingeniero Felipe Paz en 1803 para proteger la Ría contra Napoleón, era un almacén de artillería; el monasterio está debajo, solo quedan cimientos”. Entre los personajes célebres que pasaron por Cíes en el medievo destaca el abad de Celanova, don Paio, que tuvo que exiliarse huyendo de la infanta Elvira. Según la leyenda, durante su estancia recorrió las cuevas de los acantilados y construyó pasadizos como posible vía de escape, allí debió encontrar el tesoro de los piratas que le propició una etapa de esplendor a su vuelta al convento.

La paz de los frailes se acabó en el siglo XV y fundamentalmente en el XVI con la llegada de los piratas. “La presencia de sarracenos y turcos era tan normal que se llegó a decir que la isla era un señorío del Gran Turco”. Francis Drake también se dejó ver allí, asaltó varias veces las islas como punto de partida para arrasar los municipios de la Ría. “El convento fue destruido en varias ocasiones y las piezas sagradas de valor se guardaban en la Colegiata”.

En 1830 comenzó su explotación económica, instalando las dos primeras fábricas de salazón. La de la isla sur, donde aún aprecian las ruinas, era de Ramón Buch, de una familia catalana llegada a Vigo con la industria de la conserva. Compaginó su faceta empresarial con la revolucionaria, era de los cabecillas progresistas del bando de Espartero. Además, es el padre del pintor Ramón Buch Buet. “Buscaron esa ubicación para evitar el pago del registro de la sal, la traían de contrabando”. Como curiosidad, en 1909, se concede el permiso para instalar el primer parque ostrícola de Galicia en la laguna de Cíes. “Lo que no sabe mucha gente es que el muro que une las dos islas no se construyó para pasar, sino para proteger el lago de las mareas vivas y que el agua llegase de forma controlada”.

El botánico jesuita Baltasar Merino fue profesor en el colegio de Camposancos en A Guardia. En 1879 hace una expedición científica a la isla de Faro e identifica varios ejemplares de plantas y especies raras no identificadas: la Corema album (camariña), Iberis procumbens, la Artemisa crithmifolia (artemisa) o la Mathiola sinuata (alelí).

En el repaso a los protagonistas en la crónica de Cíes, González-Alemparte incluye a los últimos isleños, llegados de Vigo y de O Morrazo en el siglo XIX. Eran pastores y cultivaban la tierra. En 1930 fue el año con el mayor censo en Cíes, 57 habitantes. José Benito Rodríguez (Teis, 1861) llegó en 1904. Lo conocían por O Coxo das Cíes, regentó la taberna ‘La isleña’, donde tuvo lugar el único homicidio (contemporáneo) del archipiélago, tras la pelea de dos marineros. Otro habitante legendario fue Francisco Pena, ‘O Chuco’, también conocido como el hombre del promontorio. Nació en Cíes en 1891 y regentó una tasca. El último habitante de las islas, autóctono de allí fue Antonio Sotelo Herbello, ‘Pichoucho’. Subsistía en una chabola de madera y solo cogía el barco para visitar a su hermana Carmen en Canido. Falleció en los 70.

De Colón a Franco, monumentos votivos en la entrada de la Ría

“Crónicas históricas das illas Cíes” hace repaso a los distintos monumentos votivos que se planearon para las islas. El 1 de julio de 2008 se demolió el monolito dedicado al dictador Franco en 1961 por el 25 aniversario del golpe militar. Fueron necesarias tres explosiones, 25 kilos de dinamita y 150 perforaciones para echarlo abajo, cumpliendo con la Ley de Memoria Histórica. Se había modificado en 1999 con la incorporación de anagramas en los cuatro lados con el anagrama del entonces Parque Natural.

En 1913, Avelino Veloso pidió desde “Correo de Galicia”, en Buenos Aires, que se erigiese en las Cíes un colosal estatua en forma de faro en honor a la galleguidad de Cristóbal Colón, siguiendo la tesis de García de la Riega. Se recaudaron 1.000 pesos de oro, pero no se llegó a realizar.

El monumento a los marinos muertos durante la Gran Guerra, que finalmente levantaría Manuel Gómez Román en Monteferro, primero se pensó para la boca de la Ría. La idea surgió en 1918 a propuesta del cónsul de Gran Bretaña, Mr. Arthur Nightingale. Aunque en un primer momento recibió el beneplácito general, en tres años después se cambia de ubicación para evitar las dificultades técnicas de la construcción.

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