El precio a pagar por el empleo temporal
El verano abre a los jóvenes una puerta al mercado laboral, aunque eso lleve a renunciar a parte de su tiempo libre y de ocio
Unos cuentan los días que quedan para volver a clase, mientras otros, las horas que faltan para terminar el turno. Los empleos temporales convierten las vacaciones de los jóvenes en una oportunidad para ganar dinero y experiencia mientras intentan que, entre jornada y jornada, todavía quede algo de tiempo para disfrutar.
Para muchos el verano comienza antes de las ocho de la mañana. Roberto José Vázquez Alonso, camarero del Bar Magros se prepara para la intensa jornada que tiene por delante. Tiene 27 años y mientras muchos de sus amigos pasan estos meses entre playas y piscinas, él los vive detrás de una barra. "No he tenido ocio de ningún tipo. Tengo amigos del pueblo que aún no he visto", reconoce.
En una ‘oficina’ de trabajo distinta transcurre el verano de monitor de Yago Mínguez Estévez. Tiene 21 años y por tercer año consecutivo cambia durante unas semanas las asignaturas de Ingeniería de la Empresa por el mar y los kayaks en las Islas Cíes. Para él, trabajar no significa quedarse sin verano. “Me encanta hacerlo, entonces casi no tengo que sacrificar nada”.
Dos jóvenes, dos trabajos y dos formas casi opuestas de entender el empleo estival. Sus experiencias responden a un mercado laboral que vuelve a acelerarse con la llegada del verano.
España sumó 486.000 ocupados durante el segundo trimestre de 2026, un 2,18% más que en los tres primeros meses del año, según la Encuesta de Población Activa (EPA).
“Es un trabajo bastante duro. Estás todo el rato moviéndote, atendiendo a gente y tienes que tener mucho trato con el cliente”, explica Roberto. En un local pequeño, unos minutos bastan para pasar de la calma a tener todas las mesas ocupadas. Cuando llegan varios pedidos a la vez, tiene claro lo que ha de hacer, “no hay que agobiarse, si no estás tranquilo, empiezas a liarte”.
La parte menos visible del oficio, asegura, está detrás de la sonrisa del camarero. “Aunque yo te atienda con una sonrisa, quizá esté teniendo un mal día. La gente debería valorar eso un poco más”. Aun así, el contacto con los clientes es precisamente una de las partes que más disfruta y trabajar de cara al público le ha ayudado a recobrar su confianza y soltura.
El sueldo también le ha dado mayor autonomía y a pesar de que su trabajo condiciona en gran medida su tiempo libre, no se arrepiente. “Lo más importante ahora es arriesgarme, sacrificarme y en unos años estar bien posicionado”.
Servivios de empleo señalan que bares, restaurantes, hoteles y establecimientos turísticos incrementan sus necesidades de personal en verano, con oportunidades para camareros, personal de cocina, dependientes o repartidores. La compañía destaca además factores como los horarios, los descansos, el salario y la flexibilidad para atraer trabajadores durante estos meses.
Ese último elemento resulta clave para Yago. Su experiencia en vela y su nivel de inglés le permitieron empezar en un empleo al que lleva regresando por motivos que van más allá de su sueldo. “Repetí por el ambiente, por conocer a gente de todo el mundo, ganar experiencia y pasármelo bien”, cuenta.
Durante sus jornadas prepara el material, recibe a los clientes y explica las técnicas de seguridad antes de comenzar las rutas. La actividad puede parecer puramente recreativa, pero exige preparación y responsabilidad. “En el mar solemos decir que los títulos no sirven de nada si no tienes experiencia”.
Más allá del esfuerzo, ¿qué es lo que se llevan del trabajo?
Entre Roberto y Yago hay apenas seis años de diferencia, a pesar de que cada uno fija una mirada propia respecto a su trabajo, ambos coinciden en que el dinero no es lo único con lo que se quedan respecto sus meses de empleo. Roberto cree que las jornadas detrás de la barra le han enseñado a trabajar duro y a sacrificarse. Dentro de poco cambiará los turnos por los apuntes para preparar sus oposiciones a Profesor, y espera que la disciplina adquirida le sirva cuando tenga que pasar horas estudiando. Yago se queda con las personas que ha conocido en los campamentos, quienes le han ayudado a fortalecer sus habilidades de trabajo en equipo y a los tres veranos desenvolviéndose en inglés con clientes de muchos lugares del mundo.
En Galicia, la campaña de verano se traduce en un notable impulso de la contratación laboral, con un aumento del 11,7 % respecto al resto del año y más de 50.300 contratos estivales. Una parte importante de estos empleos de refuerzo recae en jóvenes estudiantes que aprovechan los meses de verano para incorporarse al mercado laboral y obtener unos ingresos extra. Consolidándoles como una pieza fundamental del mercado laboral durante la camapaña de verano.
Así que cuando llegue septiembre, buena parte de los empleos temporales habrán llegado a su fin. Porque para muchos jóvenes el verano también es tiempo de descansar, aunque también existe cabida para poder trabajar.
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