Posada Curros, un personaje para no olvidar nunca
Episodios vigueses
"Al volver a ver las fotos de viejos actos y episodios compartidos, sus libros y recuerdos, me acomete un poco de pena"
Repasando en este tiempo a esos personajes singulares que hemos conocido y que marcaron la historia social, cultural y periodística de Vigo, evoco hoy de nuevo al doctor Jose Posada Curros, abogado, profesor, presidente que fue de la Asociación de la Prensa y autor diverso. Pero, sobre todo, su vida está llena de anécdotas curiosas divertidas y de enorme perfil humano. El escribía los discursos al alcalde Portanet, y luego, como si hubieran sido cosa propia, éste le preguntaba al verdadero autor qué le había parecido el contenido. Estos días he vuelto a reencontrármelo al rebuscar en mis propios archivos. Toda la vida de nuestro personaje está jalonada de episodios relevantes. El 26 de enero de 1924, Posada Curros, con el seudónimo de Artemio, entrevistó a Valle Inclán para el diario vigués “El Pueblo Gallego”. Más tarde presumía de haber hecho otra entrevista a Ramón María, que habría sido la última poco antes de morir.
Al volver a ver las fotos de viejos actos y episodios compartidos, sus libros y recuerdos, me acomete un poco de pena, porque habiendo sido un relevante miembro de la sociedad viguesa, sus restos descanse en la fosa común del cementerio de Pereiró. El periodista José Francisco Armesto Faginas, ex director de “Faro de Vigo” y director de la Escuela de Artes y Oficios, como albacea, al menos intelectual, de nuestro personaje cuando este falleció, tuvo que hallar lugar de reposo digno para los huesos de tan ilustre prócer, que habían sido levantados del nicho provisional, donde habían sido acogidos por una familia amiga. Su destino no pudo ser más ingrato: el osario común, en abigarrada amalgama con cientos de ciudadanos desconocidos. Falleció el 30 de enero de 1996 a la avanzada edad de 95 años. Fue inhumado en la propiedad de la familia de Antonio Fernández Pérez, por carecer de panteón propio. Pasados cinco años, los restos fueron retirados. El 12 de marzo de 2003, un nieto de nuestro personaje, José Manuel Posada Curros Buendía, autorizaba el traslado de los huesos de su abuelo al osario común, hecho que se verificó el 23 de mismo mes. Allí están.
Ya hemos contado que hay pocos galardones civiles que no recibiera en vida. La Xunta de Galicia le otorgó la Medalla Castelao en 1995. Era también doctor en Filosofía y Letras y maestro por la Escuela Normal de Santiago. Estuvo vinculado a las redacciones de “El Pueblo Gallego” y “Faro de Vigo”, y fue archivero del Ayuntamiento de Vigo, en donde recopiló las Ordenanzas de la Villa desde 1560. Fue miembro del Tribunal Tutelar de Menores. Director y fundador del Boletín Municipal de Vigo, ejercicio como secretario de varios alcaldes, entre ellos el socialista Martínez Garrido. También desempeñó el puesto de comisario director de la Escuela de Artes de Vigo. Secretario perpetuo del "Curatorium" de la Universidad de verano de Vigo y jefe de la oficina técnica coordinadora de actividades culturales del Ayuntamiento de Vigo. Fue catedrático de bachillerato de literatura de los institutos Santa Irene y de Lugo, donde tuvo como alumno al presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga.
Asimismo, impartió clases de Formación Profesional en Monforte de Lemos y en la Escuela de Maestría de Vigo. Fundó y dirigió las revistas “Maruxa”, “La Raza” y “Vida Céltiga”. Escribió varias obras de teatro. También había colaborado en la revista "Arbor" del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Era presidente de la Asociación de Escritores de Turismo. Entre sus publicaciones destacan su tesis doctoral “Alejandro Herculano en España y su influencia en la literatura nacional y gallega” y “Recuerdos y vivencias con recreación compostelana”. En el mundo de la empresa, fue gerente de "El Pueblo Gallego" y director-gerente de Edigasa. Era licenciado en Derecho y abogado en ejercicio por los ilustres colegios de A Coruña y Vigo. Fue famoso un pleito que gano en defensa de la dignidad de la toga. Estaba en posesión de numerosas condecoraciones, desde la Medalla al Mérito en el Trabajo, laureada con hojas de roble, a la encomienda del Mérito Civil o la Cruz de San Raimundo de Peñafort. Era miembro de la Academia de Jurisprudencia y de la de Bellas Artes Nuestra Señora del Rosario, de La Coruña. El último de los honores recibidos fue precisamente el de “vigués distinguido". Como en la fachada de su domicilio había colocado un cartel enorme como “Doctor Posada Currros”, se contaba que más de una vez un paisano despistado se presentara en su casa para requerirlo como galego, lo que diera lugar a pintorescas situaciones divertidas.
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